Publicado por Tormento el 11 de Octubre de 2009

ÁgoraFui a ver  Ágora en sesión de 7, después de unas tortitas con nata como manda la Santa Madre Iglesia. La media de los asistentes rondaban la edad de mis padres, ese reducto de las distribuidoras que son los de cine semanal, cardado, algún dorado, chaqueta y churros. Cuando mueran o se nos queden impedidos los pobres, mucho me temo que se me acabarán las tardes de cine y café con porras y a todas/os se nos pondrá el culo como una calesa de no salir de casa.

Saliéndome la tarde, en fin,  por un pico esperaba de Alejandro algo más que un teleflim de peplums, cartón piedra y momentos Google Earth (que si zoom pa Alejandría, que si zoom pal espacio, que si qué bonicas son las estrellas).  No es que sea mala o buena, es que es una miniserie de la tele con mucho secundario-sobreactuado- chulazo-gay con pretensiones. El cartón se ve cada vez que rellenan el croma con algo digital, y el mensaje pretendido (la mujer borrada de la historia por la Iglesia, y la sumisión del poder terrenal al de Cristo) está más que visto y mejor tratado desde la lamentable “El Código Da Vinci” hasta la espectacular Los Tudor (desde aquí te digo, Jonathan Rhys Meyer, que no puedes estar más crujiente).

Que la historia de la filósofa Hypatia sea interesante no hace a una película sobre ella, per se, algo mínimamente atractivo. A juzgar por la cantidad de libros revival que se encuentran en las mesas de novedades de los aeropuertos, el que esté interesado en Alejandría y en la astrónoma mejor hará en invertir los eurillos de la entrada y las palomitas en cualquiera de ellos.

Palabra de Tormento.


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