
Sofá Round. Concepto de Zhdanova Irina.
La crisis golpea a todo el mundo. Ningún sector puede escapar de sus alargadas garras. Con mejor o peor fortuna, cada uno intenta minimizar sus efectos esperando mejores tiempos. Y la “industria” de la cultura es una de las más afectadas, bytes mediante.
Sin embargo, leo una información de La Vanguardia en la que no a todos les va tan mal. Mientras cines, periódicos o la música luchan por subsistir, los libros y el teatro (en permanente crisis) consiguen capear el temporal.
Los teatros gracias a esa género, mucho tiempo olvidado, que es el musical y los libros ajustando precios y dándole prioridad a los libros de bolsillo.
Cierto es que la revolución digital afecta a unos mucho más que a otros, pero soluciones imaginativas y nuevas ideas y/o formatos alternativos pueden ser una de las soluciones para estar mejor abrigado con el chaparrón que está cayendo.
Basta ya de lamentaciones. Crisis hay, sí, pero no toda la culpa es de los mercados financieros, la avaricia desmedida o los bonos basura, también los contenidos y la falta de innovación tienen la culpa. Y de eso, se habla poco, muy poco…
RosaJ.C., entre sus múltiples labores sociales no desgravables, ha decidido desasnarme e introducirme en el mundo taurino por la vía del marujeo.
Me llamó y me dijo que mi Joselito (lease con voz de mari enseñando la foto de la primera comunión de su hijo bizco) volvía a los ruedos y me puse a dar brincos de emoción hasta que nos plantamos ayer en la surrelista plaza de Vistalegre que tiene un Corte Inglés debajo y un Madison Square Garden encima.
Al entrar, creí que nos habíamos equivocado y que iba a salir un tipo con camisa a rayas, una chati en biquini, y un toro con calzón tabaco y oro a la izquierda y a la derecha un torero con zahones pesqueros, sacando músculo y gritando al toro ¡te voy a matar!. Pero no, la cosa era bastante más durita: sacaron a hacer el paseillo a Adrián Gómez banderillero a quien un toro le ha dejado tetrapléjico y en cuyo beneficio se habia organizado el festival.
Al pobre le hicieron hacer cuarto de vuelta y la sacaron por la P. Arrastre (léase puerta de arastre y no “para el arrastre”), según Rosa, porque le quedaba más cerca de su palco. Para una servidora, ignorante de rito pero muy pija para el protocolo, le pareció un acto fallido de humor negro.
Humor que nos agriaron dos hermanas pedorras sentadas en la fila de delante, con marido de loden e hija protopija, culpables, cada una de ellas, de un agujero en la capa de ozono del tamaño del estado de Tejas. A mi me tenía fascinada una onda adherida al resto del pelo rubio bote que permanecía en el mismo estado en el que salió de casa ¿harán ahora el loctite en aerosol? ¿Se puede ir tanto de pija y ser tan basta? ¿Creyó que no me daba cuenta de que la pashmina era de mercadillo y el bolso de imitación? Estas preguntas me hacia mientras la hermana loro 2 nos miraba con desaprobación molesta por las explicaciones que el Cossio 2.0 me estaba dando, en esa labor didáctica que os comento.
Tan concentrada estaba que no twiteó nada más que durante el muy aburrido espectáculo del Sr. Ferrero Roché. ¡Que poquita gracia tiene este chico! Una servidora que iba a verle el culo prieto a Joselito se quedó prendada de un torero a la antigua, de esos que uno imagina cuando ve los cuadros de Picasso: Morante. Y es que me barrunto que Petezin me llevaba engañá para que supiera lo que vale una coletilla. Véase. Abstenerse antitaurinos.
[En la boca del lobo]
Hay que estar hecho de una pasta especial para haber vivido en primera persona y de cerca muchos de los más escalofriantes conflictos del siglo pasado y seguir teniendo fe en el prójimo y alegría de vivir.
Así es Ramón Lobo, un periodista que ha sido testigo directo de las matanzas étnicas en Ruanda o los Balcanes, del horror haitiano, de la ignorancia talibán en Afganistán, del diario enfrentamiento entre israelíes y palestinos o de casi todas esas guerras olvidadas en África y aún así ve al que tiene enfrente como un oportunidad y no como un peligro. Todo esto y más lo cuenta En la boca del lobo.
Una bitácora llena de vida, experiencia y sabiduría. Y para los que estén empezando en esto del periodismo, un consejo: no dejad de leer “Quién creo que soy“. Realmente instructivo.
Ramón Lobo | En la boca del lobo
Mañana, por fin, podré asistir al esperado desenlace de un programa que me tiene fascinada por su ranciez: Granjero busca esposa.
Ya los conceptos “granjero” y “esposa mantecosa” anuncian que nos encontramos ante un fenómeno que siempre me ha tenido babicalada, desde que comprobé como todos admitíamos con naturalidad que en Los Serrano ningún tío pusiera la mesa: el machismo light.
En este programa ruri-pop, unas muchachas casaderas, muchas con su cuarto y mitad de piercing y tatuaje rabadillil, se tiran al monte “a vivir una experiencia” consistente en tener que encandilar a un garrulo a cambio de algo tan prescincible como la dignidad.
Dignidad, what dignidad? ¿qué es semejante chorrada cuando una es una solterona como Doña Rosita la idem o una separá-con-niño-alforja, sola en el mundo, un ser metafísicamente incompleto sin un fornido hombre de campo que llevarse al colchón de lana de oveja merina? Nada de nada, queridísimas lectoras.
Porque mientras los granjeros no han mostrado ni un ápice de interés en saber a qué dedican el tiempo libre las zagalas que han alojado en sus casas junto a sus padres (¡vaya papelón!), ellos han desplegado todos sus encantos y, en el caso de uno de Llesui, todas su orejas que es mucho desplegar. Una de ellas incluso pilota aviones. Es parada y pone cara de paisaje ante los envites del espeso Guillamet que representa el tipo de hombre por el que siento, a que negarlo, una atracción irrefrenable: guarro como él solo, no se ha lavado una sola vez el pelo en lo que va de programa. Perdido he la esperanza de verle afeitado o simplemente aseado. Me imagino quedándome adherida a su rústica mano al calor de la roña derretida.
No como el zamorano Nides, que va hecho un pincel, si bien aporta suegra septuagenaria con retranca de las que tanto nos gustan de solteras y tanto ponemos en la puta calle de casadas.
Para compensar, tenemos a un vasco sin madre (al menos presente) de apellido impronunciable y lo suficientemente amable como para amontonar a sus candidatas en unas literas de niño dentro de su propio dormitorio. Un modelo de hombre dialogante, que ha entendido este programa como un sistema barato de reinstaurar la esclavitud en la dacha-batxoqui.
Y que decir del gaditano al que se le entiende menos que a la Ministra de Fomento, del tipo que pega besos con lengua rectractil-lamido-de-vaca con preaviso: primero llega la lengua y al cuarto de hora él. Todo un gentleman de los que creen que el femenino de varón es hembra, que para eso es de campo y para eso es el premio gordo por el que luchan en las boñigas de vaca dos mujeres que se podrían dedicar a escardar cebollinos en la intimidad de su balcón.
En fin, amigas, no puedo esperar a ver quien es la elegida, la tocada por la fortuna de ver convertirse su sueño en realidad: esposarse para que la hagan una mujer decente. ¡Qué ilu, por favor!