Archivos de la categoría ‘¿Qué fue de…?’

Publicado por Chiqui el 6 de Enero de 2011

Recuerdo cuando recibí el primer meme allá por 2006. Me lo mandó Quatermain.

Detrás de ése, vino otro y otro y otro más y así casi hasta el infinito y más allá. Los memes inundaban internet como los anuncios de créditos rápidos lo hacían en televisión. Disponía de una sesuda entrada en la Wikipedia, una base de datos donde se recogían todos ellos y millones de blogs donde había uno o más unidades de este fenómeno.

Sabíamos todo sobre las personas “memeadas”: sus gustos, sus manías, sus grandezas y sus miserías. Vanos, que dejábamos poco a la imaginación…

Los memes se sofisticaron, se impersonalizaron y las imágenes “fotoshopeadas” o vídeos tuneados fueron sustituyendo a los tradicionales. Así, la tristeza de Keanu Reeves o las elucubraciones de un adolescente con acné han sido algunos de los más populares.

Y como vino, se fue. Han durado en la cresta de la ola tres o cuatro años. Ya casi nadie utiliza esta fórmula para “pasar la bola”. Twitter o Facebook son mucho más efectivos y más virales. Lo de siempre, el vídeo mató a la estrella de la radio.

Por cierto, se lo paso al “venezolano” Dondado, al “enterao” de Araque y ya que cierre el círculo el feo del Rat Blogs PackQuatermain.

Publicado por Chiqui el 5 de Enero de 2010

Chapas- ¡Mamá, me bajo!, gritabas, mientras en una mano agarrabas el bocadillo de Nocilla y en la otra tirabas del pomo de la puerta de entrada para cerrarla.

Bajabas las escaleras a toda prisa, y si eras el primero en llegar a la calle, aporreabas los telefonillos de los compañeros de andanzas al grito de “¿Bajas?”

Una vez reunidos todos, en la calle, la mayor preocupación era saber a qué ibamos a dedicar la tarde: ¿al “churro, media-manga o manga entera“, a las chapas o el gua? Los prepúberes también optaban por la posibilidad del “verdad o consecuencia“. Se jugaba a lo que decidía la cooperativa y durante esos breves momentos eras el dueño de tu propia infancia. Los cromos, las canicas eran tus bienes más preciados y el palulú nos destrozaba la tela de los pantalones

Descanso a media tarde para beber el correspondiente vaso de agua en casa de alguno de los presentes y a seguir. Luego, llegada la hora de volver a casa, el móvil ni existía ni teníamos y era reemplazado por el grito por la ventana: ¡A casa! A lo que se respondía: ¡Voy! y tras cinco minutos de escaqueo se iniciaba la vuelta al control parental.

Eso hace tiempo que dejo de existir, por lo menos en nucleos urbanos. Ahora, las urbanizaciones (esas que tiene piscina y pista de padel) están cerradas, vigiladas y  el asfalto se apodera de todo. La arena brilla por su ausencia y el fútbol ratero y callejero está prohibido (en el colegio si acaso). Los niños no se relacionan entre sí y sólo si vives en el mismo bloque tienes opciones de juntarte con alguien afín en edad y gustos.

Vigilados, eso sí…

Publicado por Chiqui el 2 de Septiembre de 2009

DurosPara muchos de nosotros supuso la primera ración de libertad que nos concedían nuestros padres y el preludio de las que llegarían después.

Según la liturgia, el sábado por la mañana era el momento adecuado para ir donde estaba tu madre y hacer la petición de rigor:
“Mamá, ¿Me das la paga?” A lo que ella respondía inexorablemente: “Pídesela a tu padre”.

Volvías al salón, donde tu padre leía el Marca, y repetías:
“Papá, ¿Me das la paga?” A lo que siempre respondía con un “Pídesela a tu madre”, tú le rebatías: “Ya se la he pedido. Me ha dicho que te la pida a ti” Contestaba yo con voz de pena. Al final, tu padre te la daba haciéndote más feliz que una perdiz.

El importe variaba en función de la edad y de las dotes negociadoras de la contendientes al instituirse el canon en cuestión. Oscilaba entre los cinco durillos de los más jóvenes, hasta las 150/200 pelas de los más curtidos. Yo creo que llegué a andar por las 175 pelas.

Una vez cobrada, lo primero era bajar a la calle, llamar a los telefonillos de casa de tus amigos y a la pregunta de:  ¿Bajas? juntarse todos en la calle para ver como distribuir la paga en bonys, palulú y máquinas de bolas.

Y todo ese reparto se hacía sin la tutela paterna, ya que aunque parezca increible, antes había barrios donde los niños salían a jugar solos a la calle.

Una vez fundida (todo en el mismo día), te quedabas tieso el resto de semana esperando que la caridad materna se apiadara de ti, pero daba igual, el sábado (domingo en algunos casos) siempre era el mejor día.

Ahora, desgraciadamente, este “subsidio” tiende a desaparecer, imponiéndose la fórmula del “todo incluido” del tipo: “No me dan paga, me dan cuando lo necesito…” Vamos, que como el niño sea un poco listo, les saca hasta los higadillos

Tiempos aquellos…

Publicado por Chiqui el 11 de Marzo de 2009

Marcianitos- ¡Venga, sólo cinco duros más…! Esa era la frase más repetida cuando salía con mis padres a tomar el aperitivo los fines de semana de hace ya mucho, mucho tiempo.

Y mientras ellos le daban a la cerveza, al vermú y similares, yo me liaba a apretar los dos o tres botones que tenían las máquinas recreativas del bar. Algunas, las más sofisticadas, tenían un mando acabado en una bola roja a modo de joystick.

Juegos como Galaxians, Asteroids, Space Invaders, Donkey Kong, Crazy Climber, Tetris (el original) o Hyper Sports no tenían secretos para mí.

Era tal mi adiccion a estos cajones rectangulares que cuando me metía en la cama y cerraba los ojos sólo podía ver al Señor PacMan comiéndose pelotitas y siendo perseguido por fantasmas de colores.

La aparición de las consolas caseras las arrinconaron. Las tragaperras, de consumo rápido y fácil, han terminado de matarlas.

Descansen en paz.

Publicado por Chiqui el 16 de Julio de 2008

OlivettiTodos los máquinas que tenemos en casa tienen un nombre descriptivo: lavadora, cocina, nevera…  Ninguna de ellas se ha quedado con el nombre de lo que son. Esto es, no se las llama máquina de lavar, máquina de cocinar, máquina de enfriar…

Aunque todas tienen “nombre”, hay dos excepciones. Bueno sólo una: la máquina de coser. Porque la otra, si no está ya en la basura o en el trastero sólo se usa como mero elemento decorativo… la máquina de escribir.

Y a este aparato quería referirme. La irrupción de los ordenadores allá por los ochenta acabó de un plumazo con los dos siglos de vida que tenía este método de escritura mecánica.

Normalmente, eran grandes y pesadas. Había que hacer una fuerza descomunal para apretar las teclas y cuando ya tenías destreza con el teclado tenías que ir una y mil veces a separar los dos o tres tipos que se habían atascado delante de la hoja. Para hacer una copia se necesita el papel carbón y cada vez que se llegaba al final de la línea, vuelta de carro que te crió. Eso cuando no te ponías las manos negras al cambiar la cinta…

La llegada de modelos más ligeros (¿quién no ha visto o ha tenido una Olivetti Lettera?) y sobre todo de las eléctricas (con esas bolas de tipos en el centro de IBM) fueron el canto del cisne antes de su fulminante extinción.

Ahora ese inconfundible sonido mecánico de sus teclas no se oye ya ni en las redacciones menos tecnificadas. Descanse en paz.

Va por | Josemaria

Publicado por Chiqui el 3 de Julio de 2008


Desde la bajada de precios y consiguiente popularización masiva de las cámaras digitales se hacen miles, digo miles, millones más de fotos diariamente. La rapidez, el coste y la facilidad para hacer instantáneas en cualquier sitio y momento hace que la gente no se lo piense a la hora de hacer clic.

El disparar y borrar o guardar o la no necesidad de llevar una cámara tradicional ayuda a que se hagan fotos hasta del camión de la basura.

Pero como todo, ésto tiene “efectos colaterales”, y en este caso, como en algún otro, le está tocando al papel, porque… ¿hace cuanto tiempo que no tienes en la mano una foto de las de toda la vida?

Ahora las fotos ya no se disfrutan sentados en un sofá delante de un álbum. Se utilizan otros formatos: los monitores de los ordenadores, las pantallas de los teléfonos móviles o las tropecientas pulgadas de una televisión. Incluso por rizar el rizo, también se pueden ver dentro de un marco, pero digital en el que el papel brilla por su ausencia.

Los tradicionales álbumes de fotos en papel han sido sustituidos por discos duros, cedés, memorias flash o servicios web.

La verdad que el precio del papel para fotos y la tinta (un verdadero escándalo) no ayudan a que las impresoras trabajen más. Aunque lo que realmente hace que el papel sea sustituido por los pixeles, no nos engañemos, es la pereza de la gente a la hora de pasar los bytes a cuatricomía. Enviarlas por correo electrónico o colgarlas en Flickr es mucho más cómodo y más rápido. Luego que cada cual haga lo que quiera.

Cualquier día de éstos inventan la cartera digital para poder llevar la foto de la novia/o, hijos o perro…

Publicado por Chiqui el 9 de Junio de 2008

Teléfono fijoSí, sí, ya sé que todavía no han desaparecido. Y que aún les quedan unos cuantos años para dar guerra, pero piensa un momento… ¿Cuantos números de teléfonos fijos (ésos que empiezan por nueve) recuerdas aparte del de tu casa, el del trabajo y los dos o tres que más frecuentemente utilizas?, ¿A cuanta gente le has dado últimamente el teléfono de casa en vez del móvil?

Y es que al teléfono que está conectado a la roseta de la pared le espera una agonía lenta, lenta (menos mal que los fijos inalámbricos les da un balón de oxígeno). Con la llegada de las tecnologías modernas en donde cada persona tiene un terminal, (o dos) se acabó para siempre eso de “¡Niño, cuelga ya que parecéis novios!” o el más famoso todavía… “Sí, ¿de parte de quién?”

Los más jovenes lo tienen ahora más fácil, aunque lo de llamar a esa chica/o que te gusta y colgar porque no sabes que decir cuando lo tienes al otro lado (el identificador de llamadas es un cotilla).

Por contra, antes había que hablar con monosílabos porque el teléfono solía estar en el salón y toda la familia estaba escuchándote, y según lo que dijeras podía producirse el correspondiente choteo posterior. Ahora el “cuelga tú… no tú primero… que no…” se ha sustituido por un escueto y tecleado “TKM”.

Pues eso. Que en breve el Heraldo, el Góndola, el Teide, el Forma e incluso el Domo serán más objetos de decoración que artilugios para comunicarse.

Ahora las líneas de teléfono fijas cada vez son más nicho del llamado “telspam” con el que nos bombardean diariamente operadoras, compañías de seguros y encuestas de todo tipo y color.

Publicado por Chiqui el 22 de Mayo de 2008

14.400

Hablar de los tiempos en los que Infovía era casi nuestra única ventana a la red es, para los internautas con cierta edad como es mi caso, como cuando nuestros padres nos hablaban del hambre que se pasaba en la postguerra y nosotros les llamábamos exagerados.

Y es que ésos eran tiempos de penurias. De módems arcaicos con ruiditos insoportables (sobre todo por las noches), de velocidades de descarga de vértigo (llegando incluso a los 5 o 6 kb/s), de utilización de programas para controlar el gasto del teléfono (Cuentapasos…), de continuas desconexiones, de gifs animados en todas las páginas web y sobre todo de los tan temidos “¡niño, termina ya que tu padre tiene que llamar!”

Por esa época, Google empezaba a dar sus primeros pasos. Altavista era la web de referencia para búsquedas y nosotros, los cuatro gatos que éramos, nos conectábamos a través de Infovía. En aquellos años quien más quien menos tenía una páginita personal en Geocities y nos movilizábamos por la tan ansiada tarifa plana,

Nos comunicábamos por IRC, guardábamos tres y cuatro programas en un disquete y editábamos las tablas html con Aracnophilia. La extinta “El jamón y ei vino” era nuestra web de cabecera y la SGAE todavía no se había convertido en la multinacional que es hoy…

El ADSL era un “palabro” que usaban los americanos y la RDSI era la Fórmula 1 de la navegación asequible sólo para unos pocos.

Si de esto no han pasado ni diez años, que será de nosotros dentro de, por ejemplo, dos décadas…

Publicado por Chiqui el 30 de Julio de 2007

Dos rombosNo hace mucho tiempo, cuando en la televisión emitían una película o serie no apta para menores, aparecian dos bonitos rombos en la parte superior izquierda de la pantalla. Para aquellos, no como yo, que no habían nacido bajo esa dictadura, decirles que se trataba de clasificar los contenidos televisivos por edades. Así, que un programa tuviera un solo rombo era algo así como para menores, pero acompañados… Dos rombos significaba irte a tu cuarto antes de tiempo, quisieras o no.

Y no había que hacer muchos esfuerzos para ganarse esta consideración. Un escote, unas piernas femeninas -enseñar más era imposible-, la más mínima violencia o cualquier pequeño desliz en el lenguaje, las convertía en malditas para los más pequeños. Un ejemplo de lo estricta que era esa la clasificación es que la inocente serie “Los ángeles de Charlie” (la original) pertenecía a esa categoría.

Cuando aparecían esos dichosos polígonos era el momento en el que desde el otro lado del sofá se oía la voz de uno de tus padres: ¡A la cama! Normalmente, entre que te quejabas y remoloneabas haciendo como que te levantabas pero no, se podía aguantar otros cinco o diez minutitos más. Al segundo grito, no había más remedio que enfilar para la cama.

El único día que podías estar hasta las “tantas” viendo la tele era los viernes, que ponían el Un, dos, tres… aunque alguna que otra película he visto furtivamente apoyado en el quicio de la puerta del salón. Por cierto, ¿alguien se acuerda de una serie inglesa de miedo que se llamaba “Tensión”? Impresionante. Con ella sufría doblemente: por la serie en sí y porque no me pillaran. 

Ahora, los rombos se han convertido en un código de colores. Aunque si por los contenidos fuera, casi hasta las noticias deportivas del telediario deberían llevar un bonito “peloto” rojo.

Publicado por Chiqui el 18 de Junio de 2007

Cartas¿Cuánto tiempo hace que no recibes una carta en el buzón de tu casa?

Sí, claro, pero ésas no valen. Las compañías de seguros, los bancos, promociones varias y “menús” del chino del barrio no te envían una carta a ti. Se la envían a un cliente y eso no cuenta.

Me refiero a esa postal que te manda un amigo desde el extranjero o a la carta de algún familiar que tienes a cientos de kilómetros. Ésas que están escritas a mano, tienen un sello de verdad pegado arriba a la derecha y te hacen ilusión abrir.

Ahora ya todo es electrónico. El e-mail está arrinconando al que no tiene “e” al principio, y Flickr y YouTube a las tradicionales postales que llegaban a la semana de regresar de vacaciones.

Claro está, éso tiene una explicación. Nosotros hemos sido los primeros en cambiar el bolígrafo y el papel por el teclado y el monitor, porque… ¿hace cuánto tiempo que no escribes tú una carta de las de antes?

Además, con tanto corrector ortográfico, SMS y más gaitas que supuestamente te hacen la vida más facil, más de uno lo pasaría mal teniendo que escribir dos párrafos seguidos de su puño y letra.

La única época del año donde el correo electrónico tiene un poco de competencia es en Navidad. La cercanía y calidez que proporciona mandar o recibir un christma no lo tiene la tinta electrónica.

Y entonces… ¿qué pasa con Correos? Pues mal que bien se han ido adaptando a los nuevos tiempos. Ahora, además de seguir atendiendo el cada vez más escaso negocio tradicional, se encarga de todo aquello a lo que no puede llegar lo digital o no está todavía no muy extendido: el burofax, todo tipo de paquetería, giros…

Pues eso, más BIC y menos “Bloq Mayús” que todo es compatible en esta vida.

Pagina 1 de 3123
 

    Prensa

    Radio

    Televisión

    Internacional

    Bitácoras

    Recursos