Archivos de la categoría ‘¿Qué fue de...?’

Publicado por Chiqui el 30 de Julio de 2007

Dos rombosNo hace mucho tiempo, cuando en la televisión emitían una película o serie no apta para menores, aparecian dos bonitos rombos en la parte superior izquierda de la pantalla. Para aquellos, no como yo, que no habían nacido bajo esa dictadura, decirles que se trataba de clasificar los contenidos televisivos por edades. Así, que un programa tuviera un solo rombo era algo así como para menores, pero acompañados… Dos rombos significaba irte a tu cuarto antes de tiempo, quisieras o no.

Y no había que hacer muchos esfuerzos para ganarse esta consideración. Un escote, unas piernas femeninas -enseñar más era imposible-, la más mínima violencia o cualquier pequeño desliz en el lenguaje, las convertía en malditas para los más pequeños. Un ejemplo de lo estricta que era esa la clasificación es que la inocente serie “Los ángeles de Charlie” (la original) pertenecía a esa categoría.

Cuando aparecían esos dichosos polígonos era el momento en el que desde el otro lado del sofá se oía la voz de uno de tus padres: ¡A la cama! Normalmente, entre que te quejabas y remoloneabas haciendo como que te levantabas pero no, se podía aguantar otros cinco o diez minutitos más. Al segundo grito, no había más remedio que enfilar para la cama.

El único día que podías estar hasta las “tantas” viendo la tele era los viernes, que ponían el Un, dos, tres… aunque alguna que otra película he visto furtivamente apoyado en el quicio de la puerta del salón. Por cierto, ¿alguien se acuerda de una serie inglesa de miedo que se llamaba “Tensión”? Impresionante. Con ella sufría doblemente: por la serie en sí y porque no me pillaran. 

Ahora, los rombos se han convertido en un código de colores. Aunque si por los contenidos fuera, casi hasta las noticias deportivas del telediario deberían llevar un bonito “peloto” rojo.

Publicado por Chiqui el 18 de Junio de 2007

Cartas¿Cuánto tiempo hace que no recibes una carta en el buzón de tu casa?

Sí, claro, pero ésas no valen. Las compañías de seguros, los bancos, promociones varias y “menús” del chino del barrio no te envían una carta a ti. Se la envían a un cliente y eso no cuenta.

Me refiero a esa postal que te manda un amigo desde el extranjero o a la carta de algún familiar que tienes a cientos de kilómetros. Ésas que están escritas a mano, tienen un sello de verdad pegado arriba a la derecha y te hacen ilusión abrir.

Ahora ya todo es electrónico. El e-mail está arrinconando al que no tiene “e” al principio, y Flickr y YouTube a las tradicionales postales que llegaban a la semana de regresar de vacaciones.

Claro está, éso tiene una explicación. Nosotros hemos sido los primeros en cambiar el bolígrafo y el papel por el teclado y el monitor, porque… ¿hace cuánto tiempo que no escribes tú una carta de las de antes?

Además, con tanto corrector ortográfico, SMS y más gaitas que supuestamente te hacen la vida más facil, más de uno lo pasaría mal teniendo que escribir dos párrafos seguidos de su puño y letra.

La única época del año donde el correo electrónico tiene un poco de competencia es en Navidad. La cercanía y calidez que proporciona mandar o recibir un christma no lo tiene la tinta electrónica.

Y entonces… ¿qué pasa con Correos? Pues mal que bien se han ido adaptando a los nuevos tiempos. Ahora, además de seguir atendiendo el cada vez más escaso negocio tradicional, se encarga de todo aquello a lo que no puede llegar lo digital o no está todavía no muy extendido: el burofax, todo tipo de paquetería, giros…

Pues eso, más BIC y menos “Bloq Mayús” que todo es compatible en esta vida.

Publicado por Chiqui el 4 de Junio de 2007

Paul, Kevin y Winnie“Hubo un tiempo en el que…” Con estas palabras solía comenzar en cada capítulo un Kevin Arnold ya adulto, las narraciones de sus recuerdos de adolescencia en “Aquellos maravillosos años”.

Una juventud que bien podría haber sido la de cualquiera de nosotros, y en la que sólo habría que cambiar los Chevrolets y las casas con jardín por los 600 y los pisos con terraza, los bates de béisbol por las botas de fútbol y el emparedado de manteca de cacahuete por el bocadillo de Nocilla.

Porque las bicicletas, los padres y los sentimientos son los mismos en América o en Europa. Y además, todos hemos tenido una Winnie Cooper de la que nos hemos enamorado perdidamente o un Paul Pfeiffer con el que nos hemos peleado, jugado o competido…

En estos tiempos en que reponen hasta la carta de ajuste, bien harían en volver a programar esta serie, que aunque ya tiene unos cuantos años (el año que viene cumple 20), sigue siendo igual de actual y cercana que como cuando la estrenaron. Y no cuela a las siete de la mañana escondida entre teletiendas y créditos fáciles.

Y no, tampoco me vale una adaptación cañí como “Cuéntame” (que por ota parte no está mal) para sustituirla. Quiero la original. Además, me perdí los dos últimos capítulos y desde entonces vivo sin vivir en mí por saber cómo terminó todo…

ACTUALIZACIÓN 11/07/07: En una autopromoción de TVE salen imágenes de esta serie junto con algunas otras que van a reponer este verano. No dicen ni fecha ni hora. En ¡Vaya Tele! dan algún dato más. Estaremos atentos a ver si es verdad…

Publicado por Chiqui el 25 de Abril de 2007

Notas COSPASí, sí, el colegio. Y me refiero a ese sitio que entrabas cuando casi no tenías dientes y salías afeitándote la barba. El de la EGB, el BUP y el COU (todavía no existían la ESO o la LOGSE…), los pantalones cortos, los motes, las cinco evaluaciones con exámenes de recuperación o las notas informatizadas por COSPA que tenías que devolver firmadas. Ése en el que en cada clase había una pizarra verde enorme con borradores con asa de madera y tizas empaquetadas en un fino papel blanco con letras azules.

También el de las bandejas metálicas del comedor en donde te ponían los macarrones con tomate y el filete empanado con patatas, el de las ciencias naturales y los trabajos manuales, el de los partidos con portero-delantero, de los cromos, las canicas y las chapas en el recreo…

Sin olvidar al profesor que te tenía manía, al “enrollado”, al tutor que llamaba a tus padres, al compañero que se apellidaba igual que tú y estaba contigo año tras año.

Ese sitio al que tenías que llevar uniforme y la cartera de cuero a los hombros (que pesaba un quintal) con el estuche y los libros forrados de “aironfix” dentro, sin olvidar ponerte (los que los tenían) los relojes Casio con calculadora para los exámenes.

Además, allí recibías a la salida el beso y la merienda de tu madre delante de todos tus amigos o te montabas en la ruta camino a casa.

Por lo menos yo, ya no sé qué fue de él…

Publicado por Chiqui el 2 de Abril de 2007

Pase de pernoctaParece que fue hace muchísimo tiempo, pero sólo han pasado seis años desde que el servicio militar obligatorio (la famosa mili) desapareció de nuestras vidas.

A la mayoría de los que nos tocó y tuvimos la “fortuna” de poder servir a la patria durante un año entero, sólo nos queda la sensación de pérdida de tiempo y algunas anécdotas, siempre las mismas, para contar en bares y reuniones familiares. Eso sí, algunos hicieron amigos para toda la vida, que por algo dicen que las desgracias unen.

Eran los tiempos de las imaginarias, los pases pernocta, los arrestos, el bromuro, las palizas en autobús a casa y el olor a humanidad constante. También había tiempo para ir a la cantina, llamar a casa desde la cabina o limpiar y volver a limpiar el CETME.

Ahora muchos de los antiguos cuarteles se han reconvertido en bibliotecas, centros culturales o apartamentos. Y los soldados que se forman en los que quedan son por decisión propia y de caracter profesional.

Aunque en algunas casas siempre quedará el retrato del “niño” vestido de militar al lado de la tele, los muñecas “sorchi” encima de la cama y la foto con los compañeros subidos a un tanque en el álbum familiar.

Por cierto, a mí me licenciaron a los seis meses… pero eso ya es otra historia.

Publicado por Chiqui el 22 de Marzo de 2007

TeletextoAparte de para consultar la programación de televisión, el sorteo de la ONCE o algún resultado deportivo cuando no se tiene a mano un periódico, ¿alguien utiliza o ha utilizado el teletexto para algo más?

Siendo una tecnología desarrollada hace mucho tiempo (nació en 1972 y se popularizó a principio de los noventa) nadie ha apostado nunca por ella, con lo que la pasado a convertirse en un soporte barato para videntes, curanderos y dedicatorias varias. Los interesados pueden consultar las tarifas aquí. Viene a ser algo así como el low cost regional de internet. De hecho, se puede consultar el teletexto por internet.

La llegada de la TDT, televisiones digitales de pago y por cable que ya llevan incorporados sistemas más avanzados de información, lo entierran definitivamente.

Eso sí, espero que, aunque nadie ya lo consulte, no se lo carguen y pueda seguir cumpliendo con la importante función social de subtitular la programación para sordos.

Seguro que logran encontrar otra utilidad a los botones de colores de los mandos a distancia.

Publicado por Chiqui el 27 de Febrero de 2007

CaseteMucho se ha hablado de la muerte del tan querido vinilo a manos del cedé. Estos trozos redondos de plástico estaban muy bien para oírlos en tu habitación o en el salón de casa. Pero a la hora de escuchar música fuera de casa siempre se recurría a las casetes, las cintas de toda la vida, que también se las ha engullido los nuevos formatos digitales.

Aunque todavía sobreviven expositores donde se pueden encontrar los grandes éxitos de María Jiménez, las 20 canciones inolvidables de Cecilia o cualquiera otra cosa peor, lo cierto es que ya casi ni podemos encontrar sitios donde las vendan ni reproductores donde escucharlas.

Los nuevos coches vienen equipados con lectores de cedé y mp3 y ni siquiera se pueden encontrar en los modelos más modestos o vehículos industriales. Los walkman han sido sustituidos por el iPod o similares y las minicadenas caseras han cambiado las pletinas por conexiones USB.

Ya no podremos escuchar más esa cinta que todos teníamos y a la que llamábamos “Lentas”,  ni tampoco calcular cuantas canciones caben en cada cara, o ponerle un celo a la lengüeta superior para poder volver a grabarlas, ni rebobinarlas a mano…

En fin, tiempos aquellos en los que para grabar había que dar a dos botones…

Publicado por Chiqui el 22 de Febrero de 2007

TipómetroLas nuevas generaciones que se incorporan a las secciones de diseño de periódicos y revistas se piensan que encima de las mesas siempre han estado los ordenadores. No conciben que se pueda ajustar un texto o hacer la silueta de una fotografía sin la ayuda de QuarkXPress, Adobe InDesign o cualquier otro engendro informático con teclas.

Pues sí, hasta mediados de los 80, en el que empezaron a llegar los primeros ordenadores e impresoras, las máquinas de escribir eran las reinas de las redacciones y encima de la mesa de los confeccionadores no podían faltar los instrumentos tradicionales para dar forma diariamente a una hoja en blanco.

La llegada de las nuevas tecnologías ha producido efectos devastadores. Ahora, el arte final no existe, la tradicional “caja baja” ha sido sustituido por las minúsculas y a la bandera de salida se la denomina alineación a la izquierda. Tampoco la figura del corrector (persona humana con piernas) ha salido bien parada. Pequeños engendros con cerebro de silicio y menos canas les sustituyen.

Las reglas tradicionales se ven muy poco y los cuentahilos han desaparecido totalmente. Otro de los grandes damnificados ha sido el tipómetro, que de ser el rey del cotarro, ha pasado a lo más oscuro del cajón y ya sólo se usa para medir el ancho de la portada del cedé que te vas a imprimir para llevarte a casa.

Paseando por la web de mi amigo Gustavo, he encontrado un par de joyas para nostálgicos. Un tipómetro y un lineómetro de los de antes. Basta con imprimirlos en papel adecuado (acetato transparente) para poder utilizarlos.

Toda una tentación en estos tiempos de pixels, escalas horizontales y postscript…

Publicado por Chiqui el 6 de Octubre de 2006

pinball… O máquina de bolas, o simplemente, máquina, como las llamaba yo “cariñosamente”. Estos mamotretos de cuatro patas y colores chillones poblaban todos y cada uno de los bares de todas y cada una de las ciudades de España.

Por cinco pesetas jugabas una partida, y si metías una moneda de cinco duros, te daban seis partidas de cinco bolas cada una. Eso sin contar con las bolas extras, los especiales y las partidas que te pudieras hacer por puntos. A la que tenías un poco de destreza, te pasabas toda la tarde y sólo te habías gastado 10 ó 15 pesetas.

Siempre era lo mismo… los marcadores mecánicos, el sonido de las al chocar la bola con el cristal y los flippers, el cabreo de tu amigo cuando estabas cinco minutos con una bola y él tenía que estar esperando, las faltas (tilt) cuando te pasabas dándole meneos…

Los tiempos fueron cambiando, y el precio y las prestaciones fueron menguando, llegando a costar en la actualidad 1 euro (166 pesetas, no lo olvidemos) una partida de tres míseras bolas.

Hoy en día, estos armatostes de de hierro y madera que tantas horas de nuestra infancia y juventud llenaron, están arrinconadas en salas de juegos no aptas para menores, esperando su defunción definitiva. Descansen en paz…

Wikipedia | Pinball
Empresa de pinball | Arjonais pinball

Publicado por Chiqui el 6 de Agosto de 2006

CabinaAunque todavía sigue entre nosotros en diferentes colores y modelos, han dejado de ser ese elemento indispensable que habitaba en todas las poblaciones, por pequeñas que fueran.

El teléfono móvil las ha convertido casi en meros elementos decoraticos en el paisaje de cualquier ciudad. Aunque pases al lado de una y necesites hacer una llamada, normalmente no reparas que está ahí, y la mano instintivamente se va al móvil.

Aunque no lo parezca, en España todavía hay instalados 56.000 teléfonos públicos desde donde se pueden mandar faxes, enviar SMS, correos electrónicos y por supuesto, hablar. Además, ya no hay que meter el precio justo si no se quiere que la comunicación cueste un congo. Ahora se puede pagar con VISA o con tarjetas prepago. Vamos, un mundo de facilidades para un servicio en desuso.

Si por Telefónica fuera, ya las habría jubilado definitivamente, pero menos mal, la ley lo impide y es que siempre habrá alguien que en un momento dado las necesite… aunque sólo sea para resguardarse de la lluvia.

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