Si no teníamos bastante con el spam tradicional, el fishing o los SMS publicitarios, ahora se están poniendo de moda los “e-matones”.
Contestando a los comentarios que llegan a la bitácora, he visto uno que a continuación os transcribo:
“Hola, mi nombre es Richard y sé que tienes miles de comentarios de spam. Te puedo ayudar a resolver este problema. Conozco a muchos spammers y les podría pedir que no visitaran tu web. Eso reduciría tu volumen de spam en un 30 o 50%. A cambio, sólo te pido un enlace a mi sitio desde tu página web. Este enlace sería pequeño y tus visitantes casi ni lo notarían, sólo sería para tener un mejor posicionamiento en buscadores. Si estás interesado, avísame mediante icq xxxx o escríbeme a xxx(@)xxx.com, y te mandaré la URL de mi web y tú me mandas la tuya. Gracias.”
Claramente, este tal Richard, si existe, es un sirvenguenza 2.0. El problema es que en la red, además de docenas de expertos y cientos de usuarios sensatos, hay también miles y miles de ingenuos que ven en este correo la solución a sus anteriores excesos dejando su dirección de email en todos sitios. Conforman ese grupo los que en el mundo real serían los engañados por el timo de la estampita.
A este paso, y como vean que estas prácticas dan resultado, dentro de poco te pedirán que si quieres estar a salvo de anuncios de adelgazantes, alargadores de pene, antidepresivos y demás pócimas milagrosas, envíes unos cuantos dólares a sus cuentas de PayPal. De no hacerlo, además de tener la bandeja de entrada llena de basura, dos fórnidos individuos de nacionalidad kajaza te harían una “amistosa” visita…




