Después del EBE me quedé un tanto desinflá: mis fans me consideraban una destroyer de campeonato y me echaban broncas-cool por pasarme tanto. Hago la media aritmética del momento bronca, porque si incluyo a mi Dani Seseña, quien no me ha perdonao aún lo de Penélope, no salgo muy bien parada. Eso sí, confesión ante el Penitenciario de la Catedral de la Almudena mediante, Dani me sigue leyendo las borderías aunque sólo sea para echarme la bronca consiguiente.
Así que, con la excusa de una mudanza que deja corta la del último capítulo de los Alcántara, y cantando YMCA, con mi bolsa de destonilladores y llaves allen a la cadera, he dedicado los fines de semana y los restos de una vida más que meneada (y no precisamente por Galli) al montaje de muebles y a encontrar unas bragas limpias en las cajas desparramás por mi caótico… jardín japonés, porque una se muda, trabaja como una jornalera de la frontera mexicana, pero con estilo.
A lo que íbamos, si es que íbamos a alguna parte. Desde aquí os digo que no tengo la sensación de ser mala gente o de pasarme ni medio metro. Seré una integrista del blanco y negro, y me pondré en modo religioso y abuela cebolleta con los tiempos pasados y tal, pero ¿no creéis que ya está bien? Esta década que nos abandona sin haberme dejado disfrutar de ella (los años se aceleran como el cochecito de niño que cae por las escaleras del Acorazado Potemkin) pasará a la historia como aquélla en la que hemos tenido sobreabundancia de todo, un todo de imitación, de los chinos, sin vocación de permanencia. Ha sido una década cocaínica: nos hemos colocado rapidito sin pensar en el mañana.
Y el cine con el que nos han castigado, salvo honrosas excepciones, no mejora la media: hemos tenido mucho, muy caro y muy malo. Que no se extrañen los de la industria cultural si nadie quiere comprar un DVD para conservar esos bodrios y tira de ADSL para ver un screener castañoso. Servidora que se los chupa en el cine da fe de que no mejoran mucho en pantalla grande.
Una vez llorada, os confesaré que tiempo he tenido de ver los estrenos más sonados, que como un mal estudiante, no mejoran la media de la década. Y como ya está muy visto, incluso en esta humilde bitácora, el meterse con la Navidad (¿es que ha llegado? Las zanjas no me dejan ver las luces..) pues esta semana hablaremos de cine.





20 de Diciembre de 2009 a las 11:22
Bueno, como yo fui uno de los que te dio caña en el EBE, pero flojito,¿Eh?, He de decir que tienes toda la razón, pero a veces muchas de las películas que has puesto por los suelos no se pueden ser comparables a las grandes obras maestras de antaño, y por tanto se tienen que considerar en su época actual… pero que sí, que cada vez vamos a peor…. aunque yo aún soy optimista y de vez en cuando te encuentras una joyita… las mías de este año son “El secreto de sus ojos” y “La cinta blanca”.
Me ha gustado mucho lo de “integrista del blanco y negro” que lo sepas . XD
20 de Diciembre de 2009 a las 14:14
Como tu mejor fan, declarado y rubricado al olor de una rotunda comida asturiana y con tu señor esposo por testigo, te recomiendo no cejar ni un gramo en tu nivel de crítica hacia el cine contemporáneo. Eres el último bastión de la sensatez en un mundo IMAX lleno de peligros. Pongo al DOS por testigo de que en jamás me reí tanto con una crítica de cine como cuando despiezaste Crepúsculo.
Saludos, oh compatriota.
22 de Diciembre de 2009 a las 13:58
Tormento, la próxima vez que nos veamos (espero que sea antes del próximo EBE) recuérdame que me arrodille ante tí y te haga reverencias tal y como se las hago a Chiqui, como homenaje a vuestra labor.
Un besazo