Publicado por Tormento el 25 de Octubre de 2009

nina_ricciQue los años no pasan en balde es un lugar común. Peor. Es una frase de vieja. Hace una semana cumplí años y empecé a pensar que mi hígado tenía un número de años tan brutal que si fuera un ordenador sería de tarjetas perforadas y estaría en un museo. En ese repaso que me hice desde la perspectiva de la medicina interna caí en que mis pechos, al menos, tienen 14 años menos que el resto (antes de esa edad carecían del derecho a llamarse así). Me di cuenta de que, con los parámetros actuales, no soy ecológica: consumo mucho y poluciono la hueva. Pienso, pues, que tengo la edad perfecta para un plan renove.

Afectada como estaba a lo Bovary por tener unos órganos provectos, me di a la compra compulsiva de revistas de moda para comprobar que los zapatos con alza que se llevaban en la posguerra a causa de tanta polio y tanto cojo resultan ser lo más según Vogue. Ya tuve la edad de disfrazarme y de ir hecha un adefesio. Ahora que mi vesícula tiene una edad no estoy por la labor de ir hecha una handicapé por mucho que la Wintour se empeñe. Una ya pasó por su momento de la bota ortopédica y no ve la necesidad, vaya, de recuperar esos tiempos en los que mis amables compañeras de colegio me hacían la vida imposible.

Paso las hojas y me pregunto quien quiere ir tan incómoda a la par que antiestética sobre todo cuando te puedes partir una pata por culpa de la osteoporosis y quedarte coja de verdad. Estoy convencida: alguien nos odia y el cabrón diseña ropa porque quiere que todas las  mujeres heterosexuales nos escoñemos y los hombres, desparejados, caigan en sus garras gays.

Si  no es esto, es que las mujeres, definitivamente, somos imbéciles.

Postdata: La foto es de un zapato, por si no lo parecía…


Archivado en Tormento, Vida cotidiana

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