Ando con la concentración baja y los nervios a punto de nieve así que no puedo leer. Antes me pongo a arreglar armarios y planchar sábanas bajeras que a rematar los cinco libros que tengo encima de la mesilla de noche medio empezados, y que meto en el bolso aleatoriamente a ver si en el metro les doy matarile.
Ante la diarrea editorial y la alta mortandad de los libros, tan pronto veo uno que me pueda interesar lo compro con la promesa de no abrirlo hasta que las otras obras salvadas de la mesa de novedades hayan pasado de la estantería de “pendientes” a la de “leídos”. Esto, la compra de estanterías para acomodar tanto tomo pendiente y los mensajes de Amazon para que me apunte a la lista de pre-compra aumenta mi ansiedad y, con ella, disminuye mi capacidad lectora.
Así que me permitiréis que comparta con vosotros mi angustia existencial, canalizándola para que no se me atoren los chakras. Para eso, hago una confesión pública a ver si alguien me da una subvención para sacar adelante la tarea de dejar a cero mi lista de libros pendientes. Podemos empezar con los de la mesilla y en concreto con el de Kawabata, “Primera nieve en el monte Fuji” que me traje de Bogotá ya hace unos meses y que comencé con la esperanza de que me desbloqueara. Kawabata es muy tristón pero de lectura rápida y confiaba en que me echara una manita, pero me he quedado encallada en un relato, “El crisantemo en la roca” en el que me dan una lección de stupas de no te menees de la que aún no me he recuperado.
También me espera desde hace un tiempo un asesinatico japónico, primero de una serie del que ya se ha publicado el cuarto (que Amazon me ha remitido puntualmente) titulado “Across the nightingale floor” de Lian Hearn. Ambientado en el Japón de los shogunes, nos cuenta la historia de los Otori que ya da para cuatro libros cuando yo ando por la mitad del primero. En mi fiebre previsora, me he ido haciendo con los cuatro en los sitios más dispares del planeta: uno en el aeropuerto de Kuala Lumpur, otro en la Fnac de Barcelona, otro en un barato de libros en inglés en la Casa del Libro de Madrid y el cuarto, en tapa dura y recientito desde el universo Amazon. Tanto esfuerzo para tener a medias el primero.
Y como tercer libro de esta entrega de mis angustias tengo megasobado “Suite française” de Némirovsky, de la editorial Folio, que me compré en francés porque la traducción al castellano cuesta un congo, y yo tengo mucho gasto de apadrinamiento de libros y de adquisición de estanterías como ya os he dicho. Es una obra excelente, llena de humor en tiempos muy duros, que preferiría leer en un momento de mayor concentración y mejor goce.
Tengo por delante un viaje a Rusia en el que confío para retomar algo de las lecturas pendientes, si no me toca socializarme mucho. Y es que yo no soy como la de la campaña de la Comunidad de Madrid que, a golpe de cadera y legging, nos cuenta como sale con los amigos, se pone, se tiñe de rubio y lee a Mallarmé.
Yo si leo no conduzco.





2 de Mayo de 2007 a las 11:13
Sr. Chiqui, me está Ud. empezando a preocupar…
RELÁJESE!
2 de Mayo de 2007 a las 18:39
“Y como tercer libro de esta entrega de mis angustias tengo megasobado “Suite française” de Némirovsky, de la editorial Folio, que me compré en francés porque la traducción al castellano cuesta un congo”
También puedes conseguir la versión traducida y gratis en nuestra red de bibliotecas públicas! Que estos días atrás no oigo más que hablar de regalar libros pero creo que la gente se preocupa poco de las bibliotecas, esos lugares que te permiten leer montones de libros y luego no te ocupan sitio en casa. Yo desde hace un tiempo he decidido no comprar ninguno, es un gasto un poco inútil y ocupa demasiado espacio. Respeto a quien lo hace por supuesto, es solo mi modo de verlo. Y suelo leer bastante!
un saludo y ánimo!
2 de Mayo de 2007 a las 21:05
Estoy contigo Araque. Yo desde hace mucho tiempo compro solo los libros que me parecen especiales (normalmente una vez leidos), y el resto los saco de la biblioteca. A pesar de que siempre me retraso con los plazos las bibliotecas son lugares que me encantan, siempre se esta bien en ellas, libros y tranquilidad, parece que el tiempo se detiene, y solo hay espacio para la literatura…
El ultimo libro: ‘Soie’, traduccion francesa de ‘Seda’ de Alessandro Baricco. El antiguo que tenia lo perdi en un incendio y este lo encontre a la orilla del Sena…
4 de Mayo de 2007 a las 8:15
Araque, baguette, el problema de las bibliotecas es que tienen el mismo horario que yo y me quedan todas muy a trasmano, lo que hace que me sea muy difícil pedir prestados libros. Y me temo que no soy la única en esa situación con los horarios y distancias de Madrid. Así que no consumo por gusto sino porque me sale más barato en tiempo y en dinero comprar los libros que ir a una biblioteca. Y ello a pesar de que soy miembro de Bibliometro, lo uso muy a menudo y pido prestados libros con una enorme limitación: sólo tienen los libros que Alianza Editorial les ha regalado lo que me impediría, por ejemplo, tener acceso al Suite Francesa en español.