Recuerdo cuando recibí el primer meme allá por 2006. Me lo mandó Quatermain.
Detrás de ése, vino otro y otro y otro más y así casi hasta el infinito y más allá. Los memes inundaban internet como los anuncios de créditos rápidos lo hacían en televisión. Disponía de una sesuda entrada en la Wikipedia, una base de datos donde se recogían todos ellos y millones de blogs donde había uno o más unidades de este fenómeno.
Sabíamos todo sobre las personas “memeadas”: sus gustos, sus manías, sus grandezas y sus miserías. Vanos, que dejábamos poco a la imaginación…
Los memes se sofisticaron, se impersonalizaron y las imágenes “fotoshopeadas” o vídeos tuneados fueron sustituyendo a los tradicionales. Así, la tristeza de Keanu Reeves o las elucubraciones de un adolescente con acné han sido algunos de los más populares.
Y como vino, se fue. Han durado en la cresta de la ola tres o cuatro años. Ya casi nadie utiliza esta fórmula para “pasar la bola”. Twitter o Facebook son mucho más efectivos y más virales. Lo de siempre, el vídeo mató a la estrella de la radio.
Por cierto, se lo paso al “venezolano” Dondado, al “enterao” de Araque y ya que cierre el círculo el feo del Rat Blogs Pack, Quatermain.




