Archivos de la categoría ‘Viajes’

Publicado por Chiqui el 3 de Agosto de 2007

Viene de Las miniguías de Albert. Irán I 

IránPor la mañana salimos en coche hasta Kermán. Durante el largo viaje pasamos por el lago Bactegan. Después de una reconfortable ducha fuimos a cenar a una pizzería local.

A la mañana siguiente, nos levantamos muy temprano para ir a visitar la fortaleza de Bam (la ciudad de barro) que se encuentra a unos 200 kilómetros de Kermán. Era una construcción impresionante, daba la sensación que en algún momento se derretiría bajo nuestros pies. Parecía un gigantesco castillo de arena como los que construyen nuestros hijos en la playa. Una construcción espectacular y que cada vez que la recuerdo me aterroriza pensar que ya no existe.

En la ruta de regreso a Kermán, visitamos el mausoleo de Shah Nematollah Vali y el jardín de Shazdeh en Mahan. En las entradas y salidas de las ciudades y pueblos de Irán hay multitud de homenajes a los mártires locales de la Guerra entre Irak e Irán.

En Kermán no hay que dejar de ver el complejo Ganj Alikhan, el Bazar y la mezquita Jame. Para acceder al interior de las mezquitas, los hombres y mujeres lo hacen por sitios diferentes. Hay que tener el máximo respeto y no hacer fotografías en el interior.

El siguiente punto de nuestro viaje fue la ciudad de Yazd, conocida por su parte antigua, con el complejo Ganj Alikhan, el Bazar, la mezquita Yame, el templo de Fuego de los zoroastrianos y las torres del Silencio.

Al día siguiente, salimos dirección a la ciudad de Isfahan, en mi opinión una de las más bellas en especial por la impresionante plaza del Imán (Emam Khomeini) y por su relajante ambiente. Isfahan es como un gran bazar, especialmente la zona centro alrededor de la plaza del Imán. Tener cuidado en esta zona, es la más turística y hay que vigilar algo más. En una tienda que vendían alfombras y en la que estábamos inmersos en pleno regateo, entraron una pareja de jóvenes italianos que hacía unos minutos les habían parado tres personas que se hicieron pasar por policías y cuando les pidieron la documentación les robaron la cartera. Como precaución, dejar la documentación en el hotel.

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Publicado por Chiqui el 27 de Julio de 2007

IránAntes de meternos en harina deciros que la información que sigue a continuación es del año 2000, hace siete años y con toda seguridad alguna parte puede ser algo diferente, además han habido cambios políticos que seguramente hacen bastante más complicado el viaje para un occidental.

Nuestro viaje se inició varios meses antes con los trámites burocráticos. Por cierto, hay que evitar que el pasaporte tenga visas de Israel. Para obtener el visado de entrada es necesario varias fotografías y las mujeres se las deberán hacer con la cabeza cubierta por un pañuelo, aunque no es necesario que sea negro. Hay que llevar la documentación a la Embajada de la República Islámica de Irán en Madrid. Nosotros la enviamos por mensajero y la recogimos por el mismo sistema. No es un trámite muy largo, pero os aconsejo realizarlo con tiempo para evitar sorpresas de último momento.

La indumentaria es uno de los puntos más complicados, especialmente para las mujeres. Los hombres ya no vamos de vacaciones con corbata, una prenda no utilizada en Irán. Para las mujeres lo mejor es ponerse un vestido negro sin mangas, que la falda sobrepase la rodilla, por debajo del vestido unos pantalones y la cabeza cubierta con un pañuelo…

En 2000, aceptaban las tarjetas Visa y MasterCard, pero no American Express. Se pueden utilizar en tiendas y en hoteles. También es bueno que llevéis euros en efectivo para evitaros algún día de aquellos que nadie ha cambiado y no te aceptan tarjetas.

Es un país seguro, a pesar que vivimos de cerca alguna mala experiencia. La gente es amable aunque intenta no relacionarse mucho con el viajero, a excepción de los vendedores de las tiendas. Te sientes observado más de lo deseado y, aunque no se ve el control, intuyo que saben que haces, a dónde vas y con quién hablas. Como nos gusta ir por nuestra cuenta y sin control estricto, le solicitamos a nuestra guía en Isfahan poder pasear por la ciudad solos y cuando regresamos al hotel la policía se había puesto en contacto con ella para recriminarle y advertirla que si ocurría otra vez le retiraban el carné de guía turístico.

La Guerra Irán-Irak (1980-1988) dejó más de 500.000 muertos solamente en Irán, y por ello detectas que hay una franja de edad con muchos menos hombres que mujeres. Irán es un país joven en el que más del 60% de la población tiene menos de 40 años.

Dicho esto y a pesar de todos los inconvenientes, que los hay, Irán es un país que hay que visitar.

Llegamos al aeropuerto de París Orly para realizar el enlace con el vuelo de Iran Air que nos debía llevar a Teherán. En la sala de espera nos encontramos con las primeras contradicciones. La mayoría eran familias iraníes de clase acomodada residentes en Francia que iban a pasar las navidades a su país de origen. Ninguna mujer llevaba el chador y la mayoría no llevaban la cabeza cubierta. Antes de aterrizar en Teherán todas las mujeres se cubrieron la cabeza con pañuelos. Supongo que hoy en día las cosas han cambiado a peor. Nosotros estuvimos en Irán en la época del presidente Khatami, un hombre que tenía una vocación más aperturista y que la juventud del país valoraba positivamente, o esto era lo que creímos.

A nuestra llegada al aeropuerto de Teherán nos vino a recoger nuestra guía, una mujer joven, menuda, que hablaba perfectamente español.

Tras instalarnos, visitamos el Museo de la Cerámica y del Vidrio, el Museo Saad Abad, el espectacular Museo Nacional de las Joyas y finalmente el Museo del Palacio donde vivió el último Sha. Impresionantes los inmensos salones y las botas de bronce, de tamaño descomunal que uno se encuentra a la entrada del palacio y que correspondían a una escultura gigante del Sha Mohammad Reza Pahlevi que lamentablemente la revolución Islámica destruyó.

Teherán está situada al pie de las montañas Alborz y por muchas calles baja el agua por canales.

Al día siguiente salimos en avión hacia Shiraz para visitar Persépolis, ciudad construida por Darío I en el año 512 a.c. y primera capital del Imperio Persa. El lugar es como un horno y hace un calor insoportable. Seguimos viaje por el desierto hasta Naghsh-e-Rostam,  dónde encontramos las tumbas excavadas en la roca de Dario I, Darío II y Xerxes I. Antes de regresar al hotel nos tomamos, en una casa de té excavada en la roca, un refrescante chai (té). En Shiraz hay que hacer una parada obligada en la ciudadela de Karim Khan.

Irán

Continuará…

Publicado por Chiqui el 20 de Julio de 2007

Viene de Las miniguías de Albert. San Petersburgo I

San Petersburgo

Nosotros estuvimos allí tres días. Aquí os dejo un pequeño resumen de nuestras andanzas por si os puede servir de ayuda.

El primer día y a eso de las nueve y media, iniciamos la ruta en la espectacular Plaza del Palacio (Dvortsovaya Ploshchad), donde en el centro se encuentra la Columna de Alejandro de 47 metros y medio y que conmemora la victoria sobre Napoleón en 1812. Es digno de admiración los dos edificios en curva unidos por un arco que en la parte superior descansa un carro de la victoria. El Palacio de Invierno es el edificio principal. Con una decoración algo rococó (verde, blanco y dorado), alberga el Museo del Hermitage. Antes de acceder al museo se puede visitar la puerta principal (portico) del Gran Hermitage que se encuentra en la calle Milloinnaya Ul, tiene unas impresionantes columnas de granito negro que representan a unos atlantes.

A las diez y media, el Museo del Hermitage abre sus puertas. Seguro que vais a encontrar centenares de personas. Por eso, os recomiendo comprar las entradas anticipadamente por internet. También es importante llevar programadas las salas que queréis visitar. Nosotros estuvimos menos de tres horas y logramos ver casi todo lo que nos interesaba. Desde la web del propio Hermitage, por cierto magnífica, podréis programar vuestra visita.

A la salida del museo por la puerta que da al río Neva, tienes una magnífica vista de la Fortaleza de Pedro y Pablo, de los puentes Troitski y Dvortsovi, de las columnas rostales y de los Palacios Museo de la isla Vasilevski. Seguimos ruta siguiendo el Neva hasta la Plaza del Palacio y continuamos por un largo paseo arbolado hasta llegar al Almirantazgo, edificio singular por su afilado capitel dorado. Al final, llegamos a la plaza Dekabristov donde encontramos la estatua (jinete de bronce) más famosa de Pedro el Grande.

A eso de las dos, y cruzando los jardines de la plaza, nos encontramos con la imponente Catedral de San Isaac que tiene una de las bóvedas más grande del mundo. Ésta es una buena zona para comer algo y seguir ruta. Después de llenar el estómago, cruzamos la plaza Isaakievskya y el canal Moika y seguimos por la zona Kazanski hasta llegar a la plaza Teatralnaya (Teatro Mariinsky). Desde este punto iniciamos el regreso por pequeñas calles. Cerca encontramos uno de los puentes más destacados el Lvini most en el canal Griboedova. Se puede seguir este canal hasta llegar a otro puente espectacular: el Bankovski most. Desde este punto hasta la imponente Catedral de Nuestra Señora de Kazán es un paseo (acabamos a aproximadamente a las cuatro). El puente Kazanski tiene una magnífica vista de la Iglesia de la Sangre Derramada. En esta esquina con la Nevski pr. encontramos el edificio Singer (ahora un tienda de recuerdos y libros).

El segundo día y también a las nueve, salimos de la Plaza del Palacio y fuimos hacia el Río Neva, cruzamos por el puente Dvortsovi hasta llegar a la isla Vasilevski. En la plaza Birzhevaya está el Museo Naval, el de Zoología y las dos columnas rostrales. Seguimos por el puente Birzhevoi hasta llegar a la Fortaleza de Pedro y Pablo (en una hora aproximadamente). En la Catedral de San Pedro y San Pablo están las tumbas de los Zares. Salimos de la fortaleza por el puente Lannovski. Si os gusta el tema militar no hay que perderse el Museo de Artillería (en el interior hay una curiosa tienda de miniaturas).

Al cruzar el puente veremos la Mezquita con azulejos azules, y siguiendo por el dique nos encontraremos con la casita de Pedro, considerada la primera construcción de la ciudad. La ruta continúa cruzando el puente Troitski hasta el Campo de Marte y los Jardines de Verano, desde donde se llega a la Iglesia de la Sangre Derramada.

Después de visitarla, seguimos hasta la plaza Iskusstv en dónde se puede visitar el Museo Ruso con su impresionante colección de iconos. A la salida, a eso de la una, podemos aprovechar para comer alguna cosa y seguir nuestra ruta por la Nevski pr. Allí, no hay que pasar de largo por el edificio del antiguo supermercado Yeliseyevskey, ahora cerrado, y las numerosas tiendas. Por fin se cruza el puente Anichkov y se llega a la estación de Moscú. En ese momento, los pies se merecen un descanso.

El tercer día ya es algo más tranquilo. Se puede empezar la ruta a las diez y media, frente a la puerta del Museo del Hermitage que da al río Neva, donde se encuentra un embarcadero desde donde salen unos barcos rápidos que nos llevarán, por el golfo de Finlandia, a Petrodvorets en unos 30 minutos. Es el Palacio Imperial más impactante cerca de San Petersburgo. Hasta llegar a la impresionante Gran Cascada y al Gran Palacio paseas por un parque exuberante de vegetación y agua.

Por último, reseñar que San Petersburgo es una ciudad cara, muy cara para el turista. En todos los museos, palacios o iglesias se paga. Los restaurantes también son caros, sobre todo los que están cerca de lugares turísticos. Os recomiendo el Matrosskaya Tishina, un estupendo lugar para comer pescado fresco del golfo de Finlandia.

Petrovorets

Viaje realizado en junio 2007

Publicado por Chiqui el 11 de Julio de 2007

San PetersburgoEn sólo 300 años desde su fundación por Pedro el Grande, San Petersburgo ha logrado aportar a la cultura mundial un sinfín de artistas de la talla de Mendeleev, Malevich, Kandinsky, Stravinski, entre otros muchos. Pasear por sus calles y avenidas es como una lección de historia viva, edificios barrocos, neoclásicos, disfrutar de la colección de iconos del Museo Ruso, la escalinata del Jordán y las salas dedicadas a la pintura francesa de los siglos XIX y XX con obras de Monet, Degás, Picasso, Gauguin… del Museo del Hermitage, y como no, las fuentes del palacio de verano de Petrodvorets. Esto es solamente un aperitivo de una de las ciudades mas majestuosas del mundo.

Para poder viajar a la Federación Rusa es indispensable un visado que emite la Embajada de la Federación de Rusia en España (Madrid) o en el Consulado General de la Federación de Rusia en Barcelona. Si viajas organizado, la misma agencia os tramitará los visados, si viajas de forma individual deberás reservar un hotel y que te manden el “voucher” y la confirmación de recepción de turista extranjero (confirmation letter), este documento debe estar en ruso. Deberás rellenar un impreso y pegar una foto, además de ser imprescindible disponer de un seguro de viaje de unas compañías concretas. Con toda esta documentación y el pasaporte en vigor (debes tener dos páginas seguidas libres) se debe ir a la Embajada o Consulado de Rusia y tramitar el visado previo pago correspondiente. En unos días se debe ir a recoger el pasaporte. Tormento ya sabe lo que es eso…

Arreglado esto, llegamos al aeropuerto de San Petersburgo (Pulkovo-2) alrededor de las 22:30 a pleno sol, como si fueran las seis de la tarde en España. Durante estos meses se hace de noche entre la 1 y las 4 de la madrugada (noches blancas). En cuanto a sus gentes,lo que se dice simpáticos los rusos no lo son, más bien al contrario, beben cerveza y vodka a litros y cogen unas cogorzas de mucho cuidado. Por todos los rincones de la ciudad encuentras botellas vacías de cerveza.

Ya instalados, asistimos a un concierto de la London Symphony Orchestra bajo la dirección de Valery Gergiev con motivo del Festival Estrellas de las Noches Blancas en el moderno Mariinsky Theatre Concert Hall. Interpretaron obras de Igor Stravinsky, Sergei Prokofiev y de Claude Debussy. Vadim Repin fue el solista de una velada inolvidable de buena música. Si sois amantes de la ópera o el ballet no debéis perderos el Teatro Mariinsky, uno de los recintos míticos del mundo.

Pasear por San Petersburgo es todo un espectáculo. Aunque eso sí, prepararos para andar mucho, la ciudad es inmensa. Hay poca gente que hable en inglés, todo está en alfabeto cirílico y coger el transporte público es una epopeya. Por ejemplo, el metro. En las estaciones que hay varias líneas, y dependiendo de la línea, cada estación tiene un nombre diferente.

San Petersburgo

Continuará…

Publicado por Tormento el 5 de Julio de 2007

ChocolateAunque mis aventuras de Priscilla, la reina del desierto manchego, acreditan que me encuentro en Madrid, lo cierto es que nos dejamos inconclusa la aventura del barco en el Volga y la nueva Rusia.

Tras nuestros intentos de supervivencia en el Motorship Lenin y en el Moscú lleno de tiendas caras, pusimos rumbo a San Petersburgo. Ya nos habíamos informado de que lás únicas rutas de escape eran Yaroslav y Kostroma, sitios que nos sonaban a plan quinquenal y a gulag ruso. Optamos por Kostroma convencidos de que tenía aeropuerto. ¡Craso error! La pista de tierra apta para Tupolevs no lo era para mi delicado sistema nervioso. Así que la única opción era la vuelta por carretera que un optimista de la agencia que no había estado nunca allí consideró que cubriríamos en unas “cuatro horitas”.

Pasamos montaditos en el barco por Uglich, Yaroslav y Kostroma y seguimos percibiendo las contradicciones de una sociedad llena de nuevos ricos y pobres que no se recuperaran jamás: puedes tomarte un café en un local de diseño en Yaroslav enfrente de un Mango inaccesible para la media de los rusos, como puedes encontrarte en los alrededores de los mercados mujeres mayores que venden plantas y flores arrancadas del campo. Su situación es tan precaria que te las ofrecen sin maceta, encajados en el culo de una botella de plástico o en una simple bolsa.

Pasé dos noches angustiada pensando ¿se acordarán de venir a por nosotros? Y se acordaron. Si algo he de destacar de los rusos es su seriedad cortante y su puntualidad británica. Las cuatro horitas se convirtieron en más de seis con tramos de carretera tan perjudicados que íbamos a 20 por hora con el convencimiento de que reventaríamos seguro las ruedas. Pasamos de casas cobertizo a los centros comerciales de las afueras de Moscú, que a la una de la mañana era una dama serena iluminada y espléndida.

Nos alojamos en el Metropol enfrente del Teatro Bolshoi, un lujazo art-decó que, tras las estrecheces del barco, nos supo a gloria. Al llegar ajados y sudorosos tuvimos un conato de enfrentamiento con unos guardaespaldas patibularios, con mirada Putin, que custodiaban la salida de sus protegidos del casino del hotel a un Hummer blanco limusina. Hay que decir que el Metropol es un conocido centro de negocios del “nuevo empresariado ruso”.

Tras saludar a las pilinguis del hall y registrarnos, pasamos una noche reparadora en una habitación en la que me habría quedado descansando una semana. A la mañana siguiente desayunamos en un salón sacado del lujo de principios del siglo XX con una arpista impecablemente vestida de largo, con traje aguamarina, joyas y zapatos forrados en satén haciendo juego.

Y se acabó lo que se daba: trote al aeropuerto; escala en Milán; intervención de mis botellas de vodka; se me hincha la vena y me bebo a morro la botella antes de dejársela a la impotable del control; gresca y feliz regreso a Madrid con una tajada de espanto.

Próxima parada: San Francisco.

Publicado por Chiqui el 29 de Junio de 2007

Viene de  Las miniguías de Albert. Namibia I

Namibia

Decidimos ir al corazón de Kaokoland (cerca de la frontera con Angola) para conocer in situ la tribu de los Himba. Aunque la mayoría de turistas visitan el cercano parque nacional Etosha, nosotros no fuimos ya que nuestro viaje continuaba hacia el Delta del Okawango y el parque nacional Chobe en Botsuana, dos de las zonas más espectaculares del mundo para ver fauna africana en su verdadero habitat.

Después de un buen almuerzo, iniciamos una larga ruta hasta llegar Opuwo, capital de Kaokoland en dónde es fácil ver a mujeres Himba comprar en el supermercado. Todas ellas se recubren el cuerpo con una mezcla de arcilla rojiza, manteca y yerbas para de esta forma protegerse del sol. Llevan mini falda de cuero y adornos hechos de conchas, metal y cuero. Sus peinados son muy curiosos, se hacen unas trenzas con la mezcla de arcilla y manteca y con adornos de cuero. Nosotros pudimos visitarlas en sus poblados.

Es un pueblo semi-nómada que vive de sus rebaños, pero su habitat y costumbres están cambiando. Desde la independencia de Namibia en 1990, se ha incrementado la afluencia de turistas, y con el dinero “fácil” que obtienen por las fotos que les hacen, los hombres compran alcohol. Así que es acosejable adquirir alimentos en la ciudad y ofrecerlos en lugar de dinero. Nosotros lo hicimos así y conseguimos un buen reportaje.

Cuando hicimos el viaje no era posible visitar la zona del Caprivi Este. Se trata de una zona espectacular y poco visitada, aunque muy peligrosa según nos comentaron. Además es un punto de acceso a Botsuana (Parque Nacional Chobe) y a Zimbabue (Cataratas Victoria).

Desde allí, iniciamos ya el regreso hacia Windhoek. El primer día llegamos a Twyfelfontein donde encontramos un gran galería de arte al aire libre de grabados en la roca. En esta zona habitan los Damaras y los Hereros. Tuvimos la oportunidad de visitar una escuela y a nuestro regreso a Barcelona les enviamos varias cajas con libros y material escolar que nunca llegamos a saber si lo han recibido.

La última noche la pasamos en Omaruru en un lodge de una antigua reserva de caza. Allí hicimos un pequeño safari fotográfico algo penoso ya que los animales parecía que eran de un asilo. En todos los viajes hay un día chungo y éste fue el nuestro.

Se trata de un viaje seguro, con buenos alojamientos y que recomiendo hacer de manera individual. Nosotros contactamos por Internet con Sense of Africa, una empresa local que nos organizó nuestra ruta. Un consejo final: si alquiláis un vehículo tened cuidado, ya que hay muchos accidentes en las pistas. Tienen rectas interminables donde no circula ni un alma pero están repletas de baches.

Namibia II

Viaje realizado en julio/agosto 2002

Publicado por Chiqui el 22 de Junio de 2007

Namibia ILlegamos al aeropuerto internacional de Windhoek procedentes de la vecina  Johannesburgo. Nos vino a recoger Nina Lampe, una joven de descendientes alemanes. Ella era nuestra guía y chofer. Una mujer que nos hacía sentir como tres enanitos ya que media casi dos metros.

Una de las cosas que a un europeo le sorprende al llegar a Namibia es que las grandes ciudades, como la capital Windhoek o Swakopmund, son como si uno estuviera en Munich. Calles, tiendas, bares, restaurantes y la mayoría de población de raza blanca.

Nada más llegar, nos dirigimos hacía la región del sur para visitar las dunas de Sossusvlei en Sesriem. Después de unas seis horas de viaje llegamos al lodge. Después de un dia agotador pudimos recuperarnos con una ducha y una cena bajo la luz de la luna. Probamos carne de cocodrilo, gacela y todo bicho raro viviente, o por lo menos esto era lo que decía el cocinero.

A la mañana siguiente fuimos a visitar las famosas dunas de Sossusvlei en el parque Nacional Nanib Mauklu.

Todo un espectáculo de colores y sombras. La duna más famosa es la número 45. No hay que perderse la experiencia de subir a una de estas montañas de unos 300 metros de altura y luego realizar un vertiginoso descenso. Tampoco hay que dejar de ver el Cañón Sesriem de un kilómetro de longitud, situado a la entrada del parque.

La mañana siguiente dejamos el lodge e iniciamos el viaje hacia la costa norte. Después de horas de viaje por el más puro desierto llegamos a Walvis Way, una población costera repleta de chalets. Es famosa por la industria pesquera, por su puerto y por los miles de pelícanos que se encuentran en sus aguas.

Seguimos ruta hasta llegar a Swakopmund, ciudad sin ningún encanto y con una apariencia 100% europea. Si queréis tomaros una buena cerveza alemana y salchichas es el lugar ideal. Aunque ya allí, no dejar de visitar la tienda Beter’s Antiques, un paraíso de piezas de calidad. A la mañana siguiente, seguimos la costa norte hasta llegar Henties Bay, una población costera que la verdad tampoco es ninguna maravilla. A pocos kilómetros se encuentra el Cape Cross (Reserva de focas). Hay entre 80.000 y 100.000 de estos animales, pero el olor es realmente nauseabundo.

Después de esta experiencia olfativa, pusimos rumbo al norte y entramos en el parque Costa de los esqueletos. El acceso al parque es algo tenebroso y si viajas por tu cuenta no olvides por nada del mundo llevar combustible suficiente y algo de provisiones. La carretera es una pista de sal totalmente recta en la que se pueden alcanzar velocidades altísimas. Por toda la costa se encuentran antiguos barcos embarrancados. Por fin, llegamos a nuestro lodge en Damaraland a última hora de la tarde.

Namibia II

Continuará…

Publicado por Chiqui el 10 de Junio de 2007

ChiapasEl nombre de Chiapas ha estado relacionado durante muchos años con revolución y con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

Nuestro viaje se inició en Ciudad de México. Después de pasar unos días en esta encantadora ciudad y visitar a unos amigos, volamos a Tuxtla Gutiérrez. Allí nos esperaba Alex, un joven guía con el que habíamos contactado por Internet desde España.

Antes de llegar a San Cristóbal de las Casas, visitamos el cañón del Sumidero, un espectacular recorrido por el río Grijalva y la histórica población de Chiapa de Corzo en la que no hay que irse sin visitar La Pila, Santo Domingo de Guzmán y el Museo de la Laca. Allí a mediados de enero se celebra la Fiesta Grande o de los Parachicos.

San Cristóbal de las Casas está situada a 2.100 metros de altitud y es una de las más bellas poblaciones de estilo colonial de Chiapas. En la actualidad, sigue manteniendo algunas costumbres como si no hubieran pasado los años, como es el caso del mercado en el que los indígenas de las comunidades cercanas van a vender sus productos ataviados con sus coloridos vestidos tradicionales. Visitamos y disfrutamos la plaza 31 de marzo, el Convento de Santo Domingo, el Mercado Municipal y el Museo del Ámbar. Es una población con mucha animación en su calles, hay numerosos restaurantes y bares con música para pasar una agradable velada.

A la mañana siguiente, fuimos a conocer las comunidades indígenas de San Juan Chamula y San Lorenzo de Zinacantan. La primera es un centro ceremonial tzotzil donde hay que visitar el cementerio, la plaza central con su abigarrado mercado y la Iglesia de San Juan. A reseñar que no son muy bien vistas las fotografías, por lo que os sugiero el máximo respeto a las personas.

A la mañana siguiente, seguimos viaje hacia Palenque. Antes de llegar visitamos las cascadas de Agua Azul. La antigua ciudad maya de Palenque está situada en medio de la selva. Aunque no nos acompañó la meteorología, pues llovió durante todo el día, es un lugar espectacular en el que destaca el templo de las inscripciones, el palacio, el juego de pelota, el templo de la cruz, etc…

Al día siguiente, salimos de Palenque dirección al río Usumacinta, frontera natural entre México y Guatemala. Embarcamos en frontera Corozal en una lancha y seguimos la caudalosa corriente del Usumacinta durante una hora hasta llegar a las ruinas de Yaxchilan. Esta ciudad maya está en medio de la selva Lacandona, rodeada de una vegetación exuberante, donde continuamente se escuchan a los monos aulladores, todo un espectáculo. Mezcla perfecta de arqueología y naturaleza.

Regresamos con la lancha hasta frontera Corozal para ir a visitar las ruinas de Bonampak también en la selva Lacandona. Llegamos a la comunidad Lacanjá, y saludamos a alguno de sus miembros, que lucen espectaculares túnicas blancas. Bonampak , otra antigua ciudad maya, tiene unas pinturas interesantes.

El último día en México fue todo una aventura, volvimos a frontera Corozal para tomar una lancha y siguiendo el curso del bravo Usumancinta llegar a la otra orilla que es Guatemala (Bethel). Pero eso ya es otra historia que comentaré en una próxima “miniguía” de Guatemala.

Es un viaje seguro, con buenos alojamientos y sitios para comer, que recomiendo hacer de forma individual y fuera de la temporada de vacaciones para evitar en lo posible la masificación y poder así visitar sin prisas estas maravillas arqueológicas escondidas en la selva.

Chiapas

Quiero dedicar esta mini guía a Teresa Gómez, una joven que conocimos en San Juan Chamula y con la que seguimos manteniendo contacto.

Viaje realizado en diciembre/enero 2002-2003

Publicado por Tormento el 8 de Junio de 2007

Viene de Kalinka

Metro de MoscúAprovechando que nos dan la pernocta, nos escapamos a visitar la ciudad antes de que Andreev le dé por zarpar y llevarnos a parajes varios de la profunda Rusia. Yo que siempre voy de empollona gafotas informo a mis compañeros que no muy lejos hay una parada de metro que nos lleva a la Plaza Roja. Preguntamos en recepción, les notamos renuentes. Parece que está por salir una excursión de pago y que nuestra disidencia les costaría 150 euros. Me pongo pesada como sólo yo sé ponerme. Al final nos indican. Un amable austriaco nos acompaña porque está cerca pero de imposible localización.

La estación es la última de la línea, lo que nos indica que estamos allí donde acaba la moqueta moscovita. Hay una cola en una estación cutre para sacar los billetes en la que todo el mundo intenta colársenos. Debemos tener una pinta de turistas de asustar. El famoso metro de Moscú no sé si es el más lujoso (sin ver las estaciones más espectaculares, nos hartamos de ver ámbares, mármoles y bronces) pero sin duda es el más eficiente: pasa un tren cada minuto y cada minuto se llena hasta las trancas.

Todo está en cirilico, así que, intuitivamente, acertamos con la dirección a la que queremos ir. La otra opción habrían sido las cocheras rusas que se me antojan un gulag urbano.

Tras media hora y dejando miguitas para saber volver conseguimos pisar la superficie al lado del Bolshoi. Mi gozo en un pozo: está en obras y no se puede visitar. Hace un frío que pela y se pone a nevar. Mi primera impresión no es buena.

Tiramos para la Plaza Roja que encontramos cerrada por no-sé-qué celebración de la II Guerra Mundial. Lenin enmomiado quedá al otro lado de las vallas y de un señor -con mucha mala leche como la media en este país- que no nos deja pasar. No se lo reprocho. No debe ser sencillo convivir en un sitio en donde los antiguos almacenes GUM socialistas-estatales y fachada mirando al Kremlin- están llenos de lujo occidental, mientras, al lado, en la puerta de la plaza tres mujeres de ropa raída y muchos años se pegan por coger al vuelo las monedas que los turistas echan por encima de sus espaldas mientras posan sobre la chapa del kilómetro cero ruso, en una ceremonia que no viene en las guías. Si te pones mirando hacia la plaza sobre este punto puedes ver la tienda de Christian Dior en los GUM. Mirar hacia atrás y ver esa pobreza es cosa tuya. Hasta en la pobreza hay grados: mientras las tres cazadoras rechazaban algunas monedas por ser insignficantes, a nuestra vuelta de Kostroma pude comprobar que una mujer de iguales características intentaba sacar de entre los ladrillos del suelo las monedas que las otras no querían. Aquí, para algunos, 10 rublos (28 céntimos) hacen la diferencia.

A la media hora hacía sol y nos encaminamos a los sitios clásicos para hacer el turista, mientras merodeadores de orejas despegadas y cazadoras cortas nos acechaban a la espera de levantarnos todo lo que llevábamos encima. Sacaron fotos (yo es que soy alérgica), nos compramos los gorritos de rigor y la botella de vodka que luego me intervendría una petarda en Milán (como véis queda mucho por contar).

De camino a Arbat veo el concesionario Rolls-Royce. No me extraño, la ciudad está petada de los mismos coches caros (aunque más abundantes), las mismas tiendas caras y las mismas cadenas de ropa que en cualquier capital europea. Si había algún encanto en la estética soviética, ya sólo queda en el logo del metro.

Nos vamos chutando que Andreev nos espera, no vaya a ser que no encontremos las miguitas y tengamos que quedarnos aquí recogiendo kopecks en la Plaza Roja.

Publicado por Chiqui el 31 de Mayo de 2007

 Viene de Las miniguías de Albert. Uganda I

Gorilas en UgandaNos alojamos en el único campamento que está en el interior del parque, el Gorilla Forest Camp. A primera hora de la tarde realizamos una visita a las tribus de la zona. Los pigmeos Batwa pueden considerarse descendientes de los primeros pobladores de la zona. Habitan en medio de la selva, en pequeños núcleos de chozas en la misma frontera del parque nacional. En este paseo, fuimos acompañados por un guía y dos fornidos militares ugandeses armados. En marzo de 1999 fueron secuestrados y asesinados ocho turistas alemanes en esta zona, parece ser por los furtivos. Es muy curioso ver que la fisonomía y sonidos de los Batwa es muy parecida a la de los gorilas.

Al llegar al campamento nos encontramos a un grupo de personas que parecía que venían de la “guerra”. Lo cierto es que llegaban del trekking para ver los gorilas de montaña y francamente estaban destrozados. Aunque eso sí, descubrieron que tres curvas antes de llegar a Buhoma se podía utilizar el teléfono móvil.

Nos quedamos como los únicos turistas en el campamento, y después de descansar en nuestra tienda nos fuimos a cenar. Nuestra sorpresa fue que la dirección nos organizó una cena sorpresa para nosotros dos, algo inimaginable en estos lugares inhóspitos del mundo, un cocinero, dos camareros, velas… Todo una bacanal de comida que francamente agradecimos ya que durante los días anteriores la alimentación fue bastante escasa. No precisamos música, por que la teníamos en los ruidos de la selva. Parecía la última cena… Lo cierto que fue de gran ayuda para la epopeya que nos esperaba el día siguiente.

Por cierto, me gustaría dedicar este pequeño relato a Caesar Opoo, Philemon Tumwbaze y Kule Zaliphonse por la velada inolvidable que nos hicieron pasar.

Para poder acceder al parque y hacer el trekking de los gorilas es imprescindible obtener con muchos meses de antelación un permiso personal e intransferible y para un día concreto. Podéis informaros en la página específica de la web de la UWA. Por cierto, y como es costumbre, previo pago de 20 dólares americanos. Se puede obtener el permiso para uno, dos o tres días ya que no es seguro divisarlos. Solamente dan 16 permisos diarios por lo que es importante si se quiere hacer este trekking, conseguir primero el permiso y luego organizar el resto del viaje.

Os recomiendo ir bien equipados: camisa de manga larga a poder ser de algodón, pantalón largo, botas de trekking de media caña, una pequeña mochila con algo de alimento y líquido y no dejaros una cámara fotográfica, aunque por lo que os comentaré más adelante, es mejor una cámara de video.

GorlasMuy alegres y animados desayunamos y nos preparamos para la aventura. Llegamos al punto de encuentro a la hora y allí nos solicitaron el permiso y el pasaporte (debe coincidir nombre y número). Nos explicaron el trekking y lo que se debía hacer cuando te encuentras con los gorilas. Nos dividieron en grupos ya que cada uno visita una zona diferente del parque y por consiguiente a un grupo o familia de gorilas. Nosotros fuimos al encuentro de la familia de Rushegura. El grupo estaba formado por una pareja holandesa, otra americana y nosotros. Te recomiendan coger un bastón y antes de salir se te ofrecen porteadores. Si vas con un equipo pesado de cámaras y ya tienes unos años, como es mi caso, ninguna de las dos cosas sobra.

Acompañados por un guarda del parque y por los dos militares armados de rigor, nos adentramos a buen ritmo en una inmensa masa de vegetación. Tuvimos que andar más de cuatro horas, subiendo montañas, bajando, cruzando ríos, etc. Aunque me considero que estoy bien preparado físicamente, y que hago caminatas por la montaña, en algunos momentos parecía un “saco de patatas”. Me caí en varias ocasiones por la alta vegetación, supongo por el cansancio y por la alta humedad y reconozco que en algún momento estuve hasta el “gorro” de aquello. Mi cara era un drama.

Una parada y después de reponer las fuerzas, seguimos la excursión… y finalmente nos encontramos con el grupo de gorilas de montaña.

CertificadoNo me considero un apasionado de los animales, pero ese momento es único, increíble… Todas las expresiones son pocas. Encontrarse a menos de cinco metros de estos espléndidos animales y en su propio habitat es algo indescriptible. Es difícil fotografiarlos ya que ellos se mueven entre la densa vegetación, y aunque “casi los tocas”, se mueven mucho y francamente es difícil obtener una buena imagen. El video es más sencillo en estos casos. Nosotros pudimos divisar un gran grupo con el macho dominante “espalda plateada”. Durante una hora estás junto a ellos, en silencio, y sin hacer movimientos bruscos. A pesar del esfuerzo físico que me significó, realmente vale la pena.

Como en todos estos casos al finalizar el tracking te entregan el certificado acreditativo. Cumplido el propósito del viaje, iniciamos el viaje de regreso a Kampala y de allí, vuelta a la jungla de asfalto.

Viaje realizado en diciembre/enero 2004-2005

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