Archivos del 2 de Septiembre de 2009

Publicado por Chiqui el 2 de Septiembre de 2009

DurosPara muchos de nosotros supuso la primera ración de libertad que nos concedían nuestros padres y el preludio de las que llegarían después.

Según la liturgia, el sábado por la mañana era el momento adecuado para ir donde estaba tu madre y hacer la petición de rigor:
“Mamá, ¿Me das la paga?” A lo que ella respondía inexorablemente: “Pídesela a tu padre”.

Volvías al salón, donde tu padre leía el Marca, y repetías:
“Papá, ¿Me das la paga?” A lo que siempre respondía con un “Pídesela a tu madre”, tú le rebatías: “Ya se la he pedido. Me ha dicho que te la pida a ti” Contestaba yo con voz de pena. Al final, tu padre te la daba haciéndote más feliz que una perdiz.

El importe variaba en función de la edad y de las dotes negociadoras de la contendientes al instituirse el canon en cuestión. Oscilaba entre los cinco durillos de los más jóvenes, hasta las 150/200 pelas de los más curtidos. Yo creo que llegué a andar por las 175 pelas.

Una vez cobrada, lo primero era bajar a la calle, llamar a los telefonillos de casa de tus amigos y a la pregunta de:  ¿Bajas? juntarse todos en la calle para ver como distribuir la paga en bonys, palulú y máquinas de bolas.

Y todo ese reparto se hacía sin la tutela paterna, ya que aunque parezca increible, antes había barrios donde los niños salían a jugar solos a la calle.

Una vez fundida (todo en el mismo día), te quedabas tieso el resto de semana esperando que la caridad materna se apiadara de ti, pero daba igual, el sábado (domingo en algunos casos) siempre era el mejor día.

Ahora, desgraciadamente, este “subsidio” tiende a desaparecer, imponiéndose la fórmula del “todo incluido” del tipo: “No me dan paga, me dan cuando lo necesito…” Vamos, que como el niño sea un poco listo, les saca hasta los higadillos

Tiempos aquellos…

 

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