
A todos nos han llegado esas historias de la emigración española donde nos contaban que en algunos bares y tiendas de la rica Europa se podían leer carteles del tipo “Perros y españoles NO”.
Unas cuantas décadas después se repite la historia, pero ahora es en la próspera España.
Ya lo habréis leído, pero por si acaso os lo cuento. Resulta que a un excelso gañán (con perdón de los gañanes), propietario de una franquicia de ordenadores, unos rumanos le robaron dos portátiles.
Como consecuencia, a este probo empresario (ex-candidato a la alcaldía de su localidad) no se le ocurre nada mejor que plantar el cartel que ilustra esta entrada, que además de demostrar su mente abierta y amplitud de miras da una idea del vasto dominio y conocimiento de la lengua de la madre que le parió.
Todos ello, como indican varios carteles en el interior de la de la tienda y en el escaparate, fue debido a un calentón por el “cabrero” (sic) que se agarró.
Pero más allá del hecho puntual, el problema es lo que subyace en el fondo. Se dice que el racismo y la xenofobía es minoritaria en España, pero basta echar un vistazo a los cientos de comentarios que esta noticia ha provocado en varios periódicos digitales para darse cuenta de que eso de “Yo no soy racista, pero los gitanos, moros…” está más extendido de lo que parece.
Supongo que si la historia hubiera sido otra y estos mismos rumanos hubieran tenido los bolsillos repletos de euros, en vez de regalarles “ostias” les habría abierto hasta una línea de crédito. Del mismo modo que esos cafres que insultan a Eto’o o a Diarra por el color de su piel en un campo de fútbol no dudarían en posar orgullosos cuanto más cerca mejor junto a Halle Berry.
Quizá es que el problema real no es tanto el color de la piel o la nacionalidad, si no la clase a la que pertenece y sus recursos económicos…
Peligroso caldo de cultivo si los que nos mandan no atajan estas actitudes y, claro está, también las contrarias, antes de que sea demasiado tarde y acabemos sufriendo aquí lo que se vio hace no mucho en Francia y empieza a ocurrir ahora en la vecina Italia.
Por cierto, la mujer del “académico” ha declarado no ser racista, si bien precisó que “a este paso” acabará siéndolo.






18 de Mayo de 2008 a las 11:33
Teniendo en cuenta que, por ejemplo, Elsa Pataky es medio rumana, habría que preguntarle al gañán (con perdón de los gañanes) si a ella sí le dejaría entrar en su local… o quizás no… quién sabe…
18 de Mayo de 2008 a las 16:54
Totalmente de acuerdo con la afirmación de que el problema quizá estribe más en la clase social y sus recursos económicos…
Esto de hacer distinciones me recuerda a un caso polémico que hay, por el que unos padres (creo que eran ingleses), “ejerciendo su derecho a educar a sus hijos como crean conveniente”, quieren darles ellos mismos la educación en casa (son profesores).
El Foro de la Familia está totalmente de acuerdo y apoya sus reivindicaciones. Pero, ¿se imaginan que estos padres no fuesen ingleses, alemanes u otros “ciudadanos respetados”? Cambien su procedencia y su clase social (aunque siguieran siendo profesores) y a ver qué opinaban sobre ello…
25 de Mayo de 2008 a las 9:47
Sólo hay dos razas: los ricos y los pobres. Muy triste.