Publicado por Tormento el 15 de Enero de 2008

Me alegro de verteCuando eres la empollona de tu clase, tienes los pies planos, llevas unas plantillas ortopédicas como dos ollas a presión y tus padres te hacen las botas a medida (¡pobres!) creyendo que así se te hará más llevadero, se produce en tu entorno una ola de “solidaridad” consistente en que cualquiera se ve en la necesidad de decirte las verdades del barquero. Desde esa temprana edad empecé a valorar a los japoneses que consideran que decir verdades innecesarias te convierte en un paria social. Ellos son educados e hipócritas (bendita palabra), lo que supone mantener la compostura y no decir cosas desagradables en las relaciones superficiales, que son casi todas.

Montalbano, el comisario de policia siciliano del siempre ingenioso Camilleri, se pone frenético cada vez que alguien dice una frase hecha. Yo, sin embargo, después de los años de escarnio infantil, he desarrollado a partir de este sencillo instrumento diversas técnicas de comportamiento, a lo National “Geografic”, que resultan la mar de útiles. Así, desde este consultorio Rosarillo, hago las siguientes recomendaciones:

- Si alguien lleva con orgullo no tener pelos en la lengua, huid!!! acabará dejándoos el ego lleno de malas-babas.

- Si una (porque siempre es una) se dirige a ti diciéndote “te voy a decir lo que opino de ti”, poneos en guardia y evitad actitudes que os puedan llevar a acabar la discusión en el barro. Lo mejor, un uppercut verbal directo a la mandíbula tipo “muchas gracias por participar, pero lo que opinas de mí me importa un pito”. Esto gana si te pegas media vuelta a lo folclórica con bata de cola, pero no siempre hay espacio para el numerito final.

- “Me alegro de verte” es una estupenda frase que dices-te dicen cuando no tienes ni idea de con quien estás hablando o sabiéndolo te importa un pito flauto. Muy útil en reuniones multitudinarias y en campañas electorales.

- Si dices-te dicen “a ver cuando nos tomamos un café” ni te molestes en encender la agenda electrónica. Ese encuentro no se producirá, repito, no se producirá.

- Lo siento mucho o su versión francesa “je suis désolé”, quiere decir casi siempre que te la suda (en francés, siempre). Atención ejemplo: el presidente del Arca de Zoé procesado en Chad por lo que todos sabemos, ha manifestado al respecto que él está désolé.

- Si alguien está reunido o hablando por la otra línea de manera inquietantemente frecuente, inquiétate: o tiene problemas intestinales, o es que no quiere hablar contigo. Esto me recuerda la secretaria de un amigo que, al modo de la portera almodovariana de “Mujeres…“, era testigo de Jehová y no podía mentir. Así que cada vez que llamaba alguien con quien no quería hablar, se tenía que salir al rellano de la escalera para que su secretaria pudiera decir sin riesgo a condenarse que se encontraba “fuera”. Aquella relación no duró.

- Si estás hecho un churro porque te han dejado y humillado en el Programa de Patricia y crees que es buena idea desahogarte con los amigos más cercanos, estáte atento a la siguiente frase “tienes que animarte, salir, ir de copas, ya verás como encuentras a alguien”. Si esta se produce ha llegado el momento de dejar de llorar en público y esconderte en casa con el paquete de kleenex y la banda sonora de Memorias de Africa. Eso sí, no se te ocurra decir que te quedas a llorar, di que te quedas para verte un maratón de 24 horas de Perdidos con sus making-off correspondientes. De lo contrario alguien vendrá a obligarte a que te animes. El tiempo medio de luto público por abandonos varios es de 15 días. A partir de ahí hay que activar el modo “pena en privado”.

Y hasta aquí, el sermón de hoy.


Archivado en Tormento, Vida cotidiana

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