La botella de cristal de Coca-Cola es, desde 1894, uno de los objetos más reconocibles de la marca de refrescos con base en Atlanta. Su diseño, que con leves retoques ha durante años y años, es un icono de lo duradero de un buen diseño.
Artistas, diseñadores e incluso espontáneos han puesto su creatividad al servicio de este pequeño trozo de vidrio de curvas tan familiares. Por mucho que se “tuneen”, siempre se puede apreciar que es una Coca-Cola
Aparte de éstas, una muy pequeña muestra, hay danzando por el mundo miles de versiones diferentes, muchas de ellas recopiladas en Coca Cola Collectibles, Robbo’s o Critterbob.
[The Daily Figure] Esta bitácora tiene tan solo doce anotaciones, pero para todo aquel que le guste la ilustración y el dibujo debe ser una de las lecturas indispensables en su lector de feeds.
Se trata de The daily figure, de Kyle T. Webster, un ilustrador que es colaborador habitual del publicaciones tan prestigiosas como New Yorker, The New York Times o BusinessWeek. Además, y por los comentarios que pueden leerse en el blog, parece un tipo realmente simpático.
Utilizando el Painter, Kyle nos regala diariamente con un estudio del cuerpo humano. Con escasos y muy cuidados trazos realiza composiciones extremadamente sencillas y maravillosamente elegantes.
Un auténtico regalo diario para disfrutar y aprender.
El 15 de agosto de 1998, Apple lanzó el primer iMac. Una década después, y tras pasar por diferentes restylings, sigue siendo tan innovador y “diferente” comocuandoapareció.
Biblioteca Pública de Chicago. “La a es la primera letra del alfabeto. Hay 25 más. La Biblioteca Pública de Chicago tiene todas ellas. En combinaciones algunas de ellas muy interesantes “.
Litografía realizada por John Rieben. 1965-1966. Actualmente en el MoMA de Nueva York.
Para todo aquel que esté interesado en el mundo de la prensa en general y en su diseño en particular, no puede dejar de pasarse por en caja baja, donde están elaborando un diccionario de términos relacionados con el diseño en prensa
De nombre Diseñario, sus autores, profesionales de la maqueta, definen con sabiduría y buen humor los términos que utilzan a diario y que fuera de una redacción sonarían a chino.
Ahora han hecho una pausa por vacaciones, pero prometen volver en septiembre para culminar este ilustrativo trabajo.
Además esta bitácora, que por estas fechas cumple su primer año, está llena de contenidos interesantes y de actualidad sobre “todo lo relacionado con la prensa, su diseño y los diseñadores. Con especial atención a los casos prácticos, es decir, al día a día en un periódico. A sus páginas.”
Anotaciones de rabiosa actualidad para un medio, que según dicen algunos, no todos, está en peligro de extinción.
La letra impresa está presente en nuestro mundo constantemente. De principio a fin. A lo largo de nuestra vida sólo va cambiando la forma en la que se nos representa, esto es, en su tipografía.
Nuestra existencia en poco más de tres minutos, desde que nos conciben hasta que somos propietarios de una parcelita en el más allá. Y siempre acompañados por esos 26 caracteres de diseños cambiantes. Una delicia.
Esta animación fue creada para presentar el Typophile Film Fest 4, un evento que organiza Typophile, una comunidad colaborativa internacional online creada hace siete años y que reune a diseñadores, tipógrafos y creadores visuales.
Si os ha parecido buena ésta, las anteriores no se quedan atrás. En la primera edición se dedicó al cine, la segunda al mundo de los guionistas y la tercera a la relación de nuestro cerebro con el diseño gráfico.
Estupendas creaciones tanto técnica como conceptualmente.
Hasta ahora, todos los productos que se podían comprar en una tienda, independientemente de su función, diseño, material, tamaño o forma tenían un elemento común: el código de barras. Pero ahora, esa pequeña pero interminable sucesión de líneas que adornan las esquinas menos vistosas del envase están destinadas a cambiar y convertirse en un elemento diferenciador más.
Bar Code Revolution, una empresa japonesa, se dedica a diseñar códigos de barras personalizados (por ejemplo los de la imagen superior) que rompen con la monotonía de los actuales, cumplen todos los requisitos técnicos y son totalmente funcionales.
Cualquiera puede tener uno para su poducto. El único problema es que no es lo que viene siendo barato. Elegir uno de su colección para nuestro uso exclusivo cuesta 4.000 dólares más una couta anual de otros 400. Aunque si no nos importa compartirlo el precio baja hasta los 1.500 dólares más 200 anuales. El precio por diseñar uno a medida no aparece.
Aunque BarSwhow también puedes obtener el código tradicional en diferentes formatos pero sin pagar un duro. Eso sí, necesitas los números que lo componen.