Publicado por Tormento el 2 de Septiembre de 2007

Harry Poter and the Deathly HallowsSe ponga Santi-chan como se ponga, es que no he tenido cuerpo para ir al cine este fin de semana. Cargada de valor me dije, ¡a ver la de Taratino -Death Proof- que los del EP3 le hacen una publicidad a todo trapo! Pero luego refexioné: mira que a ti las road-movies se te atragantan, que los cines de barrio con asiento churretoso a ti no te han gustado nunca, a ver si los referentes culturales, tipo “grindhouse“, “exploitation” y todo ese rollo, no tienen nada que ver con nuestro paralelo landismo y Paco Martínez Soria que es de lo que tu entiendes.

Acuérdate de que en “Kill Bill 2” casi te tienen que atar para que no quemases el cine. No, mejor “La Carta Esférica“. Uufffff, ¡que pereza!, el Pérez Reverte que siempre escribe los mismos personajes: protagonista rudo, solitario y un poco House, que en el fondo es leal y buena persona, encuentra mujer enigmática y al principio de fiar, a la que se tira, pero que en realidad es mala malísima y le traiciona. Por eso el buen hombre gruñón no cree en el amor. O sea, que Pérez Reverte se cuenta a sí mismo con mucho cariño (dudo que folle tanto). Entre la trama y la Sanchez Gijón que siempre está interpretando a Lope de Vega pero con mucha intensidad, me vi incapaz de entrar a ver esta peli tampoco.

Me quedaba una de amores de soltera con amigo gay, y etcétera, etcétera, y una china muy premiada pero que me queda fuera del circuito de mis cines. Va a ser que me termino el tocho de Harry Potter que no me cabe en el bolso y el lunes vuelvo al cole.

Me llegó con enorme puntualidad la edición de Scholastic del último libro de Potter que, al haberlo encargado en Amazon en febrero, me salió a la mitad de precio que la edición británica, para mi gusto menos cuidada que la americana aunque más transportable.

Nos enfrentamos a un desenlace y a la incapacidad de una autora de saber resumir. Sus libros son cada vez más largos y no se ve ningún motivo para que así sea. Parece que la Rowling ha practicado esto tan blogger de la conversación con sus lectores y creo que atender los deseos 2.0 no es lo más adecuado para una labor creativa de necesaria realización solitaria. Parece como si necesitara explicar y hacer cuadrar hasta el último detalle chorra de la serie, en demérito de una mejor narrativa, con un mejor hilo conductor y más sentido del humor. Por lo pronto le sobran las 300 primeras páginas y la batalla de Hogwarts que empieza bien, se alarga en exceso tanto que Voldemort acaba dando un poco de risa, al estilo Fu Manchú.

Voldemort, es el malo absoluto que recuerda a Hitler: de origen mestizo, pretende una raza de magos de sangre pura, depurando la sociedad de los que no cumplen este requisito que acaban huidos, exterminados o encarcelados. Igualico que Hitler medio judio promoviendo el Holocausto. Interesante el planteamiento político de un libro para adolescentes, en el que, además de prevenirles frente a los totalitarismos, nos demuestra como el ejercicio del poder oculto proporciona siempre más poder lleno de temor reverencial.

Por su parte, Potter es el salvador protegido por el amor materno, marcado por el destino -y por Valdemort en toa la frente-, que reune en sí todos los elementos evangélicos: un amigo le traiciona; su segundo le niega tres veces antes de volver, se siente abandonado y confuso por la actitud del sumo salvador-Dumbledore, y se atreve incluso con la resurreccion, en un pastiche que ya hemos visto en las películas de “he muerto, pero no ha llegado mi hora, tengo trascendental charla y me vuelvo”. Que sepáis que el secreto es el amor, concepto profundamente cristiano: recordad la catequesis “Dios es amor”.

J.K. mata a unos cuantos secundarios para darle dramatismo a la historia, cuyos nombres no revelaré para que la maquinaria de marketing de Potter me lo agradezca. Ni contaré que Harry se casa con Giny y Hermione con Ron, lo que hace a Harry y a Ron “cuñaos”. ¡Que poco glamour!

Por cierto, en tu misma cara te lo digo, J.K. Rowling, eres una machista al estilo suegra: mientras Harry y Ron se tocan la barriga a placer, es la pobre Hermione a la que le toca hacer los hechizos, montar la tienda, pasar la mopa, hacer la comida, recoger, preocuparse de llevar en el bolso no sólo lo necesario sino lo improbable para cualquier eventualidad, estar al día de los últimos hechizos… y ni una palabra de afecto, ni un “que rica te ha quedado la comida”, ni un “que haríamos sin tí…”. A todas estas, siendo una chica mona, brillante, leal, dura, valiente y la que aguanta con espíritu espartano los momentos más duros de asilamiento e incertidumbre. Si por Potter hubiera sido habrían dormido en la calle, comido de la basura, les habría pillado Voldemort a la altura de la página 12 del libro y no habrían resuelto ni de guasa el enigma de los Horcruxes ni ná de ná.

Y nada digo de todas las escenas en las que la Sra. Weasly y Fleur están siempre en la cocina o haciendo de amas de casa con mandil de volantes. Mas que una historia de Harry Potter parece un episodio de “Los Serrano“. Ya podía la autora, igual que transmite los valores del bien gana al mal o el racismo es caca, poner a fregar a Harry para rellenar esas 300 innecesarias páginas.

Así que menos gaitas y ¡Viva Hermione!


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