Todos conocemos como se las gasta ese subgénero del periodismo llamado “rosa” o “del corazón”. Se trata de un universo paralelo en donde todo vale. Que si me lo ha dicho su vecina, que si donde dije “digo”, digo “Diego”. Todo sea por llenar horas de programación barata y páginas de papel couché a todo color sacando lo peor de cada uno. Esa información que nadie ve ni compra pero que hace que bazofias como “Está pasando” o revistas sesudas como Pronto sean negocios enormemente lucrativos.
La gente que se dedica a ello, muchos de ellos mercenarios más que profesionales, se nutren de bulos, verdades a medias o directamente mentiras. Muchas veces la inquina o personal es la que rige su quehacer diario. Y no pasa nada.
Pero hay otro tipo de periodismo que cada vez más, y salvo contadas y honrosas excepciones, están haciendo suyas todas las lacras que se le achacan a sus “compañeros” del higadillo y sin embargo no está en absoluto tan denostado socialmente. Me refiero a la prensa deportiva y más concretamente la futbolera.
El problema de éstos es que no mercadean sólo con la vida privada e imagen pública de los famosetes que se prestan. La prensa deportiva crea opinión sobre cuestiones muy sensibles para gran parte de su fiel público. Y si esa opinión es la de un forofo en vez de la de un periodista, el problema es grave.
Lo estrictamente deportivo, lo que pasa en el césped los domingos, cada vez importa menos. Y da igual sea de Madrid, Barcelona, Valencia… Desde sus páginas se tiende a humillar al rival, encontrar fantasmas, se busca el enfrentamiento, se inventan escándalos y conspiraciones, se hace la pelota para conseguir prebendas… Y todo esto con total descaro. Total, mañana se habrá olvidado y habrá otro charco en el que meterse.
Cualquier día pasará algo grave y esos mismos que ayer destilaban odio y encendían la llama, la prensa verde, se echarán las manos a la cabeza preguntándose cómo ha podido pasar. Y si no, el tiempo…
Como os imaginaréis esta entrada ha sido posible gracias a la inestimable ayuda de La libreta de Van Gaal.





16 de Diciembre de 2008 a las 12:07
Por alguna razón que no entiendo, Chiqui, el periodismo deportivo premia cada vez más la gañanería, la demagogia y el encefalograma plano. Muchos de los periodistas que hay en él, al saber que sus artículos se comentan en los bares, han decidido transformar sus columnas o sus programas en patéticas parodias de charlas de barra con porra, carajillo y palillo en la boca.
¿Solución? ¿Tiene la telebasura solución?
16 de Diciembre de 2008 a las 14:07
Chiqui, estoy totalmente de acuerdo con tu post, ya que si uno acude a los medios para saber las novedades en deportes, lo que espera es información y no chorradas como escriben últimamente, amén de los hooligans, perdón, columnistas ya citados.
Y como aficionado al basket lo sufro doble, ya que además de darle poca cobertura informativa, muchas veces si dan alguna noticia es sobre fichajes o aspirantes de los equipos futboleros…
16 de Diciembre de 2008 a las 15:58
Lo que yo decía… echa a temblar cuando a un compañero de clase le preguntas en qué periodismo le gustaría trabajar y te dice que en el periodismo rosa o en el deportivo…
¡Pero qué daño han hecho el Tomate y el españolizar el fútbol y el deporte en general solo para los gustos de los medios!