Por el mismo precio, The Big Pîcture, el blog de fotoperiodismo del Boston Globe, nos ofrece dos estupendas recopilaciones. Por un lado y en tres entregas (I, II y III), las 120 mejores fotonoticias del año. Por otro lado, y coincidiendo con el cambio de década, las 50 mejores fotografías de los últimos diez años a juicio de esta diario. Un estupendo resumen de instantes históricos de los últimos tiempos. Económico y de calidad.
Se ha llegado a un punto en el que nuestro correo privado lo gestiona GMail, en GReader tenemos nuestras lecturas diarias, confiamos a SlideShare nuestras presentaciones, Flickr guarda nuestros recuerdos gráficos más preciados y YouTube es el reproductor de vídeo favorito. Además, eso de hacer backups en nuestra máquina no se lleva. Ocupa espacio y tiempo.
Ahora, resulta que nos gastamos una pasta (entre 300 y 1.000 euros según el caso) en comprarnos una máquina que en la mayoría de los casos, y previo pago de su importe, nos va a servir para conectarnos a internet y poco más. Los “chorrocientos” megas del disco duro sólo nos sirven para almacenar películas, música y fotos a cascoporro, que una vez vistas, dormirán el sueño de los justos.
Así, toda nuestra vida (la digital y la analógica) está guardada en ese etéreo limbo virtual que líricamente llamamos “nube”. Compartimos nuestros registros privados más íntimos con los datos de otros 20 ó 30 millones de personas más. Y todo ello, en los servidores de empresas, muy honradas todas ellas, pero americanas, ucranianas, neozelandesas o de Osetia del Norte, se llamen “Google”, “Yahoo” o “Porrompompero internet SL”.
Seguro que hay danzando por ahí miles de estudios de lo seguro, fiable y económico que resulta almacenar nuestros datos en la allí arriba pero, que quieres que te diga, no me da mucha confianza. Y más, si yo no puedo saber “a que huelen las nubes”…
El día que por cualquier circunstancia alguien apague la luz y nos deje a oscuras, empezará a llover chuzos de punta y nosotros estaremos sin paraguas…
Ya tenemos el remedio definitivo contra la crisis. Los Anuncios de Google nos dan la solución. La campaña fue contratada por el Instituto de Acceso a la Función Pública.
Tanto currarme las entradas de este blog, para acabar diciendo las mismas chorradas que un programa que genera, de manera simplemente brillante, el resumen de un best-sellers-iker- jimenístico.
La Caja del Fantasma de Dan Brown
En su nuevo trabajo, fruto de siete años de investigación, el autor de “El Código Da Vinci” teje una trepidante historia de engaños y crímenes, en busca del secreto de las corrientes telúricas. Un fascinante recorrido por los misterios mejor guardados del Comité Olímpico de Pakistán, ambientado en las calles de Totorica. ¿Puede existir un código indescifrable? Assel Pickford, la criptógrafa estrella de la súper secreta Agencia Municipal de Vendedores de Fruta Fresca (AMVFF), no puede dar crédito a sus oídos cuando su jefe, Marianela Cifuentes, el subdirector de la Agencia, le informa de que han interceptado un código que ni siquiera Pepe Gotera puede partir por la mitad. La única pista para romper el letal código parece estar oculta en el cadáver de un hombre que ha muerto apuñalado en Amsterdam, donde ha sido enviado Brian, el prometido de Assel.
Una clara, concisa y amena explicación de por que los condones no se deben usarse en sitios llenos de negros, analfabetos, que no se hagan la manicura diariamente y que encima vivan en África.
Toda esta perorata, bendecida y patrocinada por la iglesia, pretende establecer doctrina en torno a lo malo que es el preservativo y como los cristianos, además de no usarlo, deben combatirlo. Intereconomía es su profeta en la tierra.
Un tal Rafa G. García de Cossio (nótese el apellido compuesto) suelta todo esa sarta de gilipolleces y se queda tan contento.
Y no, no es un montaje de El Intermedio para reirse de estos talibanes religiosos…