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Reloj Icono. 77.000 wons surcoreanos -unos 56 euros al cambio- en FunShop (web en coreano).
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Reloj Icono. 77.000 wons surcoreanos -unos 56 euros al cambio- en FunShop (web en coreano).
Cuando se piensa en fútbol, todo es glamour, negocios millonarios, campos abarrotados, estrellas mediáticas… Pero de lo que no se suele hablar casi nunca es del subsuelo de todo este negocio. Poco o casi nada se dice de los campos de tierra, las duchas frías, los interminales viajes en autobús o jugarse la pierna por menos de 300 euros al mes…
Viene esto a raiz una visita que hice a Bar Deportes donde leí un artículo sobre las vergonzosas instalaciones que dispone el Sestao, un clásico que ahora milita en la 2 División B. El campo municipal de Las Llanas, que es así como se llama el estadio donde entrena y juega este equipo vizcaíno, más que un campo de fútbol parece las instalaciones de un Gulaj bolchevique.
Echad un vistazo a la bitácora que lo denuncia y juzgad por vosotros mismos…
Y es que sólo unos pocos, muy pocos pueden vivir bien de este juego, pero hacen mucho ruido.
Campos de fútbol municipales de Sestao | Vestuarios del campo municipal de Las Llanas
Si todas las grandes ciudades tienen su lumpen, en Barcelona el señor botiguer de bigote repeinado y puta de siempre conviven con el diseño y la modernidad glamourosa. O así al menos lo retrata Francisco González Ledesma en “Una novela de barrio“, novela noire que mantiene la atención y el interés a pesar de saber desde el principio quien es el asesino.
Los quasi-monólogos del policía Méndez con el dueño del Bar La Adelantada, regados con un licor ecológico capaz de desmontar el motor de un cuatro por cuatro, resumen de manera descarnada pero atinada la cantidad de tontería de esta sociedad nuestra, llena a partes iguales de ignorancia y horterez. Y que decir de las reuniones del delincuente Erasmus con el abogado Escolano, al que ya no le llega ni para estar al día con la cuota del Colegio de Abogados. Filosofía de la buena sobre la economía aplicada a la técnica delictiva.
Para mi ha sido uno de los antídotos menos caros de estas pasadas fiestas navideñas tan entrañables.
Parece que fue ayer cuando terminamos de colocar el último estante y colocamos en la puerta el cartel de abierto.
Pero no, no fue ayer. Hoy hace dos años abrió sus puertas Ultramarinos Chiquiworld, la bitácora del barrio. Las cosas han ido muy bien, a pesar de las crisis, los aumentos del IPC y los cracks bursátiles. En estos doce meses hemos ampliado el local, adecentado un poco el escaparate y diversificado la oferta. Y aunque el barrio haya crecido y el número de clientes vaya en aumento, seguimos intentando dar ese plus que nos diferencia de los grandes centros comerciales: la atención al cliente y la pasión por las cosas bien hechas.
Junto a los productos elaborados en nuestra propia factoría, intentamos seleccionar los artículos (y nunca mejor dicho) de los mejores proveedores, tanto nacionales como internacionales, para que la oferta, aunque no muy amplia, sí que sea apetecible.
Además, Tormento ahora está pluriempleada y ha abierto en el local de al lado Nihonica, un colmado repleto de todo tipo de productos japoneses de alta calidad. Albert ha licenciado una franquicia de sus miniguías para clientes buscando una escapada virtual y ChiquiAds sigue creciendo fuerte y sano.
En fin, que gracias a todos por seguir confiando y comprando en Ultramarinos Chiquiworld.
Estoy en pleno debate interno, como si fuera un partido político unipersonal. Me pregunto si es bueno leer sobre las películas antes de ir a verlas. Hay un sector intectualizante que mantiene que la información ayuda a disfrutar más de la obra, a entenderla en sus matices; el sector unicejo manifiesta que tanta información se carga la sorpresa, la emoción nueva que la pelicula puede transmitirte, que no vale nada más que para ponerse intenso y justificar un coñazo de película en lugar de levantarse y pirarse. Como véis se trata de dos sectores irreconciliables.
Sólo debido a sendos y excelentes artículos de Guillermo Altares sobre Cuatro meses… y la situación de las mujeres rumanas que abortaban durante la dictadura de Ceausescu, me decidí a ir a ver una película que, a priori, tenía una pinta de coñazo de mucho cuidado. Rumana, de la dictadura, palma de oro en Cannes.. uy, uy, uyyyyy, yo ya no tengo edad para estas cosas. Pero había tenido hace poco un momento “La Clave” con amigos rumanos y me picaba la curiosidad.
Con todo este bagaje me planté en el cine, evité la tentación palomitil (el licuado requiere que parte de mi atención se dedique al proceso y quería todos mis sentidos alerta) y me senté dispuesta a tener la mejor opinión posible de la cinta. Mi sector gafapasta se pasó la película entera identificando los elementos que había procesado en la etapa pre-peli, disfrutando de su precisión, como si de un reloj lo más importante fuera su maquinaria y no que diese la hora. Mi otro sector, el boina a rosca, se preguntaba si esos silencios, esa cámara fija en la cena familiar, ese trotar por la noche en busca de donde tirar el feto que no se acababa nunca, serían soportables sin la tesis doctoral que me había encalomado antes de entrar. Vamos, que si me habría tragado ese tostón de primeras dadas. La conclusión es que no lo sé.
Cuatro meses … es una película menor en la historia del cine, aunque sea importante en la historia reciente de Rumanía. No le quito esa virtud, ni la calidad de los detalles, ni la valentía del tema, aunque, para ser sinceros, a partir de la cena en familia es un pestiño insufrible.
Pañales reutilizables
Vía | El Pito Doble
Cubiertos BIC
Vía | Cuarto Derecha
Toot-Tone
Vía | El Ventanuco
Lámpara casera
Vía | Webmaníacos
Cerebro de gelatina
Vía | Sí, lo sé
Sofá vagina
Vía | No puedo creer…
Gafas para maquillaje
Vía | RGS (en inglés)
Privacidad para el portátil
Vía | Compradicción
Lentillas electrónicas
Vía | Gizmología
Reloj semanal
Vía | Blogueando
En 1995, fecha del viaje, Thailandia ya era un país muy turístico, en especial zonas de la costa como Phuket, Pattaya, Ko Samui o las islas Phi Phi, entre otras muchas. En los años 50 del siglo pasado, Pattaya empezó atraer turistas, pero con motivo de la Guerra del Vietnam fue cuando tuvo mayor apogeo. Los soldados norteamericanos utilizaban la zona costera del Golfo de Thailandia para reponer fuerzas. Estos lugares se degradaron y terminaron siendo un gran burdel. Las cosas han cambiado
Este viaje lo realizamos toda la familia: mi hermana, mi cuñado y sus tres hijos, ocho en total. El vuelo lo realizamos con la aerolínea local Thai y a la llegada a Bangkok nos fuimos hasta el hotel, un moderno edificio a orillas del río Chao Phraya. Bangkok es una ciudad moderna y dinámica que compite directamente con otras grandes urbes del sureste asiático. La he visitado en varias ocasiones, sobre todo como escala para viajar a otros países de la zona (Camboya, Vietnam, Birmania, etc.) y en cada una de estas visitas la he visto evolucionar de forma muy rápida pero también desordenada.
Bangkok es una enorme tienda. Junto a pequeños puestos callejeros se alzan modernos centros comerciales con lujosas tiendas muy bien surtidas. Una de las costumbres más arraigadas es el regateo. Siempre se ha de regatear. Y es que todos los mercados son muy interesantes: el flotante de Damnoen Saduak, el de fin de semana de Sanam Luang o el nocturno de Patpong.

No sé si se trata de un caso de “espectacularización” de los que denuncia mi amiga Sonia, pero esta fotografía tomada por Walter Astrada de la Agencia France Presse y publicada en The Guardian el viernes pasado en relación con los disturbios en Kenia es la viva imagen del horror.
El horror de la guerra, el horror del miedo, el horror olvidado, el horror ciego, el horror de los indefensos…, en definitiva, el horror cotidiano.
Hay gente a la que le ponen una alcachofa, vamos un micrófono, en la boca y se pierden. Incluso basta con que sepan que una cámara de televisión les está grabando para que cuenten con total desperpajo cosas que no les las confesarían ni a su mejor amigo.
Y si a todo eso le sumamos que los protagonistas tienen un alto concepto de sí mismo o que no están en perfectas condiciones el resultado puede ser realmente grotesco.
Ejemplo de ello es Ramón (en el video que abre esta entrada), un personaje realmente singular y atracador de bancos, que entre otras lindezas, recuerda los cinco derechos universales del hombre..
Por su parte, Jose Tojeiro cuenta con pelos y señales sus problemas con las prostitutas y el ColaCao. Por contra, éste otro, no tiene ninguna objeción con que su mujer le vea en la tele hablando de otras.
Y así, unos cuantos ejemplos más. El “mareado” que se pone chulo con la Guardia Civil y la “mareada” explicando como metaboliza el alcohol sus hormonas, un par de “niñas Tintín” haciendo exaltación de la amistad, la señora cabreada con su vecina o el traficante mediático, que no aparece en la tele, pero que se publicita muy bien…
Y todo por un minuto de gloria.

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