Aunque hace mucho tiempo de este viaje, creo que merece la pena dar a conocer nuestras experiencias por si pueden servir de ayuda a los viajeros que quieran visitar el techo del mundo.
Dos de las puertas de entrada al Tibet eran el avión desde Katmandú (Nepal) o desde China. Nosotros llegamos a Lhasa desde Chengdu, ya que era la única ciudad china que tenía enlace aéreo directo con la capital del Tibet (China Southwest Airlines). Desde 2006, se puede volar directo desde Beijing (Air China). Pero lo más novedoso es viajar en el “tren del cielo” una obra de ingeniería ferroviaria que permite acceder al Tibet en tren. Otra opción, no muy aconsejable, es viajar por carretera, pero se puede tardar entre 20 y 40 horas.
Era la segunda vez que visitábamos China, la primera fue en 1991. Beijing había cambiado mucho, grandes edificios con modernos hoteles, se empezaba a notar el principio del despegue económico de esta potencia mundial.
Viajamos, como en la primera ocasión, con nuestra hija que en el año 1996 tenía 9 años. Además del visado para viajar a la República Popular China, era preciso obtener un permiso especial (carta de confirmación) para poder acceder al Tibet. Nosotros lo conseguimos en Chengdu. Además, como era un viaje individual, no organizado, era obligatorio viajar con una agencia de turismo china. Nosotros lo hicimos con CITS.
Después de unas dos horas de vuelo llegamos a Lhasa que está situada a 3.650 metros de altitud. Al llegar al aeropuerto de Gonggar tuvimos la sensación de tocar con las manos las nubes y notamos los primeros síntomas por la altura. Fuimos los únicos turistas que bajamos del avión y al acceder a la pista nos encontramos con un recibimiento especial. Pero muy a nuestro pesar, no nos lo dedicaban a nosotros, si no a un grupo de altos cargos militares chinos que venían en nuestro avión. El Tibet es una región autónoma de China bajo un estricto control militar y con una cada vez mayor presencia de chinos en detrimento de los tibetanos.
Desde la invasión de este territorio por el ejercito chino en 1951 que llevó al Tibet destrucción, muerte y posterior exilio del Dalai Lama en 1959, el gobierno chino ha ido aplastando todo intento de revolución. Los monasterios han sido siempre los focos más importantes de rebeldía, por lo que por este motivo en alguna ocasión os podéis encontrar la prohibición de visitar algún templo.
Después de recoger nuestro equipaje, subimos en un 4×4 que nos debía llevar a nuestro alojamiento. Durante los 98 kilómetros que hay hasta Lhasa nos encontramos miles de personas apostadas a cada lado de la carretera esperando a la comitiva de militares que venia detrás nuestra. Era la primera sensación que teníamos de que se trataba de un país “invadido” y lamentablemente no seria la única.
Nos hospedamos en el hotel Holiday Inn (ahora se llama Lhasa Hotel). Era el mejor y disponía en las habitaciones de servicio de oxigeno, recomendable cuando te alojas a gran altura y no estás acostumbrado. Especialmente el primer día no hay que cansarse, hay que estar relajado para poder aclimatarse a la altura.
Los tres primeros días de nuestra estancia en el Tibet los dedicamos a visitar Lhasa, en especial la zona antigua (alrededores de la plaza Barkhor), y la “joya de la corona” el palacio de Potala.
En la plaza Barkhor se encuentra el templo Jokhang, uno de los sitios más importantes de peregrinaje para los budistas tibetanos. Siempre hay cientos de personas en la plaza haciendo ofrendas y en su interior hay numerosas capillas ricas en estatuas y pinturas. En la azotea encontramos la rueda del Dharma y los dos ciervos.
En todos los templos y monasterios del Tibet hay representaciones del Guru Rinpoché, que fue el principal introductor del Budismo en el Tibet. Pasear por las calles que rodean el Jokhang es toda una experiencia. Cientos de comerciantes, peregrinos, monjes…, y todo aderezado con el desagradable olor a manteca de yak de las ofrendas. En esta zona hay mucho control policial. Cerca de la plaza se puede visitar el Hospital de Medicina tradicional tibetana y el mercado Tromsik Khang.

Continuará…





10 de Agosto de 2007 a las 11:11
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10 de Agosto de 2007 a las 13:32
¿Cómo conseguisteis el permiso del Tibet?¿Lo controlan mucho o se puede ir sin él?
¿Qué os costó?
¿Es fácil pasar desde el Tibet al Nepal?
Muchas gracias,
10 de Agosto de 2007 a las 16:40
Hola Melo, como te digo el permiso lo conseguimos en Chengdu (China), desconozco si ahora es imprescindible, pero en el año 1996 era imprescindible, era su salvoconducto para entrar. La misma agencia china nos lo tramitó por lo que no tuvimos que hacer las gestiones, no me imagino hace 11 años con mi pésimo inglés tramitando este documento con funcionarios chinos que ni hablaban inglés, ¡esto si que era aventura!. No recuerdo el precio que nos hicieron pagar.
Se puede viajar a Nepal desde Tibet, pero son al menos 3/4 días de viaje. En la segunda parte de esta mini guía, que se publicará en unos días, se comenta este viaje.
Saludos
11 de Agosto de 2007 a las 19:05
[...] el techo del mundo. Dos de las puertas de entrada al Tibet eran el … articulo continua en Chiqui traido usted por [...]
11 de Agosto de 2007 a las 21:05
katmandu que belleza y la foto del mercado que muestra el enlace.
Viajar en el tren del cielo debe ser una delicia.
Bueno, el recibimiento especial, aunque no fuese dedicado, es una experiencia que visteis que no creo que pase a menudo, asi que, aun asi salisteis ganando.
Es curioso lo del servicio de oxigeno en el hotel, es algo en lo que no hubiese pensado, y claro…
El palacio de Potala es bellisimo, viene una foto en el enlace que es de cuento.
La foto primera me encanta, esta ahi, metido en sus pensamientos, ajeno a que años despues lo veriamos en esta miniguia.
Saludos a tod@s!
13 de Agosto de 2007 a las 0:14
Gracias Albert por la información.
Espero esa segunda entrega
17 de Agosto de 2007 a las 10:01
[...] Viene de Las miniguías de Albert. Tibet I [...]
3 de Septiembre de 2007 a las 13:34
El otro día vi un reportaje en una TV norteamericana del turismo chino que visita Lhasa, una verdadera invasión. ¡Que pena!
Albert
9 de Septiembre de 2007 a las 18:15
[...] Viene de Las miniguías de Albert. Tibet I [...]