Publicado por Tormento el 30 de Marzo de 2008

La noche es nuestraYa adelanto que estoy muy cebolleta hoy. Será porque ayer me pasé medio día en la peluquería, el otro medio haciendo relaciones sociales multiculturales y al llegar a casa me escamotearon una hora que quiero que me devuelvan de inmediato para dormírmela de corrido.

Me pregunto si será el mismo estado en el que se encuentran los titulistas (¿o serán tituladores? ¿qué titulación hará falta para titular peliculas?) que traducen los nombres de las pelis. En el caso de La noche es nuestra no les puedo acusar de falta de literalidad pero si de desconocer el contexto sociológico de esta nuestra piel de toro.

El título original, We Own the Nigth está sacado del slogan del Departamento de Street Crimes de la Policía de Nueva York, ésa que, a base de Giuliani y mano dura, limpiaron la ciudad de delincuencia y la convirtieron en una sucursal de DisneyWorld. Ese slogan pretendía dejar claro quien mandaba, una especie de “la calle es mía” de nuestro incombustible Don Manuel. Sin embargo la elección del titulista ¿o será titulero? en este caso parece más pensado para los fans de los albóndigas en remojo o de la cursi de Winona-chori-Rider haciendo de proto-fallecida enamorada por incurable enfermedad autoinmune (es que veo mucho House). Otra opción como “Dueños de la Noche” habría llevado al paisanaje a creer que iba a ver “Blade el retonno“, así que reconozco que la cosa no está sencilla.

A todas estas no os he dicho, como de costumbre, nada útil sobre esta película. Intentaré al menos cumplir con la función social de organizaros el dinero de la paga. Me ha parecido una excelente película que consigue algo que ya no ocurre a menudo: transmitirte desasosiego, tensión. Es una película con atmósfera, en la que vives el aburrimiento y la angustia del protagonista, preguntándote de verdad cómo va a salir de ésta. Me ha pasado eso en muy pocas ocasiones, una de ellas con La delgada línea roja, por todo lo demás un tostón de campeonato. La noche es nuestra y olé está llena de música ochentera, juergas ochenteras y buen cine. Y Eva Mendes se masturba en la primera escena ¿qué más se puede pedir?


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