Publicado por Chiqui el 10 de Octubre de 2008

Una de las primeras entradas de esta bitácora trataba sobre mi adicción a coleccionar el “no molestar” que cuelga de las puertas de las habitaciones de los hoteles.

En ella, buscaba gente, que como yo fuera cleptómano ocasional y así poder intercambiar el resultado de nuestas capturas. La respuesta fue desalentadora. Sólo José Luis Carod-Rovira (perdón, Josep Lluis) y yo compartíamos esa afición.

“Será que la mayoría de los hoteles ya tienen dispositivos electrónicos para hacer esa función y ya están en desuso”- pensé tratando de reconfortarme. Qué leches, lo cierto es que por esa época me leía todavía menos gente que ahora y encontrar un lector con ese raro interés era como buscar una aguja en un pajar.

A la espera de que encontrar un escaner A3 para subir las mías (hay algunas  que parecen cuadros), basta echarle un ojo a la red para encontrar un montón de gente con ese tipo de desequilibrio. Por ejemplo, el abuelo de Michael Lebowitz tenía una interesante colección con algunos incunables, ya que muchos de esos hoteles ahora son bancos o centros comerciales..

También se puede curiosear en Flickr para encontrarse con una pila de estos trozos de plástico o papel ya “distraidos” o cumpliendo su función. Y es que ahora ya se pueden encontrar estos colgadores hasta para las mascotas.

Por cierto, sigo coleccionándolas y aunque al principio eran sólo de lugares en los que me había alojado, ahora está abierta a la participación de familiares, amigos y conocidos. Vamos por unas 400 y subiendo. Si te apetece colaborar…


Archivado en Egomanía, Vida cotidiana

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