Llevaba tiempo preguntándome si alguien habría caido en la cuenta de hacer un “photochó” dinámico, a la vista de los buenos resultados que el clásico estaba dando en la vida de los famosos.
Gracias a este invento la colocación de medias en los objetivos de las cámaras y las tiras de esparadrapo enganchadas al cogote han pasado a mejor vida. Tras ver que el humano que está tras la imagen digital del cachas Beowulf tiene pinta de hooligan del Manchester United me he quedado más tranquila. Ya puedo estar tan buena como Angelina Jolie mientras me pongo hasta la peineta de patatas de bolsa.
Porque esta peli que va de leyendas vikingas (o así), está hecha con la misma técnica de Polar Express, en donde los actores hacen de sí mismos pero en versión digital y sin barriga cervecera. Dada esta triste explicación de la técnica aplicada, que se une a la del 3D que no pude disfrutar porque sólo estaba disponible en tres salas a tomar por.. , puedo afirmar que lo mejor de la película es su guión shakespeariano.
Y ya es triste que en una película de animación lo mejor que puedas decir es que te recuerda al Hamlet de Kenneth Branagh, pero sin Kenneth (¡con lo que me ponía!). En la película conviven momentos en que los gráficos están muy conseguidos, con otros en los que Sir Anthony Hopkins te recuerda al burro de Shrek lo que a mí, personalmente, me hacía perder todo el ritmo argumental.
En fin, que para hacer “Los Vikingos“ en clase pobre que se hubieran ahorrado el coste del “photochó”.
Ratio en la escala de palomitas: 5.





