Si antes, entre cada programa y película que emitían en televisión, teníamos que soportar interminables minutos de publicidad por la cara, ahora nuevos inventos han irrumpido en nuestras vidas para hacernos más insoportables si cabe los minutos que pasamos delante de la caja tonta.
Me refiero a los patrocinios y las autopromociones. Una nueva vuelta de tuerca para sacarle más partido a los anunciantes y más de quicio a nosotros.
El patrocinio es ese bonito invento por el cual, entre anuncio y anuncio de los convencionales, se inventan un programa de dos o tres minutos escasos, ya sea económico, del estado de la nieve o del apareamiento del langostino para colarnos el famoso “Espacio patrocinado por…” y así poder hacer caja unos minutos más.
El otro invento, perpetrado por todas las cadenas sin excepción y más intrusivo, es la autopromoción. Ya sea un partido de fútbol, uno de los miles de programas de higadillos o una película lituana con subtítulos se ve trufada por la invasión a media pantalla de avances de programas venideros, sorteos de medio pelo o polihipermegatonos. Y eso cuando no es el presentador o comentarista de turno el que nos vende sin rubor alguno las bondades de su cadena.
A este paso, el año que viene el mensaje de Navidad del Rey nos vendrá con sorpresas incluidas…
Mucho hablar de los ochenta y de los noventa, pero casi siempre olvidamos que antes de que esos tiempos llegaran estaban los setenta. Y que también tuvieron su encanto visto con el paso de los años.
Porque hay cosas que, aunque hayan pasado más de treinta años y no nos lo enseñen en “Cuéntame“, seguirán formando parte de la memoria colectiva de esa década, como “La empanadilla de Móstoles“ de Martes y Trece en los ochenta o las noches en vela viendo a Michael Jordan en los noventa.
La moda que se imponía desde fuera nos traía pantalones de campana y cuellos kilométricos para nosotros y colores chillones y flores en los vestidos para ellas.
Eso y muchísimas cosas más… ¡ah!, yo fui uno de los afortunados que fue al estreno de la primera y original guerra de las galaxias… en España, claro.
Hace mucho tiempo, en el París de finales del siglo XVII…
Excelente trabajo del ilustrador sueco Mattias Adolfsson recreando comosería la apariencia de los protagonistas de “La guerra de las galaxias” si hubieran sido creados en los tiempos del Barroco. Además, promete seguir con la saga…
Los estadounidenses son gente lista. Han trasladado el psicodrama familiar al día de acción de gracias de tal manera que se pueden permitir el lujo de que los villancicos se los cante Frank Sinatra. Así sí se puede dar uno a la fiebre consumista y disfrutarlo.
Llevo reflexionando sobre este tema de las navidades desde hace años con poco éxito ¿Por qué el resto del año nos relaja comprar y en navidades nos cabrea? ¿Por qué todo el mundo se queja pero acaba de bruces en todos y cada uno de los tópicos navideños -incluídos los de huida a lugares remotos? Creo que, al fin, ya tengo un respuesta: la navidad es como la muerte, nos iguala a todos y es inevitable.
Hace tiempo que estoy convencida de que la Navidad es un Borg y estas fiestas forman parte de su conciencia colectiva. Me la imagino diciendo: “soy la navidad, vas a ser asimilado. Toda resistencia es fútil”. Y ya me quedo más tranquila y alelada.
Y ello a pesar de que suponga caer en manos de las tradiciones de boina a rosca y quedar a merced del mandato del tonto-mala-baba. A qué negarlo, en estas fechas el que manda es ése o ésa de tu familia, propia o política, con el que no te tomarías ni un café. Pero ahora, con la excusa de la tradición y el turrón de Jijona, te inmoviliza y te arrea inmisericordemente, aprovechando que te tiene donde quería, maniatado por la tradición, la educación y la familia española en su momento más tóxico. Las opciones que te quedan son pocas y todas ellas pasan por el cabreo, ora activo, ora pasivo, ora pro nobis.
En mis muchas navidades lo he intentado todo (la resignación cabreada, el activismo radical, la huída a ignotos lugares de tradiciones bizarras, la integración total…) y nada me ha funcionado. Ahora que me he dado cuenta de que la navidad es un Borg letal, ya me he quedado más tranquila pues entiendo que, como ante la muerte, la única opción digna que me queda es la de la flema británica.
Bolivia está convulsa, muy convulsa. Parece que el ínclito Evo no está respondiendo a las expectativas que habían depositado en él los bolivianos y se está haciendo un país y una Constitución a su medida. El próximo día 14 será clave para saber en que termina todo este proceso.
Pues con la que está cayendo, para allá que se nos va Rosa J.C., en su labor de evangelizadora digital. Para ello, y con la colaboración del incansable Sebas Molina (¡qué grande eres!), ha puesto en marcha Ahora Bolivia. Un proyecto para dar voz a aquellos que tradicionalmente no la tienen.
Quieren convertirlo en un periódico digital el que la gente cuente lo que está ocurriendo donde vive. Les darán acceso al medio, unas pequeñas instrucciones y la libertad que no tienen en la prensa tradicional para contar las historias que les importan. Alfabetización en estado puro con nociones de periodismo ciudadano. Una de esas iniciativas que realmente merecen la pena apoyarlas y difundirlas.
Por cierto, por allí coincidirá con Pau, que lleva ya tiempo sobre el terreno y nos lo cuenta en Bottup.
Adriano Morán reúne en ADN.es a Jon Sistiaga y DavidBeriain, dos reporteros que llevan ya demasiadas guerras a sus espaldas. Respondiendo a gente anónima, miran el conflicto desde un punto de vista más personal de lo que estamos acostumbrados a verlos. Dividido en dos entregas, desde aquí se puede acceder a la segunda parte.
Así me he quedado yo, cual carné de biblioteca, tras leer en la sección Vida & Artes de El País un sesudo análisis sobre una exposición de cadáveres plastificados. Muy apropiado para una sección con ese nombre.
Me pregunto si los medios de comunicación ya no utilizan los departamentos de documentación, si es que pierdo facultades con los años o es que ya nos vale cualquier cosa. Esta exposición en la que se ve a un montón de seres humanos chinos, muertos, con sus intestinos al aire mientras encestan o tiran dardos, no es más que la versión edulcorada americana del sueño artístico del Dr. Gunther von Hagens (en la foto), un Mengele cualquiera, que presentaba estos cadáveres en salas de exposiciones como obras de arte y que incluso años atrás se marcó una plastificación en vivo en Londres mientras un montón de asistentes-tipo-ARCO, asidos a sus copas de champagne, contemplaban la performance como un hecho digno de reverencia.
Hasta aquí he llegado. Mientras se montó la-de-dios-es-cristo con el negro de Banyoles, ahora nos parece la mar de edificante que expongamos cadáveres humanos de dudosa procedencia por amor al arte. Incluso un sesudo filósofo nos cuenta en el reportaje de El País que los cadáveres no sólo no son merecedores de respeto sino que no están protegidos legalmente. A ver si leemos un poquito: la profanación sigue apareciendo en nuestro código penal. Sugiero al susodicho que ceda su cuerpo a esta “ciencia” a ver si acaba en el MoMA expuesto; o el de su hijo, su mujer o su madre, y que las saquen haciendo calceta con la tapa de la sesera “descapotá”, para que se vean bien las conexiones neuronales que se activan con el ganchillo.
Los nazis también usaban piel humana para hacer carteras y grasa corporal para hacer jabón. Previo exterminio. El que haya una factoría en China donde se siguen produciendo industrialmente cadáveres plastificados como éstos sin saber muy bien de donde salen nos debería hacer pensar si somos cómplices de algo, cuando menos cuestionable, al pagar una entrada para esta “exposición”.
Que conmigo no cuenten.
ACTUALIZACIÓN 02/05/08 Ahora resulta que el origen de los cadáveres de la muestra es una incógnita. Pueden pertenecer a prisioneros chinos torturados o ejecutados o simplemente a indigentes que pasaban por ahí. Nos lo cuenta Bárbara Celis en El País.
La estética que impregnaba toda la vida cotidiana durante el regimen comunista de la ya desmembrada Unión Soviética sigue siendo reconocible ahora del mismo modo que al ver un típico mueble de Ikea sabemos que su diseño ha sido realizado en Escandinavia.
Y aunque se trataba de una concepción industrial, marcial e incluso dura, para muchos tiene un encanto especial.
La red está plagada de muestras de como era y como se relacionaban sus habitantes con los objetos que les rodeaban. Como ejemplo, podemos ver una amplísima colección de calculadoras y dispositivos electrónicos u otra de relojes (realmente impresionantes algunos) y radios de diferentes épocas que en algún momento u otro la mayoría de los soviéticos tuvieron en casa. También usaban cámaras de fotos y los más jóvenes pudieron utilizar los primeros pecés.
Cuando salían a la calle fumaban estos cigarrillos, veían posters en las paredes y esperaban al autobús en estas paradas o se desplazaban en metro. Eso, si no tenían coche o moto. En el trayecto podían contemplar un montón de edificios, algunos muy extraños y otros que ya están abandonados. Aunque nunca pudieron ver estas otras megaliticas construcciones que no llegaron a ver la luz. También se conservan en internet un montóndefotos de esos tiempos y de los actuales.
También fuera de sus fronteras, los países satélites importaban esta estética y claros ejemplos son estas webs, una de diseño industrial en la extinta República Democrática Alemana y esta otra de antiguos anuncios rumanos.
Hasta hace bien poco, la relación entre los medios de comunicación y sus lectores, oyentes o televidentes era unidireccional. El medio enviaba información y el ciudadano era sólo mero destinatario del mensaje sin posibilidad de interactuar o hacerlo casi de manera testimonial (cartas al director, llamadas a emisoras…) Pero ahora la lucha feroz por la audiencia y las nuevas tecnologías han convertido esta relación en bidireccional, donde el receptor ya puede desde valorar una noticia hasta crear sus propios contenidos.
Por eso, ya se discute sobre el incipiente papel de la ciudadanía en los medios de comunicación tradicionales, aunque lo primero que habría que definir es que significa eso de la “participación ciudadana” en una mass media.
Porque me pregunto, ¿lo es los ridículos SMS que se envían a las televisiones con mensajes tales como “Pantoja eres la mejor. Jennifer te quiero. Vendo Seat Ibiza”?
No creo que eso sea participación ciudadana, si acaso participación a secas, además de un tremendo negocio. Por ello, sería bueno saber que es ser ciudadano. Entre las diferentes acepciones de esta palabra en el diccionario de la RAE hay dos que se ajustan perfectamente al caso:
- Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país.
- Hombre bueno.
Estas dos definiciones, en su génesis comportan obligaciones y responsabilidades. Y ateniéndonos a los hechos diarios, no todo el mundo se comporta como un ciudadano en internet.
Aunque a regañadientes, los medios de comunicación tradicionales empiezan a ver lo tozuda que es la realidad y empiezan verdaderamente a dar voz a sus lectores, oyentes… ahora reconvertidos en usuarios.
Buen fichaje! RT @PalomaLLaneza Es oficial: soy una de los blogeros del HuffPost español. Ya podeis apedrearme por hacer otra cosa gratis #2 hours ago
@EsperanzAguirre insta a Casillas y a @XabiAlonso a cambiarseel nombre. "Son provocativos. En cambio Ícaro y Fco Javier son ideales" declaró #6 hours ago