Mi madre siempre ha odiado vestir de negro, el membrillo y el pan integral porque le recuerdan a la guerra, a los lutos eternos y a las señoras de pueblo de media tupía al estilo groña-que-groña. Servidora que tiene más tontería que un mueble bar, ve el negro desde la perspectiva parisina modelo lelo-chic… La verdad, amigas, es que me visto mucho de negro porque a) combina con todo b) adelgaza una barbaridad.
Ayer en ARCO, donde el jefe me mandó con una tarjeta VIP revenida (le habían mutilao un pico a cambio del catálogo), una señora de cardao semanal comentaba a su amiga, viuda como ella, mientras me señalaba: ¡es que esta gente del arte viste toda de negro!. Casi me da un tronche y las invito a una cervecita por la chispilla.
Pero no hizo falta porque ya te invita a vino la Generalitat Valenciana, o a helados Häagen Dazs, o a tumbarte en el suelo a ver la capilla sixtina a “rotu” el Gobierno de Cantabria o a bolsas con pastillas para la tos los de Ibercaja . ¡Este ya no es mi ARCO, que me lo han cambiao!. Mucha bolsera, mucha choni, mucho juventío de extrarradio de casting de “Fama a pintar” y mucho lienzo, que no están los tiempos para video arte y chorradas similares.
En mi vida filogay, siempre fui muy de ARCO pero al estilo snob antiguo que siempre se requirió para ir a esta feria. Nunca pagué, siempre fui a la inauguración por la patilla y siempre me pasé una risión a escondites a costa de alguna mierda embotellada conceptual. Aún recuerdo un mono de trabajo hecho con compresas (con alas por supuesto) que hubiera quedado ideal al lado de mi samurai de plástico.
Digresión 1: es muy recomendable ir a estos sitios con una amiga restauradora. Es una risa escuchar las dificultades de mantener sin que se caiga a pedazos, se oxide o se biodegrade una de estas castañas artísticas. Cuando uno se gasta un millón de euros en una obra de arte pop consistente en la papelera del cuarto de baño del artista (no me lo invento que lo ví con estos ojitos resalaos en una retrospectiva del arte pop en el Reina Sofía) es más que legítimo preguntarse si le va a durar lo mismo que un Velázquez o si a los 20 años lo va a tener que llevar al punto limpio como residuo tóxico. Fin de la disgresión 1.
Ahora ARCO, aparte de no ser esa feria arriesgada que valía el viaje y la entrada, es otro centro comercial cultural en el que va a pacer todo el mundo, con el móvil-con-cámara en ristre o con el trípode directamente.
Digresión 2: Lo de las fotos me pareció sorprendente y sintomático: cuando el arte se convierte en algo fotografiable, es que ya no es arte si no mera decoración que me imprimo en casa y me enmarco en el IKEA. Fin de la disgresión 2.
Entre otras chorradas dignas de elogio, vi una performance a base de luz ultravioleta y gente rompiendo sábanas y forrando sillones con ellas que colocaban mis coreografías del colegio a la altura de la Shakespeare Company.
En la sala VIP en la que intenté sentarme a comer, sólo vi a los snobs de mis tiempos mozos, bebiendo champagne y comiendo merluza de catering. Me encontré a un conocido muy pijo que intentó por todos los medios que no me adosara, ponderando los perritos calientes de las chonis porque la merluza no valía la pena los 40 euros que costaba. Me debió de ver, deduzco, indigna de comerme la susodicha merluza o muy mermada de dineros para hacer frente a semejante desembolso.
Esto de que el arte contemporaneo es una filfa lo ha entendido divinamente, aparte de Damien Hirsch (a quien un artista le suicida dentro de una de sus cajas para animales formolizados), una carota sin complejos que ha decidido imprimir en lienzos blancos -de tres o cuatro tamaños- y repasar a lápiz para que parezca obra original, todas sus facturas desde el año 2007. ¿El precio de cada obra? el del ticket fotocopiao en el lienzo, con lo que la “artista” consigue que los gilipollas de centro comercial le subvencionen sus gastos de los dos ultimos años. La obra va acompañada de su firma en forma de pegatina en la parte posterior, de un certificado en folio de fotocopiadora de ella misma mismamente certificando su inteligencia y nuestra estupidez y una bolsa muy mona con un “yo compro” gigante.
Pues se las quitaban de las manos a la ¿galerista?, una especie de tendera de tienda pija molesta porque le tocaran el género y le alteraran la performance. A mi lado dos estudiantes de bellas artes con mucha sorna decían: ¡en que oulet compra esta tía que todo cuesta más de 100 euros! Esto lo hago yo en mi casa con una fotocopia ampliada, un transfer y un lapiz.
A la maña la llaman arte.
PD. Si os queréis ahorrar los 32 euros, otras opciones son posibles.





14 de Febrero de 2009 a las 17:58
Ayyyy…la disgresión 2…
15 de Febrero de 2009 a las 0:16
A mi me saldrá mucho mas barato.pilla tren, pilla taxi, pilla arco! to eso aun teniendo invitación revenia anquefuese!.
Asi que me quedaré aqui por ahora, y disfrutaré con la retransmisión blogera.
Pd: El negro te sienta muy bien, pero con el rojo, con el rojo estás lo mássss!
Besotes!.
15 de Febrero de 2009 a las 0:48
mmm, estaba pensando en pasarme mañana. Con acreditación, claro, que no es como ser VIP, pero no pagas…
15 de Febrero de 2009 a las 9:16
Pues creo que anda por ahí tu amiga HK…
15 de Febrero de 2009 a las 18:19
Ya, igual mañana a la hora de comer me paso… (¡ah, no, que tenemos lo del sindicato!) Pues no sé, pero me daría penita no ver a HK en gigante.
15 de Febrero de 2009 a las 20:46
[...] Quería ir a ARCO, pero como no sea mañana por la tarde lo voy a tener difícil. Y todo el mundo me decía lo mismo: “Hay una Hello Kitty”. Gracias a Tormento, intrépida reportera de Chiquiworld, tengo las imágenes de mi adorada muñeca f…. [...]
16 de Junio de 2009 a las 1:31
Por si todavia quedan fuerzas:
http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=11446&sec=31&num=890
24 de Junio de 2009 a las 23:40
Claro el negro te hace ver mas delgada y muy elegante a mi me encanta.