Archivos del 7 de Octubre de 2007

Publicado por Tormento el 7 de Octubre de 2007

SuizaAntes de que alguien me acuse de inventarme las críticas o de tirar de fondo de armario, advertiré de que esto no es una entrada sobre cine español. Es que me he pasado toda la semana en Lucerna, provincia de Suiza, en otro episodio del Tormi World Tour 2007 (sé que tengo pendiente el de San Francisco, pero llegará).

En Suiza en general, y en Lucerna en particular, es todo tan perfecto que mi compañero de viaje y sin embargo amigo, Miguel, en lugar de sus habituales power points de fotos a todo trapo se ha hecho uno titulado “burrido” en el que sólo salen grifos, pomos de puertas y llaves de la luz. Vamos, que es imposible hacer una foto que no parezca una postal.

La puntualidad de los autobuses y trenes es tal que, de pronto, te entran ganas de vivir en ese país. Además, gracias al maldito euro, hasta Suiza es barata. Que en España se haya hecho una extraña conversión del patrón 20 duros al euro, con una inflación real de un 66% (y no la que calcula el INE a base de incluir chirucas y escuadratallos en la cesta de precios) hace que la idea de quedarte cale en tí.  Si al volver lo primero que te encuentras es un debate al que asisten la Doctora Grajal y el Doctor Cabeza sobre la muerte del jugador del Sevilla, Antonio Puerta, pedir hora en la embajada de Suiza para solicitar la residencia se convierte en una necesidad imperiosa.

Decir que Lucerna es una pequeña ciudad perfecta es quedarse corto. Uno se sienta al borde de la mini bahía y ve montañas nevadas (y no las de “voy por rutas imperiales”), el lago Lucerna (que luego navegué y que es ¡espectacular!) y los puentes cubiertos de madera que cruzan el río Reuss todo de un vistazo y te parece imposible. Mientras en un agua transparente en la que no flota ni un papel, los cisnes son tan blancos que parecen de atrezzo.

Para colmo, me alojaba en un hotel familiar del centro en la zona peatonal rodeado de edificios polícromos y tiendas estupendas de trato exquisito.  Por las mañanas abría la ventana y sólo veía tejados perfectos y la torre impoluta del ayuntamiento renacentista. Me ponía un café y con el programa de France 2, Télématin (en el que a las 7 y media de la mañana recomiendan libros ‘¡igualito que aquí! ) miraba por la ventana mientras me sentía la reina del mambo.

Por lo demás, nuestros anfitriones generosos pero elegantes (nada que ver con la fiesta de inauguración del Pocero), las navajitas una monada (he tenido casi que hacer el pino puente para traérmelas), el país neutral y la bandera diseñosa. Emotivo el león del Lucerna, que llora amargamente por la muerte de los soldados suizos en la revolución francesa, como emotiva es la historia de la fundación de la Cruz Roja. Ver un ejemplar de la primera Convención de Ginebra de 1864 hizo que se me cayera la lagrimilla.

Y, ya me adelanto, todo ello llenando las terrazas, cafés y restaurantes. Lo digo por aquellos que dicen que en España se vive como en ningún sitio porque somos capaces de hacer de una noche dedicada al arte (aunque fuera discutible) el mayor botellón del año.

Pues lo siento, me ha dado nostalgia reconfirmar que se puede tener todo ¡y más barato! a dos horas y diez de aquí.

Sobre todo ahora que podemos ir a un franco cien pesetas como unos señores.

 

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