Separados por miles y miles de kilómetros, chinos y españoles tenemos una costumbre común muy arraigada: las tapas.
Aunque las formas son diferentes muchas veces este tipo de alimentación sustituye a la tradicional comida o cena de mantel y cubierto. Mientras nosotros lo hacemos alrededor de unas cañitas o similares y dentro de un bar, ellos lo hacen en la calle (allí es muy casi imposible encontrar lo que tradicionalmente conocemos como bar) y normalmente a palo seco.
A poco que pasees por el centro de una ciudad de la República Popular, constantemente verás a un chino comiéndose un tentempié de diferentes formas y colores. Ensartan a modo de pincho moruno cualquier cosa, ya sea animal o vegetal, que sea susceptible de llevarse a la boca… y se lo comen.
Claro ejemplo de la oferta gastronómica que se ofrece a los clientes es el mercado nocturno de Donghuamen en pleno centro de Pekín. Junto a zumos, frutas y algún que otro manjar medianamente reconocible se alinean toda clase de bichos que no sabía ni que existían. Todo un reto para estómagos escrupulosos.
Y lástima que las cámaras de vídeo todavía no puedan grabar los olores…
Últimamente, me he embarcado en más aviones de lo habitual. Y eso me ha recordado que ya sea un vuelo largo de 9 horas o uno más normalito de poco más de un rato, te tienes que enfrentar con algo casi peor que pasar medio día embutido dentro de un tubo de hierro a más de 10.000 metros de altura: los aeropuertos.
Estos conglomerados de pasillos, cemento y cristal se han convertido en monstruos de múltiples cabezas y brazos extensibles por los que circulan cientos de diminutos humanos en busca de un resquicio en la bestia para escapar y montarse en su avión o salir al mundo exterior.
Una vez que has llegado al control de accesos, te has identificado y has desnudado tu intimidad en una diminuta caja rectangular, cientos de posibilidades se abren ante tus ojos: pasillo a la derecha, pasillo a la izquierda o escaleras mecánicas al frente (cada una con sus consiguientes ramificaciones). Y eso, cuando no tienes que montarte en un trenecito que te lleve de una terminal a otra, aunque hayas accedido por la puerta correcta.
Ya dentro del avión, pero dentro del “espacio aeroportuario terrestre”, normalmente tienes que añadir más de 15 minutos de paseo turístico por las pistas hasta que el aparato en el que te has metido llegue a cabecera y empiece a funcionar para lo que está diseñado: volar.
Repítase la operación una vez que se ha aterrizado y antes de abandonar de una puñetera vez el aeropuerto de la ciudad de destino.
Eso sí, todoarquitectocontemporáneo que se precie cuenta en su currículo con un aeropuerto. A mayor gloria de su ego y bolsillo, mal que les pese a sus sufridos usuarios
A este paso, ademár de twittear, se va a poder ver una temporada completa de Perdidos en un trayecto Madrid-Barcelona… eso si entre tanto diseño y “espacios abiertos” hubiera mucho más WiFi.
Quien llegue a la isla de Hong Kong en el ferry que la une con la parte continental podría pensar que debajo de los impresionantes rascacielos que la adornan (que no son más que un monumento de cemento y cristal a la codicia de unos cuantos que ahora pagamos todos nosotros), hay un inmenso parque temático del lujo donde las más reconocidas marcas de moda compiten por tener los espacios más exclusivos y los dólares honkoneses son plantas de crecimiento espontáneo.
Pero nada más alejado de la realidad. Unos metros (y digo metros) más allá aparece el Hong Kong de verdad. El de las personas que mantienen el sistema pero no se benefician de él. Gente de todas las nacionalidades, razas y colores se entremezclan en Cochrane Street intentando comer algo en alguno de los miles de puestos callejeros antes de volver al trabajo.
Lástima que los olores todavía no se puedan apreciar en un video…
Sigo emulando a Eduardo. Y de la colección “Viendo pasar gente”, hoy traigo Pekín. Una tarde de domingo primaveral en Dazhaban Dajie, una de las calles comerciales más frecuentadas del viejo Pekín.
Señores pasajeros, bienvenidos al vuelo KL897 con destino Pekín. Por favor, abróchense los cinturones y pongan su asiento en posición vertical. Despegamos.
Así es, Chiquiworld al completo se va de nuevo al paraíso de los rollitos, las copias , el kung fu y algunas otras cosas más… Esperemos que el cable de fibra que hemos tendido hasta allí funcione y podamos mandar alguna cosilla para que esto no se quede muy soso.
De todas formas, algo seguro que habrá… Además, enseguida volvemos, aunque alguna tardará más que otros.
Varanasi. Desde Khajuraho tomaremos un avión para llegar a la espiritual ciudad de Siva, Varanasi (Benarés). Es un lugar de encuentro de la vida y la muerte, entre lo físico y espiritual, de salvación y esperanza.
Hay pocos lugares en India tan carismáticos y sobrecogedores a la vez. Es uno de los lugares más sagrados del país y lugar de peregrinación de los hindúes que llegan hasta aquí para incinerar a sus familiares o lavar sus pecados en el contaminado río Ganges (la gran madre).
Cuando la visité en 1982 he de reconocer que me impresionó. El casco antiguo era agobiante, calles estrechas (galis), suciedad, gente moribunda, vacas sagradas, parecía que estuvieras en otro mundo.
La vida espiritual de esta ciudad gira en torno de los Ghats, cadena de escalinatas que se sumergen en las aguas del Ganges y que se utilizan para realizar ofrendas, bañarse e incinerar a los difuntos. El mejor momento para visitar los ghats es al amanecer, cuando los peregrinos acuden a realizar sus ofrendas y oraciones (puja) al sol naciente, y al anochecer, cuando se celebra el ganga aarti (diariamente a las siete de la tarde) en el Dasaswamedh Ghat.
Uttar Prade. Desde Jaipur nos dirigiremos a Agra, en el vecino estado de Uttar Pradesh (a unas 6 horas en autobús).
Agra es mundialmente conocida por el Taj Mahal, el edificio más bello del mundo construido por amor por el emperador Sha Yahan en memoria de su segunda esposa (Mumtaz Mahal), que falleció al dar a luz a si decimocuarto hijo. Mas de 20.000 obreros indios y persas dedicaron 20 años a la construcción de este maravilloso mausoleo.
Se podrían decir muchas cosas de él, pero una imagen vale más que mil palabras. Lo mejor es visitarlo a primera hora de la mañana (a eso de las 6 de la mañana). Los primeros rayos de sol sobre el majestuoso edificio de mármol blanco dan una sensación espectacular, además de evitar las sempiternas aglomeraciones. El edificio se encuentra sobre una plataforma elevada al final de un jardín ornamental cuadrado dividido por canales con agua. Todo el conjunto es de una enorme belleza.
Bajo la cúpula principal encontramos la tumbas falsas de Mumtaz Mahal y Sha Yahan. Las verdaderas se encuentran en una sala subterránea a la qes imposible acceder.
Otro edificio a resaltar de Agra es el Fuerte Rojo, un imponente edificio de arenisca roja con salas de una delicadeza exquisita. Está a orillas del río Yamuna y tiene una excelente panorámica del Taj Mahal. Se accede por la majestuosa puerta de Amar Singh. La sala de Audiencias (Diwan-i-Am), la sala de Audiencias Privadas (Diwan-i-Khas) donde estaba el famoso trono del Pavo Real, la pequeña pero exquisita Nagina Masjid (mezquita de las Gemas) o los muros con pequeños espejos incrustados del Shish Mahal (palacio del Espejo) son algunos de los espacios más interesantes de este conjunto arquitectónico.
Rajastán. Después de estos primeros días en Delhi, nuestro viaje sigue dirección al Rajastán. Por carretera nos dirigiremos a Bikaner y durante el trayecto pasaremos por Jhunjhunu y Mukandgarh. En esta última ciudad se puede visitar el fuerte y las suntuosas residencias típicas del Rajastán “havelis“.
El Fuerte Junagarh en Bikaner es un edificio impresionante que fue construido entre 1588 y 1593. Se accede a él por la puerta del Sol (Sujarpol). Los palacios de Diwan-i-Khas, Phool Mahal (Palacio de las Flores) y Hawa Mahal son algunos de los más bonitos. También es recomendable recorrer las estrechas calles de su casco antiguo en las que podremos contemplar antiguas havelis y templos jainiés, especialmente aconsejable el de Bhandasar, por su belleza excepcional.
El Palacio de Lalgarh que se encuentra a pocos kilómetros del centro de Bikaner, fue construido por el marajá Ganga Singh. Allí hay que ver el museo de Sri Sadul que se encuentra en la primera planta. Por si alguien se anima, es posible alojarse en el Palacio.
Como ya comenté en una anterior mini guía sobre India del Sur, India es por si sola un continente con una enorme amalgama de pueblos, gran diversidad de tradiciones y una cultura muy rica. Este país es uno de los que más me ha impresionado de todos los que he visitado hasta el momento.
El primer viaje lo hice allá por el año 82. He vuelto alguna vez que otra y el último, sólo por el momento, fue en 2003. El cambio que ha sufrido en estos 21 años ha sido radical. Aquellas pequeñas poblaciones rurales de antaño han pasado a ser enormes ciudades, con edificios de viviendas, empresas modernas, etc.
Aunque está todo un poco más organizado, sigue predominando el caos. De todas formas, no soy objetivo. Allí fue mi primer viaje al continente asiático y desde el primer momento quedé fascinado por este inmenso país, y en especial, por la amabilidad de sus gentes y la sonrisa de los niños. Siempre me he encontrado como en mi propia casa.
Esta mini guía pretende ser la suma de varios viajes, que para hacerla más comprensible he unido en uno, pero separado en tres grandes bloques:
Delhi y Rajastán.
Uttar Pradesh, Khajuraho, Darjeeling y Sikkim.
Amritsar, Cachemira y Ladakh.
Una vez hecha esta pequeña introducción, manos a la obra…
La isla de La Gomera es otro de estos lugares ideales para perderse. Aunque allí hay mucho más turismo que en El Hierro, que son dos islas muy cercanas pero muy diferentes.
Varios ferrys diarios de las compañias Armas y Fred.Olsen unen el puerto de Los Cristianos, en el sur de Tenerife, con San Sebastián de la Gomera. Los más rápidos tardan poco más de 30 minutos. También se puede acceder en avión desde el aeropuerto de Tenerife Norte o desde el de Las Palmas de Gran Canaria con Binter Canarias.
Su orografía, que ofrece parajes insólitos con grandes barrancos como la la isla de los barrancos, está configurada por una gran meseta central de unos 1.000 metros de altitud en la que sobresale el Alto de Garajonay de 1.475 metros.
El Parque Nacional de Garajonay fue incluido entre los bienes que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1986. Además, los vientos alisios que azotan la isla, su clima con nieblas frecuentes y una elevada humedad configuran una masa boscosa de monteverde (laurisilva y fayal-brezal) única en Europa, una verdadera selva.