Publicado por Tormento el 28 de Octubre de 2007

El hijo del malBelinchón, por muy guapo y alto que seas (que lo eres) y por mucho que mi tía Elisa y su amiga Sarita te encuentren un chico majísimo, en tu misma cara te lo digo: no te vuelvo a hacer caso en tus recomendaciones cinematográfi-cas.

Ya debí sospechar algo cuando vi que en tu top ten del EP3 incluías Mataharis y algún que otro pestiño constatado más. Pero caí ante la perspectiva que prometías de enfrentarme a un niño que, sin estar poseído, representara el mal en sí mismo. Es que a mí, los malvados inteligentes me ponen. Pero, o soy un pelín sociópata, o a mí la criatura no me pareció para tanto.

Es más, yo en su lugar también habría potado ante la cursilería de ver una familia con bebe incluído cantando y tocando una nana en un Stenway and Sons. Personalmente, tiendo a identificarme con un niño que se quita habilmente de en medio a una madre histérica, a un padre “tonto-l’haba” y a una abuela enganchada a los telepredicadores. Brillante me parece que se aproveche de la cultura de teleserie sobre los abusos, falsificando habilmente unos dibujitos al efecto.

En fin, que la criatura cumple además con varios de los patrones que me hacen sentir simpatía por alguien: tocar el piano, ser un pato en los deportes, vestir como “El pequeño Lord” y dejarse pillar en el balón-prisionero para ir a leer Alicia en el País de las Maravillas.

Si llego a saber que la película tenía un malo tan comprensible y un premio en Sundance no piso el cine. Aunque seguro que en algún sitio lo habrán avisado porque estábamos tres (incuída yo) sentadicos en la sala como unos gilipuertas.


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