Aparte de la internet cotidiana, la que utilizamos todos los días, la de las páginas web, los servicios 2.0 y el correo electrónico, hay otra profunda e invisible por lo menos para mí. Y no, no me estoy refiriendo a esa oscura e inaccesible llena de bases de datos con infinidad de registros confidenciales, código malicioso o asuntos poco claros.
Hablo de la internet de esas personas que ya no son niños pero que tampoco son todavía adultos. La de algunos webchats, canales concretos del IRC o el mismo Messenger (que confieso que nunca he usado). La de los preadolescentes de 12 a 16 años que descubren este nuevo mundo virtual de luz y de color y que no tienen miedo a nada ni a nadie.
¿Y a qué viene esto?, pues viene a que dos entradas de esta bitácora, “Chatear sin instalar” y “Dora la exploradora“, han tenido un éxito arrollador si hacemos caso a los comentarios. Entre las dos suman casi 500 “aportaciones” de los lectores. La inmensa mayoría pertenecen a chicos y chicas de esta internet profunda que no saben ni como han llegado hasta aquí, ni quien les va a leer y ni siquiera se han leído la anotación que comentan. Tampoco el lenguaje y los modos que utilizan les favorece.
Eso sí, no dudan en dejar su dirección de correo electrónico, su número de teléfono móvil o la dirección de su casa si se tercia con tal de comunicarse con sus semejantes.
Un 99% de ellos ya los he eliminado. Menos unos pocos, los que no incluyen datos personales y además se refieren al asunto, los demás serán borrados a medida que lleguen. El problema es que en cientos de sitios no se borran con lo que todos esos datos están pululando por la red a disposición pública, con lo que eso conlleva…
Por ello, al igual que es normal decirle a los más jóvenes que no hablen con desconocidos, también sería muy beneficioso que aquellos que proporcionan las herramientas para conectarse realizasen una pequeña tarea de formación con los que empiezan a salir por la red. No estoy hablando de imponer regulaciones, censuras o zarandajas de este tipo. Tan sólo me refiero a las pequeñas normas básicas. Puro sentido común.
Como en la vida real, la virtual también tiene problemas y se trata de no ponérselo fácil a los “videntes” catastrofistas de siempre.





26 de Junio de 2007 a las 0:51
Muy fuerte, Chiqui.
Te estoy leyendo, mi-amol, desde República Dominicana, donde he venido a dar un curso de la escuela y te quería pedir un favor. Tengo el enlace a la versión en inglés del vídeo que proyectó el director de ELPAIS en la ceremonia de inauguracion del Master pero creo rercordar que alli se dio subtitulada en castellano, o recuerdo mal?
Bueno la historia es que si recuerdo bien y sabes dónde puedo encontrarlo te agradecería que me mandaras el enlace. Se lo quiero enseñar mañana a los alumnos.
Un abrazo muy fuerte
26 de Junio de 2007 a las 1:27
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27 de Junio de 2007 a las 8:58
Esto podría estar muy relacionado con una noticia aparecida en menéame donde se hablaba de la juventud de hoy en día, que está un poco agilipollá y prueba de ello es esto que comentas…son muy despreocupados, tratan sus datos personales como si de algo sin valor se tratara y luego se sorprenderán cuando les ocurran cosas raras de gente que usa sus datos personales para fines poco éticos….en fin, nuestros padres temían por nuestro futuro pero yo tengo todavía más miedo por el futuro de mis hijos(si los tengo algún día)…¿Vale la pena tener hijos con el panorama actual? A veces me planteo que no…
2 de Julio de 2007 a las 16:58
Tal vez te interese esta “carta” que envié a David de Ugarte (y que tan amablemente ha publicado), en la que se habla de esa la que yo llamo “masa de avatares”…
Estupendo blog!
Un saludo,
2 de Julio de 2007 a las 16:59
Oops, se me olvidó el link:
http://www.deugarte.com/el-poder-del-anonimato-en-la-red-distribuida