Todos los máquinas que tenemos en casa tienen un nombre descriptivo: lavadora, cocina, nevera… Ninguna de ellas se ha quedado con el nombre de lo que son. Esto es, no se las llama máquina de lavar, máquina de cocinar, máquina de enfriar…
Aunque todas tienen “nombre”, hay dos excepciones. Bueno sólo una: la máquina de coser. Porque la otra, si no está ya en la basura o en el trastero sólo se usa como mero elemento decorativo… la máquina de escribir.
Y a este aparato quería referirme. La irrupción de los ordenadores allá por los ochenta acabó de un plumazo con los dos siglos de vida que tenía este método de escritura mecánica.
Normalmente, eran grandes y pesadas. Había que hacer una fuerza descomunal para apretar las teclas y cuando ya tenías destreza con el teclado tenías que ir una y mil veces a separar los dos o tres tipos que se habían atascado delante de la hoja. Para hacer una copia se necesita el papel carbón y cada vez que se llegaba al final de la línea, vuelta de carro que te crió. Eso cuando no te ponías las manos negras al cambiar la cinta…
La llegada de modelos más ligeros (¿quién no ha visto o ha tenido una Olivetti Lettera?) y sobre todo de las eléctricas (con esas bolas de tipos en el centro de IBM) fueron el canto del cisne antes de su fulminante extinción.
Ahora ese inconfundible sonido mecánico de sus teclas no se oye ya ni en las redacciones menos tecnificadas. Descanse en paz.
Va por | Josemaria





16 de Julio de 2008 a las 10:32
Gracias
La mía era una Lettera 52 comprada a plazos (como se hacían las cosas en aquella época) con la que debí de hacer no pocos centenares de folios. ¿Os acordáis de los antiestéticos tachones, primero, y luego de los diversos mecanismos de borrado? Brochitas con typpex, papelillos, etc.
17 de Julio de 2008 a las 22:52
A mí siempre me gustaban también. Tenía una IBM Selectric de tercera mano, una máquina estupenda que aún funciona perfectamente. No empecé a usar un word processor hasta principios de los 90.
Una cosa: en inglés los nombres de las máquinas son diferentes, por supuesto. “Máquina de escribir” tiene su propio nombre, “typewriter.” Es la lavadora que no tiene nombre propio y se llama “washing machine.”
18 de Julio de 2008 a las 1:03
Cierto, Juancho. Lo de los idiomas es siempre curioso. Mi más querida máquina de escribir fue la Olivetti Lettera que me regalaron por mi primera comunión. La funda era verde con una raya negra en el centro…
Josemaria: el ruidito que hacía el bloqueo de mayúsculas no se me olvidará en la vida…
Saludos
2 de Junio de 2009 a las 4:27
la que escribio de primero se cree israelita