Publicado por Chiqui el 18 de Mayo de 2008

Gañán

A todos nos han llegado esas historias de la emigración española donde nos contaban que en algunos bares y tiendas de la rica Europa se podían leer carteles del tipo “Perros y españoles NO”.

Unas cuantas décadas después se repite la historia, pero ahora es en la próspera España.

Ya lo habréis leído, pero por si acaso os lo cuento. Resulta que a un excelso gañán (con perdón de los gañanes), propietario de una franquicia de ordenadores, unos rumanos le robaron dos portátiles.

Como consecuencia, a este probo empresario (ex-candidato a la alcaldía de su localidad) no se le ocurre nada mejor que plantar el cartel que ilustra esta entrada, que además de demostrar su mente abierta y amplitud de miras da una idea del vasto dominio y conocimiento de la lengua de la madre que le parió.

Todos ello, como indican varios carteles en el interior de la de la tienda y en el escaparate, fue debido a un calentón por el “cabrero” (sic) que se agarró.

Pero más allá del hecho puntual, el problema es lo que subyace en el fondo. Se dice que el racismo y la xenofobía es minoritaria en España, pero basta echar un vistazo a los cientos de comentarios que esta noticia ha provocado en varios periódicos digitales para darse cuenta de que eso de “Yo no soy racista, pero los gitanos, moros…” está más extendido de lo que parece.

Supongo que si la historia hubiera sido otra y estos mismos rumanos hubieran tenido los bolsillos repletos de euros, en vez de regalarles “ostias” les habría abierto hasta una línea de crédito. Del mismo modo que esos cafres que insultan a Eto’o o a Diarra por el color de su piel en un campo de fútbol no dudarían en posar orgullosos cuanto más cerca mejor junto a Halle Berry.

Quizá es que el problema real no es tanto el color de la piel o la nacionalidad, si no la clase a la que pertenece y sus recursos económicos…

Peligroso caldo de cultivo si los que nos mandan no atajan estas actitudes y, claro está, también las contrarias, antes de que sea demasiado tarde y acabemos sufriendo aquí lo que se vio hace no mucho en Francia y empieza a ocurrir ahora en la vecina Italia.

Por cierto, la mujer del “académico” ha declarado no ser racista, si bien precisó que “a este paso” acabará siéndolo.


Archivado en Vida cotidiana

3 comentarios a “De nacionalidades y cafres” Añade uno

Deja un comentario

    Prensa

    Radio

    Televisión

    Internacional

    Bitácoras

    Recursos