Publicado por Rosa Jiménez Cano el 31 de Mayo de 2009
Este trabajo es un tobogán. Cuando subas no te alegres demasiado porque bajarás y cuando eso suceda no te deprimas porque volverás a subir. Lo más importante es que cuando asciendas la escalera saludes a todo el mundo, pues te los encontrarás al descender.
Este blog no lleva mucho en el aire (¿o mejor decir cable?). Quizá aún no se merezca entrar en esta categoría, pero al llevar el sello del The New York Time, creo que tiene bula . Lens (lentes) quiere ser el escaparate visual del periódico estadounidense, a tenor del subtítulo: “Fotografía, vídeo y periodismo visual”.
Cada vez más “Internet is for photography” (parafraseando la expresión manida y caduca de “Internet is for porn” ). Los medios apuestan cada día más por el elemento fotográfico, visual, porque es el añadido que tiene. Allí está el ejemplo de MediaStorm (patrocinado por Washington Post) o el Big Picture, del herido de muerte Boston Globe. La apuesta por el Full Screen (a toda pantalla) es prueba de ello. Queda ya muy atrás esa pesadilla de las fotos pixeladas y muy pequeñas, porque los internautas cada vez disfrutan más de unas conexiones razonables.
Lens opta por una navegación en vertical por los post , como si de una revista se tratara, contraria a los cánones de los blogs que establece una navegación en horizontal, de arriba para abajo. Esto hace confusa la navegación en un principio, porque cuesta llegar a la fotogalería, texto, o vídeo que configura cada uno de los post. Nos olvidamos de este detalle cuando le damos al “A toda pantalla”, sobre todo cuando tienes una pantalla de 20 pulgadas
Los periodistas nos repetimos más que el ajo. Casi siempre recurrimos a las mismas expresiones, a las mismas construcciones. Parece que no nos quedamos tranquilos sin en una información no metemos determinadas coletillas.
Estas son algunas de las que he ido apuntando apuntando en el último año en la parte final de una agenda.
RAMÓN LOBO es redactor de Internacional de Diario El País y autor de En la boca del lobo.
La máquina que grabó a Fidel
No importan cuales sean los avances tecnológicos, este Sanyo estéreo comprado en 1980 y que me ha acompañado en numerosas ‘batallas’, me funciona muy bien. Los sistemas de seguridad e inhibidores de frecuencias pueden con los Creative e iPhone, pero no con mi grabadora todo terreno con la que grabé, entre otros, a Fidel Castro en su brevísima visita a España.
PD: Ramón, como periodista no tienes precio, pero como fotógrafo…
Selección personal de artículos, anotaciones y comentarios sobre el mundo de la prensa y la comunicación encontrados en la red que aunque no sean necesariamente actuales, sí son de actualidad.
Los medios de comunicación tienen ante si un reto vital para su propia supervivencia: “monetizar” su presencia en internet y hacer que sea un negocio que dé dinero (o que por lo menos no lo pierda).
Aparte de ideas revolucionarias y novedosas (y no, cobrar a los usuarios por contenidos no es nuevo ni revolucionario), la publicidad -la de toda la vida adaptada a la red- sigue siendo la alternativa más razonable para que a final de mes los números no sean rojos.
Pues bien, los anunciantes, que pueden ser de todo menos tontos, saben que por lo general cuantas más visitas tenga la web de un medio, más posibilidades tendrán de llegar a un público más amplio y así rentabilizar mejor su inversión.
Los medios analógicos utilizan sistemas para acreditar el número de oyentes, lectores o televidentes que tiene cada una. Eso hace que quien quiera promocionar su marca tenga claro donde pone sus cuartos.
Pues bien, en el mundo digital, que permite obtener datos “casi” fiables y mensurables y no depender de los ignotos audímetros, todo es confusión. Cada uno utiliza el sistema y lee los datos según les vaya.
A lo mejor es que hay que no hay que dispararse en el pie y dejar de echar la culpa al empredrado y a la recurrente crisis del descenso de la inversión publicitaria y ofrecer más seriedad y garantías a los señores que se gastan la pasta confiando en nuestros medios.
Un suponer: acabáis de llegar a casa “deslomaos” después de un largo día de trabajo. Os quitáis la ropa, os ponéis cómodos, preparáis la insfraestructura propia de cada uno (acostar a los niños o hacer la cena o recoger la casa…) y una vez relajados, os tumbáis con un cafetito en el sofá a ver un rato la caja tonta para descansar.
Según enciendes la tele, aparece tu compañero de trabajo y un jefe fiscalizando las veces que vas a la máquina de café o las horas que pasas conectado a la red a lo largo del día. También, se dan detalles de tu nómina o de las amistades más o menos cercanas que mantienes en el trabajo. Al final, entre ellos y unos cuantos más, deciden que eres la persona idónea para irse a la puta calle (en lugar de ellos, lógicamente).
Aunque parezca ciencia-ficción, no lo es. Se trata de un nuevo programa de televisión que atiende al bonito nombre de “Someone’s gotta go“ (Alguien tiene que irse) y que se estrenará en Estados Unidos en breve con lo que cruzará el charco rápidamente.
El argumento es sencillo: trabajadores de una misma empresa encerrados en una sala decidiendo quien de ellos es el que firma el finiquito. Y todo ello delante de unas cámaras de televisión. Así ya no solo lo sufrirá el recién parado, si no que podrá compartirlo en directo con todos sus familiares y amigos.
En el periodismo, como en otras muchas disciplinas, las rutinas actuales fueron de lo más innovador en el pasado. Es el caso de la llamada estructura de pirámide invertida de un artículo periodístico, que sitúa lo más importante de la información al principio, y que nació a raiz de un nuevo medio surgido nacido en el siglo XIX: el telégrafo, el internet de esa época.
Con la aparición de este medio de transmisión, los reporteros tenían que enviar sus informaciones de una forma breve y por ello condensaban lo más importante al principio. Además, el redactor escribía su texto sin saber donde se iba a cortar la información para entrar en el espacio asignado.
Superados esos tiempos, la internet de nuestros días ha tomado el relevo y ahora la red está plagada de textos sobre como escribir para que Google te indexe mejor y así tus contenidos ocupen mejores posiciones en el todopoderoso buscador. No obstante, un elevadísimo tanto por ciento de las visitas de un blog (más del 50% normalmente) aterrizan en nuestro contenido por esa vía.
Los medios online, tradicionales o no, no son inmunes a esta tendencia y siguiendo los consejos de los gurús del SEO, han decidido que los titulares imaginativos o interpretativos deben pasar a mejor vida y sacrificar el estilo y la creatividad en aras de una “máximización de la visibilidad del lenguaje”.
Supongo que con el paso del tiempo, al igual que ocurrió con el telégrafo, escribir pensando en las máquinas, y no en la gente que las maneja, será de lo más normal y aceptado.