Archivos de la categoría ‘Crítica libros / cine’

Publicado por Tormento el 9 de Septiembre de 2007

La Jungla 4.0Era joven, vivía en Nueva York y, como mi inglés era un poquito de academia, anotaba las expresiones hechas de los anuncios del metro para que mis amigos me las tradujeran al llegar a casa. No había internet nada más que en el Pentágono y la NASA y sólo tenían telefóno móvil del tamaño de un botijo los protagonistas de la peli Wall Street. La serie de moda era Alf, aún no se había jubilado Johnny Carson y estrenaban Die Hard (La jungla de cristal) en los cines más cercanos. Fui a verla una tarde que llovía a un cine en el que, como todos en aquella época, no sólo podías comer cualquier cosa dentro, sino fumar como un carretero sin que nadie se pudiera quejar. Entendí la mitad de la película pero me divertí un montón. Fue entonces cuando descubrí que a las palomitas les ponían mantequilla derretida … ¡puagg!

En aquel entonces John McClaine, encarnado por mi Bruce Willis -el cabroncete alérgico al compromiso de Luz de luna que tanto me ponía-, tenía pelo, iba en camiseta pecho lobo y salvaba un edificio. Diecinueve años después, está calvo como una bola de billar, le han puesto manga larga y salva El país – y no me refiero al periódico-. Y no lo salva de cualquier modo, sino a hostia limpia.

Llamadme políticamente incorrecta y lo que queráis, pero tiene su punto ver a McClain tratando con la panda de berzas de los piratas informáticos que no tienen ni medio bofetón en cuanto salen de su sótano petado de goodies de La Guerra de las Galaxias. Ellos son los amos del mundo, ellos son los maestros Jedi… hasta que alguien se lia a tiros. Sí ello ocurre, allí está McClain para estrellar un coche de policía contra un helicóptero, hacer surf en la cola de un Harrier o acordarse de la madre que parió al malo vestido de Hugo Boss.

La única que forra a McClain es Maggie Q a golpe de kung fu. Para ella también tiene unas cuantas frases machistas -una muy graciosa sobre las pelis de acción de patada voladora-, pero se las perdonamos porque todas, en lo más profundo e inconfesable, queremos tener un John McClain y un Jack Bauer de fondo de armario

No es arte ni ensayo, no aprendes valores de tolerancia y amor, pero te entretienes un rato largo sacando la bestia analógica que llevas dentro. 7 sobre 10 en la escala “popcorn“.

Publicado por Tormento el 2 de Septiembre de 2007

Harry Poter and the Deathly HallowsSe ponga Santi-chan como se ponga, es que no he tenido cuerpo para ir al cine este fin de semana. Cargada de valor me dije, ¡a ver la de Taratino -Death Proof- que los del EP3 le hacen una publicidad a todo trapo! Pero luego refexioné: mira que a ti las road-movies se te atragantan, que los cines de barrio con asiento churretoso a ti no te han gustado nunca, a ver si los referentes culturales, tipo “grindhouse“, “exploitation” y todo ese rollo, no tienen nada que ver con nuestro paralelo landismo y Paco Martínez Soria que es de lo que tu entiendes.

Acuérdate de que en “Kill Bill 2” casi te tienen que atar para que no quemases el cine. No, mejor “La Carta Esférica“. Uufffff, ¡que pereza!, el Pérez Reverte que siempre escribe los mismos personajes: protagonista rudo, solitario y un poco House, que en el fondo es leal y buena persona, encuentra mujer enigmática y al principio de fiar, a la que se tira, pero que en realidad es mala malísima y le traiciona. Por eso el buen hombre gruñón no cree en el amor. O sea, que Pérez Reverte se cuenta a sí mismo con mucho cariño (dudo que folle tanto). Entre la trama y la Sanchez Gijón que siempre está interpretando a Lope de Vega pero con mucha intensidad, me vi incapaz de entrar a ver esta peli tampoco.

Me quedaba una de amores de soltera con amigo gay, y etcétera, etcétera, y una china muy premiada pero que me queda fuera del circuito de mis cines. Va a ser que me termino el tocho de Harry Potter que no me cabe en el bolso y el lunes vuelvo al cole.

Me llegó con enorme puntualidad la edición de Scholastic del último libro de Potter que, al haberlo encargado en Amazon en febrero, me salió a la mitad de precio que la edición británica, para mi gusto menos cuidada que la americana aunque más transportable.

Nos enfrentamos a un desenlace y a la incapacidad de una autora de saber resumir. Sus libros son cada vez más largos y no se ve ningún motivo para que así sea. Parece que la Rowling ha practicado esto tan blogger de la conversación con sus lectores y creo que atender los deseos 2.0 no es lo más adecuado para una labor creativa de necesaria realización solitaria. Parece como si necesitara explicar y hacer cuadrar hasta el último detalle chorra de la serie, en demérito de una mejor narrativa, con un mejor hilo conductor y más sentido del humor. Por lo pronto le sobran las 300 primeras páginas y la batalla de Hogwarts que empieza bien, se alarga en exceso tanto que Voldemort acaba dando un poco de risa, al estilo Fu Manchú.

Voldemort, es el malo absoluto que recuerda a Hitler: de origen mestizo, pretende una raza de magos de sangre pura, depurando la sociedad de los que no cumplen este requisito que acaban huidos, exterminados o encarcelados. Igualico que Hitler medio judio promoviendo el Holocausto. Interesante el planteamiento político de un libro para adolescentes, en el que, además de prevenirles frente a los totalitarismos, nos demuestra como el ejercicio del poder oculto proporciona siempre más poder lleno de temor reverencial.

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Publicado por Tormento el 26 de Agosto de 2007

El jefe de todo estoArriesgándome a que Carlos me llame gafapastosa, y con razón, a mi me gusta Lars von Trier. Pero no un poco, o de vez en cuando ni medio pensionista. Me gusta siempre. Ya sé que es un grave defecto de carácter pero si alguien me mandara un meme preguntándome cual ha sido la experiencia más impactante que he tenido en un cine, tras saltarme lo obvio, diría que la voz orginal de Max von Sydow al principio de “Europa“. Es inusual ver una pelicula sobre la postguerra de los alemanes vencidos, bombardeados y culpables con una estética en blanco y negro un tanto “Metrópolis“. Me enamoré de la película, a pesar de verla sentada en un pupitre en el cineclub del Instituto de Marbella, época de mi vida que, aparte de la peli y Sean Connery, prefiero no recordar.

Aunque no le he seguido en sus escarceos Dogma, he bailado con Selma cantada por Björk en “Dancer in the dark” (y con Catherine Deneuve, que hay que tenerlos bien puestos para ponerla a bailar a estas alturas de su carrera), me he emocionado con Emily Watson en “Breaking the waves” -película de la que nada esperas y de la que sales tocado- y se me han caido los pulsos con una trama que, transcurriendo en un estudio, sin paredes y con el plano marcado en el suelo (“Dogville“) te engancha como si se hubieran gastado en ella el presupuesto de efectos especiales de “La amenaza fantasma“.

En fin, para que justificarme más, no soy objetiva. Así que, castigada por haberme quejado de las condiciones laborales en mi anterior crítica y estando el panorama carteleril de lo más perjudicado, acudí a mi proveedor subsahariano y, ante mi sorpresa, encontré “El jefe de todo esto” de mi Lars, que la quitaron de los cines antes de que me diera tiempo a decir “jesús”.

Mi madre ya la había visto y me dijo “Hija, esa película no es que no haya quien la entienda, es que es un plomazo. Tu padre salió echando pestes”. Mi padre no cuenta como opinador porque hace años que no ve nada que le guste (y yo voy por igual camino a este ritmo de estrenos cutre que llevo), pero lo de mi madre me dió que pensar. Aún así arramplé con el dividí y volví a caer en brazos de von Trier.

“El jefe de todo esto” es una película menor pero no por ello carente de interés. Hay mucho de humor danés en la que el mal rollo con los islandeses no pasa desapercibido, en la figura de un borde que va a comprar la empresa y no se priva de insultarles todo lo que le viene en gana. El argumento es simple: el dueño de una empresa que jamás ha revelado a sus compañeros que lo es, contrata un actor para hacer del jefe desaparecido ya que el islandés borde no quiere tratar con mandados. Y hasta aquí puedo leer. Los personajes son unos frikis, el actor un egomaniaco (parece que von Trier está hasta el sofá de Ikea de aguantarles y se despacha a gusto), y el dueño oculto un carota de tomo y lomo que se ha pasado la vida echándole la culpa de sus cabronadas al jefe invisible. Hay mucho de lo que se encuentra últimamente en las empresas, ésas que hacen ejercicios espirituales con vaca al fondo.

En fin, que me gustó mucho. Lo siento, mami, es lo que tiene el amor.

Publicado por Tormento el 19 de Agosto de 2007

El ultimátum de BourneVuelvo del cine dispuesta a plantear un ultimátum, pero de los buenos, al responsable de riesgos laborales de Chiquiworld: o voy protegida a los próximos estrenos semanales para evitar daños a mi fragil estructura visual, o va a cubrir estos eventos Rita la Cantaora.

Y en medio de tanta decisión, leo la crítica que El País le dedica a la película y me empiezo a desinflar. Pedazo de obra maestra, director británico brillante con magistral manejo de la cámara que reinventa las películas de acción, y bla, y bla, y… pero es que el EP3 la coloca como segunda película recomendada después de, nada menos, que Zodiac. Contengo la respiración: ”Tormi, de ésta te echan como te pongas flamenca. Van a pensar que el título de crítica cinematográfica te lo has sacado en un videoclub de barrio. Bueno, hago una crítica pelota y lo de la queja ya lo dejo para otro día”.

<empieza crítica> El ultimátum de Bourne, tercera parte de la saga de un agente secreto que no es agente ni es secreto, sino un asesino en busca de la identidad perdida, está magistralmente dirigida por Paul Greengrass, el de United 93, que usa el plano corto para conversación profunda con la cámara en mano, consiguiendo aportar a la conversación “tu hermana ha muerto” un singular baile de San Vito; el mismo que incorpora a todo el metraje, en un remedo personal de la movimiento Dogma fundada por Lars von Trier. Gracias a esta genial técnica, se consigue tener la impresión de estar enmedio del choque de coches y ensaladas de puñetazos de una manera tan convincente que hay que ser un Delta Force para no perderse y seguir el argumento.

Tras un inspirado comienzo en el que se nos representa de manera cruenta el seguimiento electrónico que efectúa la NSA junto con las técnicas de la CIA de contención y eliminación de riesgos potenciales (sin duda lo mejor de la película), nos embarcamos en un salto de ciudad en ciudad llegando a Tanger. Esta escena es, sin duda, el culmen de la película: es tan larga, tan inexpresiva la compañera de Bourne y salta tanto Matt de ventana en ventana a lo Spiderman, de una manera tan convincente, que uno se pregunta que habría sido de la película si se hubiera eliminado del metraje ¿mejor tal vez?.

Cuando de nuevo volvemos a centrar la película en las escenas de inteligencia y espionaje, y paramos la epilepsia de la cámara 1, la película se deja ver con interés.

Se echan de menos los tiempos en que, la limitación de presupuesto, hacia que los directores rodaran lo justo para contar la historia en hora y media. De lo que el pobre Greengrass no tiene la culpa </fin de la crítica>

No sé, no sé. No me ha quedado lo suficientemente pelota. De ésta me echan.

Publicado por Tormento el 14 de Agosto de 2007

Van Giogh /EstesNo me voy a andar con sutilezas. Tita Cervera me parece una hortera de bolera que irradia horterez en aquello que toca, como el Museo Thyssen-Bornemisza. Sólo hay que visitar la colección permanente y sufrir en silencio ese rosa salmón de las paredes que te deja en estado de shock, las pauperrimas cartelas y los montajes de las exposiciones temporales para atestiguarlo.

Siempre que voy a ver una temporal Chez Tita, salgo prometiéndome a mi misma que nunca más volveré, en un boicot absurdo que no la va a hacer pobre. Dudo mucho que echarme al hombro -a modo echarpe como ella hace- un realillo de cadenas en los árboles de la Castellana vaya a hacerla apartarse de las decisiones estéticas del museo. Pero debería.

El otro día de nuevo piqué y me fuí a ver las exposiciones de Estes y Van Gogh. Como somos un país de “dime donde hay que ir para ser fino que allí me planto pletórico de ignorancia” había tortas para ver la exposición de Van Gogh mientras que estábamos solas en la de Estes.

En el montaje de la exposición de Richard Estes, pintor hiperrealista del mismo movimiento pictórico que Chuck Close -del que hace poco hubo una retrospectiva en el Reina Sofía espectacular-, no se gastaron un duro pero tampoco estorbaron la obra: dos salas amplias, bien iluminadas, pintadas en blanco, que permitían ver las obras con la distancia adecuada y organizadas por temas que te permitían apreciar la evolución técnica del artista. Una exposición donde el centro es la obra y se luce.

Pero la exposición estrella, la de Van Gogh, ubicada en las salas especiales para las temporales, era muy Tita. Como siempre todo el montaje consiste en pintar las paredes de algún color (esta vez en azul oscuro que te comia la moral) sin modificar el reparto del espacio. Da igual que los cuadros sean grandes, pequeños, que necesiten distancia para verlos. Total, la gente va a pagar igual. Alguien debió pensar que era una buena idea hacer pases de 60 personas cada 15 minutos, con lo cual se consigue que, en la currutaquez de las salas se junten, al menos, tres turnos. 180 personas tiradas encima de los cuadros. Aunque intentes evitar la primera sala siempre te encontrarás con los del turno anterior, y cuando vuelvas para verla, te encuentras con los del turno siguiente.

Las cartelas dan detalles cursis que no te dicen nada sobre los últimos y febriles meses de vida de Van Gogh a los que se supone está dedicada la exposición, que, además, se ve mermada de espacio mientras se reservan dos salas grandes al final para la tienda de regalos y para poner un banco en el que la gente se siente después de tanto empujón.

En resumen, gente sudorosa, haciendo cola, compartiendo a cuello vuelto sus profundos comentarios con los restantes 179 más sus interlocutores al otro lado del móvil, junto con preciosos delantales de cocina con girasoles-made-van-gogh en la pechera a 40 euros.

Como me sugirieron a la salida que me quitara las frustraciones en el libro de reclamaciones, pues lo hago en el electrónico, que tengo muy mala letra. ¡Tita, paya, gástate algo en hacer un montaje deceeeeeente…!

Publicado por Tormento el 12 de Agosto de 2007

Election 2Llego a la redacción de Chiquiworld dando brinquitos como Heidi porque la peli de hoy, por fin, me ha gustado.
- ¿Que has visto?, me pregunta Chiqui.
- Una en versión original en chino, de las triadas de Hong Kong, Election 2, le respondo.
- Ah, muy bien, de esas de acción a lo Jackie Chan.
- Vamos a ver, Chiqui, me empiezo a recalentar como un hornillo de camping gas, ¿conoces alguna película de Jackie Chan que la pongan en el circuito de versión original, y en los Verdi para más inri?
- Bueno, oye, que no sé donde has ido a ver la película… perrrdddoooona -me contesta, dándome tobillas en el ego- pero al menos -continúa, será de esas de patada voladora y grulla que levanta el vuelo a lo Karate Kid, ¿no? 
- Pues no -digo revolviéndome en el asiento – es una película de Johnnie To sobre como un “nuevo empresario” en el Hong Kong chino, que ha hecho su fortuna a base de deuvedés pornos pirata y su pertenencia a una triada, se ve obligado a presentarse a jefe de la banda para poder seguir adelante con un negocio inmobiliario en China. La película, con ritmo pausado, frialdad a lo Takeshi, y un poco de gore a lo Tarantino, nos enfrenta a la corrupción política china, a sus nuevos ricos y al milenario guanxi. Me ha encantado y el protagonista, Louis Koo, es ese modelo de guapazo asiático que tanto me pone.
Herido por lo del guapazo, que se lo he notado yo, me dice: O sea, un coñazo. Pues a ver de que te escribes el post… ¿No te has dormido…? ¿no se ha estropeado el proyector…? ¿no había marujas a las que sacarles punta…? ¿nada…?
- Pues no, mira por donde. La gente, educadita; el proyector, homologado; la película, estupenda y en tiempo y las palomitas crujientes.
-Pues tú me dirás de que escribes…

Pues ya os digo.

Publicado por Tormento el 5 de Agosto de 2007

Fast food nationSi ya es duro de por sí ver mal cine, ver mal cine con mensaje ramplón saca la bestia que llevas dentro. Por lo menos la mía. 

Y es que hay cosas que pasan de castaño oscuro. Una se pone en plan intensa y se va a ver cine “independiente” en versión original en tarde sahariana del mes de agosto para que te cuenten lo malos que son los ejecutivos americanos que nos venden hamburguesas con caca de vaca mientras explotan a los mexicanos que pasan a pata la frontera. 

El ejecutivo no-tan-malo se va al matadero donde se producen todas las suelas de zapato cárnico que se comen en todo EEUU, le hacen la visita de colegio, no se queda convencido, conversa con un rudo vaquero que le explica como la caca llega en nuestro menu super big-big, y tras un encuentro con Bruce Willis que le cuenta lo que ya nos imaginábamos -estamos aquí para ganar dinero, el que quiera buena carne que no venga a nuestros restaurantes, y yo que tú me callaba que acabas de llegar a la empresa- decide hacer la vista gorda.

Hasta aquí una mala película que muere por su obviedad, vámonos a casa que esta gente se tiene que acostar. ¡Pero no! El director cree que tiene un mensaje que lanzar al mundo y que no nos ha quedado clara la perversidad del sistema y la película ¡continúa! con un comando de universitarios verdes que se saben de memoria todas las teorías conspirativas de las empresas americanas, con supervisor mexico-americano que abusa de su podercillo sobre las empleadas del matadero y accidente laboral incluido -que se veía venir desde el principio-. La escena pretendidamente profunda y metafórica en la que las vacas no quieren salir del redil, es para pedir una indemnización por daño emocional. 

La película reserva como colofón de lo duro que es ser inmigrante en EEUU una visita al lado oscuro de la empresa cárnica: el matadero. Asqueroso como todos los mataderos del mundo desarrollado pero nada más. Si ya has visitado uno, la pelicula tiene la ventaja de ahorrarte el olor que es lo peor, pero no te aporta nada sobre lo que era el debate de fondo – por cierto ¿cuál era?-, a no ser que te quieras hacer vegetariano. Eso sin duda lo consigue.

En fin, que como no me devolvían el dinero y como, por no haber, no había ni anécdota que contar, me fuí a darme a la rica caña a la plaza de Santa Ana, más “guirilandia” que nunca, con inglesa pedo bailando con acordeonista desdentado, freaky pozí español intentando sacarse unas perrillas “imitando” a Michael Jackson, y reala de señoritas todas a juego vestidas de leopardo y abalorios de hueso de plástico con toda la pinta de ir de despedida de soltera. Menos formativo pero más entretenido. 

Publicado por Tormento el 29 de Julio de 2007

Cuatro minutosMi madre que es fuente infinita de sabiduría, a excepción hecha de los móviles y los mandos a distancia, mantiene que en caso de catástrofe climática canicular como la de estos días, hay que acudir a los refugios de emergencia, a saber, el cine o el Corte Inglés.

Unidos otra vez cansancio y calor me metí en el cine con la sana intención de roncar de nuevo. Agua. Entré a ver “Vier Minuten” y me gustó.

Cuatro minutos” es la otra película alemana de la temporada con un argumento que ya ha sido bastante sobado por los americanos. La diferencia, como todo, está en el tratamiento y el resultado: una funcionaria de prisiones pianista se empeña en continuar siendo la estricta alemana que se ha impuesto ser, haciendo que su vida gire alrededor de la música. Se empeña en dar clases de piano en la cárcel en donde encuentra a Jenny, un ser superdotado para el piano y la burricie.

Aquí, el director americano nos contaría una edulcorada historia de superación personal en la que, tras alguna recaída de la mala bestia, ésta acabaría ganando el concurso de piano, mientras la profesora carcelera, viuda pero decente, escribiría sus memorias y con los derechos para el cine montaría la Filarmónica de Berlín en el patio de la cárcel.

Así que me alegré mucho de que el director fuera alemán y no quisiese rodar Sister Act, si no una película en la que la música de piano, la herencia nazi, el amor lésbico (y no entre la presa y la carcelera, que habría sido demasiado previsible) y la imperfección de los genios lo es todo. No es tan buena como La vida de los otros, pero es la mar de recomendable.

Si no que se lo pregunten a las marujas que tenía delante que no se dieron cuenta de que se había desplazado el foco hacia arriba y veíamos medio telón negro y a la pianista sin cabeza. Cuando me percaté de que ni los del cine ni los espectadores iban a hacer nada al respecto, salí, pedí que lo arreglaran y que echaran cinco minutos atrás la película. Cuando encendieron la luz para arreglar el desaguisado y rebobinar, una de ellas dijo “¿pero qué pasa? ¿por qué encienden la luz con lo bonita que era la película?”. Talmente como Sarita Montiel.

Publicado por Tormento el 22 de Julio de 2007

NextMe enamoré de Nicolas Cage en Hechizo de Luna, aquella película en la que una Cher preoperada enamoraba a un panadero italiano, manco, loco y con un momento camiseta Brando de los de no olvidar. Desde aquella remota época, con contadas excepciones, Cage no ha hecho otra cosa que echarme de su vida. En Next lo consigue hasta el sopor. Literalmente. Me quedé como un tronco.

La película comienza con un Nicolas con la cara de cartón piedra y el pelo de una muñeca antigua paseando el palmito por Las Vegas, como ya hiciera en la excelente Leaving Las Vegas y en el tostón Snake Eyes. Con un director que vivió mejores tiempos (Lee Tamahori) y un relato de Philip K. Dick (Blade Runner, Minority Report) la película parte de una premisa que incumple sistemáticamente: el prota puede ver lo que va a ocurrir en los dos minutos siguientes. Así que el segundo problema de la película no son las operaciones de estética de mi Nick si no un guión que no se sostiene. Unas veces es capaz de ver el futuro de lo que pasa en un sitio en donde no está y otras con irse a afeitar a la habitación de al lado el tío se queda sin cobertura.

Si a esto le añadimos una bomba atómica que va a ser estallada por unos franceses copiando en clase pobre la excelente serie 24, ya la cosa es que no tiene un pase. Y entonces zzzzzzzzzzz. Secuestran a la novia con chaleco explosivo zzzzzzzzzzz. La encuentran en una nave industrial llena de tuberías, como siempre, pegan tiros y zzzzzzzzzzzzz. Cage se desdobla y requetedobla, se mata, pero no es él, es su requetedoble zzzzzzzzzzzzzzzz. Salvan a la novia, pero ¿donde está la bomba? zzzzzzzzzzzzzzz. Bueno, por fin consigo controlar el sueño y entonces ¡¡boom!!! Pero ¡era todo una visión porque el amor y el folleteo le aumentan los poderes! Que bien, pienso, no me he perdido tanto. Fundido en negro. Títulos de crédito. La indignación se ve compensada con la mejor siesta que me he pegado en los últimos quinquenios.

Nicolas, con lo que tú y yo hemos sido, pa lo que hemos quedao.

Publicado por Tormento el 15 de Julio de 2007

Harry PotterHoy lo tengo muy difícil, la verdad. He sido objeto de una contaminación cruzada producto de un vicio vergonzante: yo leo los libros de Harry Potter. Desde el primero hasta el último, que ya espera en los almacenes de Amazon con mi nombre para llegar a mis manos piscineras.

Sí, lo reconozco, sé lo que es un muggle, un dementor, la cárcel de Azkaban o los hechizos Avada Kedravra o Cruciatus. También es cierto que tal como leo el libro se me olvida y cuando anuncian el siguiente me tengo que leer el final del anterior.

He de decir que últimamente los leo un poco por obligación, por ver en que queda la cosa, una vez superada la primera sorpresa sobre la imaginativa crítica social que J.K. Rowling hace de los británicos.

Por eso, esta peli es un gadget más de forofos de la serie que la aprecian por sus detalles y no precisamente por su fuerza narrativa o porque sea una buena obra cinematográfica.

De esta película y para los adictos podemos destacar la representación del Ministerio de Magia en marmol negro mausoleo con un omnipresente Ministro Fudge a lo Churchil, y el personaje de Dolores Umbridge interpretada por una grande de la escena británica como Imelda Staunton. La Umbridge  representa en sí misma el arquetipo del británico burócrata y bienpensante, con sus trajes rosa y su decoración recargada con motivos florales y de gatos, que trás el té y el “Queen English” esconde un carácter cargado de intransigencia victoriana autojustificada. Lo que un amigo británico llama ”nastiness“.

Y poco más, a parte del ambientillo de la sala en la que un “¡no me jodas!” de un espectador tras el “Voldemort ha vuelto” del Ministro Fudge en la pantalla, nos hizo reir a todos. Como el Rocky Horror Picture Show pero de andar por casa.

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