Publicado por Chiqui el 14 de Noviembre de 2007

Periodismo tradicional y ciudadanoHasta hace bien poco, la relación entre los medios de comunicación y sus lectores, oyentes o televidentes era unidireccional. El medio enviaba información y el ciudadano era sólo mero destinatario del mensaje sin posibilidad de interactuar o hacerlo casi de manera testimonial (cartas al director, llamadas a emisoras…) Pero ahora la lucha feroz por la audiencia y las nuevas tecnologías han convertido esta relación en bidireccional, donde el receptor ya puede desde valorar una noticia hasta crear sus propios contenidos.

Por eso, ya se discute sobre el incipiente papel de la ciudadanía en los medios de comunicación tradicionales, aunque lo primero que habría que definir es que significa eso de la “participación ciudadana” en una mass media.

Porque me pregunto, ¿lo es los ridículos SMS que se envían a las televisiones con mensajes tales como “Pantoja eres la mejor. Jennifer te quiero. Vendo Seat Ibiza”?

No creo que eso sea participación ciudadana, si acaso participación a secas, además de un tremendo negocio. Por ello, sería bueno saber que es ser ciudadano. Entre las diferentes acepciones de esta palabra en el diccionario de la RAE hay dos que se ajustan perfectamente al caso:

- Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país.
- Hombre bueno.

Estas dos definiciones, en su génesis comportan obligaciones y responsabilidades. Y ateniéndonos a los hechos diarios, no todo el mundo se comporta como un ciudadano en internet.

Aunque a regañadientes, los medios de comunicación tradicionales empiezan a ver lo tozuda que es la realidad y empiezan verdaderamente a dar voz a sus lectores, oyentes… ahora reconvertidos en usuarios.

Y lo hacen mediante tres diferentes niveles de participación: pasiva, intermedia y activa. La primera, la pasiva ofrece al usuario una falsa sensación de proximidad con el medio, pero de participación real, poca o muy poca. En la mayoría de los casos, se limita a votar si la noticia le ha gustado, a recomendarla a amigos y conocidos o a enviarla a sitios de noticias como Fresqui o Menéame.

El segundo nivel estaría conformado por los comentarios en las diferentes webs de medios. A priori, dan valor añadido a una información ya que se supone que esa aportación nos va a ofrecer más datos de los conocidos o un punto de vista diferente sobre el tema. El problema es que como cada uno de nosotros tenemos boca, todos opinamos. Y como es lógico, no todas las opiniones dan valor añadido. Así, entre comentarios repetidos, insultantes, spam que se cuela y demás eso es todo menos información o debate.

Esto nos lleva a otro capítulo espinoso: La moderación de comentarios. Si no son moderados o lo son a posteriori, la conversación se llena de ruido. Se crea la sensación de que todo vale y tarde o temprano aparecen las descalificaciones personales y las enemistades entre comentaristas haciéndose de ello, el tema principal de los comentarios. Esto hace que el medio claramente se devalúe.

Si por el contrario, no aparecen hasta que son aprobados por el medio, la conversación se resiente ya que pierde fluidez y la palabra censura empieza a flotar en el ambiente.

Queda el tercer nivel, el más cercano al “periodismo ciudadano”. Noticias de gran calado como los atentados en el metro de Londres o el tsumani que azotó el sudeste asiático han puesto de manifiesto que los medios de comunicación también necesitan disponer de estos “corresponsales puntuales”.

Cuando ocurre alguna de estas noticias, las webs de todos los medios de comunicación se nutren de vídeos, fotografías y testimonios de gente anónima que por suerte o por desgracia se encontraban en el lugar cuando el hecho noticioso se produjo. Además de los testimonios que lo único que quieren es dar constancia de los hechos y reflejarlos, también hay gente que por afán de notoriedad o simplemente por ignorancia, intenta “colar” informaciones tendenciosas, inexactas o simplemente falsas.

Y una de las labores de un medio serio es contrastar la información y dar fe de que lo que cuenta es veraz. Eso es lo que le da credibilidad. Así, una foto de Gorka Lejarcegi o Gervasio Sánchez no necesitan verificación. Su firma la avala. Las que llegan mediante un correo electrónico, sí. Por eso todavía se es muy reticente a publicar información que no esté realmente constrastada. Ya existen casos de disputas entre los mismos medios por publicación de “fotos ciudadanas“.

Y  la vista de este panorama, ¿qué se pueden aportar unos a otros?

Los grandes medios pueden brindar con sus controles los principios básicos del periodismo como la veracidad, la ética, la responsabilidad, la imparcialidad… dando las claves para que la colaboración ciudadana sea realmente informativa y rigurosa otorgándolas valor por sí mismas.

También pueden poner a disposición del amateur la infraestructura necesaria, tanto material como humana, que se precisa para dar cobertura, porque tampoco podemos olvidar que hacer información es muy caro en tiempo y en dinero.

Por su parte, los “nuevos” periodistas se convierten en corresponsales planetarios estando siempre en el momento y lugar donde salta la información. Dan la voz de alarma que ponen en marcha los mecanismos posteriores.

También son pieza fundamental contando la intrahistoria, como la definía Unamuno. Aquellas pequeñas historias que pasan desapercibidas ante la avalancha de datos globales pero que conforman la realidad cotidiana de la gente. En definitiva, lo hiperlocal contra lo global.

Por último, las redes de confianza que crean los usuarios de una web informativa aportan más valor para el ciudadano de a pie que la sesuda opinión de un experto que puede o no coincidir con gustos y apreciaciones. Claro ejemplo de dos tipos de redes de confianza son las críticas sobre alojamientos en Tripadvisor o el sistema de valoración de usuarios de eBay.

El futuro es confuso y está aún por definir. La solución ideal puede pasar por la convergencia, aportando lo mejor de los dos mundos que, aunque no lo parezca, no están tan separados.

Y es que les une lo más importante: la curiosidad.


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