Sí, sí, ya sé que todavía no han desaparecido. Y que aún les quedan unos cuantos años para dar guerra, pero piensa un momento… ¿Cuantos números de teléfonos fijos (ésos que empiezan por nueve) recuerdas aparte del de tu casa, el del trabajo y los dos o tres que más frecuentemente utilizas?, ¿A cuanta gente le has dado últimamente el teléfono de casa en vez del móvil?
Y es que al teléfono que está conectado a la roseta de la pared le espera una agonía lenta, lenta (menos mal que los fijos inalámbricos les da un balón de oxígeno). Con la llegada de las tecnologías modernas en donde cada persona tiene un terminal, (o dos) se acabó para siempre eso de “¡Niño, cuelga ya que parecéis novios!” o el más famoso todavía… “Sí, ¿de parte de quién?”
Los más jovenes lo tienen ahora más fácil, aunque lo de llamar a esa chica/o que te gusta y colgar porque no sabes que decir cuando lo tienes al otro lado (el identificador de llamadas es un cotilla).
Por contra, antes había que hablar con monosílabos porque el teléfono solía estar en el salón y toda la familia estaba escuchándote, y según lo que dijeras podía producirse el correspondiente choteo posterior. Ahora el “cuelga tú… no tú primero… que no…” se ha sustituido por un escueto y tecleado “TKM”.
Pues eso. Que en breve el Heraldo, el Góndola, el Teide, el Forma e incluso el Domo serán más objetos de decoración que artilugios para comunicarse.
Ahora las líneas de teléfono fijas cada vez son más nicho del llamado “telspam” con el que nos bombardean diariamente operadoras, compañías de seguros y encuestas de todo tipo y color.





