
Desde la bajada de precios y consiguiente popularización masiva de las cámaras digitales se hacen miles, digo miles, millones más de fotos diariamente. La rapidez, el coste y la facilidad para hacer instantáneas en cualquier sitio y momento hace que la gente no se lo piense a la hora de hacer clic.
El disparar y borrar o guardar o la no necesidad de llevar una cámara tradicional ayuda a que se hagan fotos hasta del camión de la basura.
Pero como todo, ésto tiene “efectos colaterales”, y en este caso, como en algún otro, le está tocando al papel, porque… ¿hace cuanto tiempo que no tienes en la mano una foto de las de toda la vida?
Ahora las fotos ya no se disfrutan sentados en un sofá delante de un álbum. Se utilizan otros formatos: los monitores de los ordenadores, las pantallas de los teléfonos móviles o las tropecientas pulgadas de una televisión. Incluso por rizar el rizo, también se pueden ver dentro de un marco, pero digital en el que el papel brilla por su ausencia.
Los tradicionales álbumes de fotos en papel han sido sustituidos por discos duros, cedés, memorias flash o servicios web.
La verdad que el precio del papel para fotos y la tinta (un verdadero escándalo) no ayudan a que las impresoras trabajen más. Aunque lo que realmente hace que el papel sea sustituido por los pixeles, no nos engañemos, es la pereza de la gente a la hora de pasar los bytes a cuatricomía. Enviarlas por correo electrónico o colgarlas en Flickr es mucho más cómodo y más rápido. Luego que cada cual haga lo que quiera.
Cualquier día de éstos inventan la cartera digital para poder llevar la foto de la novia/o, hijos o perro…





