Publicado por Tormento el 18 de Noviembre de 2007

Michael ClaytonOs lo tengo que confesar, en mi casa siempre me han tomado por el pito de un sereno. Si decía “No tengo hambre”, alguno de mis padres contestaba al fondo del pasillo: “Tu hija ha dicho que no quiere cenar ¡Saca la sartén grande!”; si me ponía a Bach, alguien asomaba por la puerta y decía “Hija, por Dios ¿quieres quitar esa música de muertos?”; si mis padres miraban la cartelera decían creyendo que no les oía “¿Que película ha recomendado tu hija? Uff, seguro que es de esas en las que te pica el trasero”. Y así he crecido, entre unos progenitores que siempre se pasaban el uno al otro la pelota de mi pat/maternidad y que consideraban una rara mutación genética mis aficiones artísticas.

De ahí me ha quedado la costumbre de distinguir entre las películas que me gustan y las que, además, me atrevo a recomendar. Michael Clayton pertenece a las primeras.

La vi en París, en inglés subtitulado al francés, un lunes, en sesión de las 10 y tras tremendo tortazo de a 10 euros la entrada y a 5 las palomitas. En estas condiciones, con un cansancio monumental, me adentré en esta película que tiene algo de onírico, aunque no estoy segura si lo del sueño era porque lo llevaba yo de casa. Me gustó mucho: es diferente, es difícil y está en ese peligroso límite entre lo bueno y el cine-estudio coñazo. Que lo traspase o no depende enteramente del espectador, por lo que es una película que resulta todo un riesgo recomendar.

Así las cosas, esta web no se hace responsable “whatsoever” de que salgáis del cine con dolor de rabadilla, cabreo testicular o ganas de tirar el servidor de Chiquiworld por la ventana. No admitimos reclamaciones ni indemnizamos por daños morales, que para eso me he marcado yo este bonito disclaimer.

Por supuesto, ni se la he mencionado a mis padres.


6 comentarios a “Michael Clayton” Añade uno

Deja un comentario

    Prensa

    Radio

    Televisión

    Internacional

    Bitácoras

    Recursos