Publicado por Tormento el 3 de Agosto de 2008

Llamo a mi editor que está huido en la Campus Party para ponerme a órdenes. Le repaso al iPhone la cartelera de estrenos y de sus consecuentes críticas, con un resultado propio de la Intertoto: La momia china es, le cito, “insustancial, rutinaria y sosa”; Dejad de quererme, le cuento, se me representa como una nochebuena española, pero a la francesa, que es peor ya que, en lugar de liarse a mamporros, se ponen a disertar usando a Descartes y el plan frances, que si “grand A, grand B” que si “petite a, petite b”. “Hellion: el ángel caído“, le leo, “es tan floja que da más risa que miedo”. Y así suma y sigue.

Le digo al jefe que o bien la cosa está más xodida que de costumbre, o estoy creando tendencia en el mundo de la crítica cinematográfica. El jefe dice que más bien será lo primero, el muy… Le digo que tengo varias opciones en el sector gafapasta, que en vista del panorama, es lo único que mis nervios alterados por la agostidad al dente están en situación de soportar: un documental de curas pederastas o una cinta de Sidney Lumet.

No cuela y me da la chapa. Hay que ver el megaextreno de la semana, así que rapidito al cine que no llegas a ver La momia 3. Ando por un Madrid desierto y me monto en un autobús desierto. Si el conductor hubiera sido Fred Astaire y mi vida una peli de Vicent Minnelli, nos habríamos puesto a cantar y bailar por el pasillo, enganchados de las barras, al ritmo de “Cheek to cheek”…

Exhaustos de tanto baile, me despido con la mano al bajarme, en un todavía desierto autobús: “Adios, chata, que tengas buena tarde”. Es lo más excitante que me pasa en todo el día.

Veo que también mi Brujo Don Carlos anda indignado con la “Momia III el come back”. Está claro que yo ayer debía de estar benevolente o con las expectativas tan bajas, que no me pareció tan mierdosa como esperaba.

El cine petao, un intenso calvorota a mi izquierda en estado de histeria miraba hacia atrás donde una madre indolente dejaba que un niño de tres años diera la plasta a placer. De vez en cuando la mirada vitriólica me tocaba a mí, censurante, por haber dejado mi bolso entre el sillón que nos separaba. Entre tanto bamboleo y los ronquidos de el de la derecha contemplé otro presupuesto tamaño PIB de país del tercer mundo desaprovechado. Otra idea, la del emperador Qin Shi Huang y sus guerreros de terracota, tirada a la papelera. La sustituta de Rachel Weisz, impotable; el hijo de Brendan Fraser, un lechuguino impávido, que parece su padre; Brendan Fraser, itself, más “George de la Jungla” que nunca.

A pesar de todo ego les absolvo, por esos primeros 10 minutos con Michelle Yeoh y Jet Li que me recuerdan a Hero y las pelis de honk-kong-esas, y por ese Shanghai de cartón piedra que tanto me gusta. Yo es que me dan cuarto y mitad de patada voladora y me vuelvo de mantequilla de Soria.


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