Publicado por Tormento el 22 de Marzo de 2009

Los abrazos rotosPedro, yo te entiendo. Los que somos creadores del arrabal, con tendencia a la repetición, acabamos abrumados por nuestra inabarcable cultura y nos vemos obligados a colocarla en abundancia en todas nuestras obras para disimular que ya no se nos ocurre nada que contar.

Véase esta seccioncilla, falta de ideas y llena de astenia primaveral y ganas de irse de crucero fino a Papetee. Como tú, tengo una musa para justificarme: la tuya es Pe, llena de pecas y mohines; la mía soy yo misma -que aquí andamos muy escasos de presupuestos-, una mezcla de la Terremoto de Alcorcón y Cuca García de Vinuesa (DIGRESIÓN/ a la que, por cierto, sigo con fervor episcopaliano en la isla “buchingué” con la no disimulada esperanza de que ponga a los demás concursantes a cantar el “¡alabaréee, alaberé, alaberéee, alabaré, alabaré a mi señorrrrr! FIN DE LA DIGRESIÓN).

Así que, Pedro, no te lleves berrinche si te digo que tu última película es una gasufulencia vacía que da mucha vergüencita ajena. Yo tengo la excusa de que una vez a la semana me tengo que hacer la original, pero tu , Pedrooooooo, chato, tú que has echao un par de años en este “proyecto” ¿cómo te has escrito unos diálogos tan ridículos? Si es que hasta Douglas Sirk y Sandra Dee parecen de una sobriedad castellana al lado del almibar y la absurdez de los de esta película. Y esas chapas monologantes de los personajes que no vienen a cuento: la del hijo down de Arthur Miller, la de los vampiros de diario (¡hay que ver más True Blood!), la de la Portillo en el Chicote… Y ese “Luke soy tu padre”…. Y ese dramón ridículo de culebrón barato… Ay que penita de guión, Pedro, de verdad te lo digo.

Sólo se salvan los momentos en que vuelves a ser tú: esa lectora de labios con tono notarial o esa revisión de “Mujeres..” tan llena de referencias para los que te seguimos desde siempre.

Pedro aceptémoslo: ambos dos somos de registro cómico-delirante, pero lo serio no se nos da ¡qué le vamos a hacer!

Y que sepas que no te perdono que me obligues a estar de acuerdo con Carlos Boyero. Esto no se me hace, Pedro, esto no-se-me-ha-ce.


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