- ¡Venga, sólo cinco duros más…! Esa era la frase más repetida cuando salía con mis padres a tomar el aperitivo los fines de semana de hace ya mucho, mucho tiempo.
Y mientras ellos le daban a la cerveza, al vermú y similares, yo me liaba a apretar los dos o tres botones que tenían las máquinas recreativas del bar. Algunas, las más sofisticadas, tenían un mando acabado en una bola roja a modo de joystick.
Juegos como Galaxians, Asteroids, Space Invaders, Donkey Kong, Crazy Climber, Tetris (el original) o Hyper Sports no tenían secretos para mí.
Era tal mi adiccion a estos cajones rectangulares que cuando me metía en la cama y cerraba los ojos sólo podía ver al Señor PacMan comiéndose pelotitas y siendo perseguido por fantasmas de colores.
La aparición de las consolas caseras las arrinconaron. Las tragaperras, de consumo rápido y fácil, han terminado de matarlas.
Descansen en paz.




