Comienza la Tormento’s World Tour 2007 con un viaje, de trabajo por supuesto, a Moscú. Bueno, no exáctamente a Moscú, porque los perversos organizadores han pensado que, para que no te escaquees de las reuniones, no hay nada mejor que meterte en un barco, de los de crucerito por el Volga. Así los momentos de relax entre sesión y sesión los podemos compartir con las visitas a las iglesias ortodoxas que, por lo que dice mi guía, jalonan el orbe ruso de lado a lado y de norte a sur. ¡Una juerga!
No digo nada de los estupendos acabados del Motorship Lenin y de su capitan Vladimir Andreev, que, a tenor de la foto, tiene pinta de haberse escapado del último plan quinquenal de Brézhnev. Si las fotos promocionales son de susto, las que nos enseñaron los organizadores de su reconocimiento en directo te hacen rogar que el vodka esté a buen precio.
Los preparativos, por otro lado, nos han hecho a todos temer que el telón de acero se nos va a caer encima y que vamos a tener que llamar a Amnistia Internacional para que nos saquen de allí. Como todavía no he vuelto y pretendo hacerlo, me voy a reservar lo que ha sido obtener el visado y lo que opino del sistema. Lo único que os diré es que te genera un mal rollo de espanto.
Por si fuera poco, tengo una compañera la mar de osada que se lleva jamón serrano y aceite de oliva para fomentar la hermandad entre los pueblos, mientras que yo voy cargada de tabletas de caldo de verdura Knorr que me ha encargado una japonesa a cambio de té verde.
Como veis tenemos todas las papeletas para salir en el próximo telediario.





