Archivos de Abril de 2007
Publicado por Tormento el 30 de Abril de 2007
Benditos vosotros que estáis de puente, porque vuestra será la ignorancia de todos los detalles del nacimiento real.
Vegetando estaba la buena tarde del domingo, cuando entre ida y vuelta al frigo, me asalta La Primera con un documental al estilo “Leonor, esa infanta”. Gran revuelo y alharaca, que han ingresado a Letizia con zeta, como la conocían sus compis del Plus, en la clínica Ruber Internacional.
Media vuelta al bol de patatas fritas para rebañar las migas y, ¡paf! Dolce Vita-Salsa Rosa ha montado tremenda mesa de comentaristas expertos en el tema de los nasciturus reales, Peñafiel mediante. Ya nos ha nacido la infantona, vaya lata que no haya complicaciones en las que nos podamos regodear un ratito. Menos mal que se ha creado una gran polémica que nos permitirá rellenar unos minutejos de programa: la Casa Real no ha acreditado a la rueda de prensa a la revista Sorpresa ni a la agencia Korpa. ¡Cómo se atreven! Esto, bien estiradito, nos ha dado para un par de conexiones en directo, unas cuantas llamadas a los expertos de fuentes bien informadas y una comparecencia de una de las agencias no acreditadas en pleno ataque de Mccarthismo revenido.
En fin, un momento, compañeros, que sale el príncesito a decir lo de siempre: peso, talla, estado, bolsas de sangres reales para bancos de regios cordones umbilicales, somos muy felices, se llamará Sofía como mamá que viene del sepelio de Rostropovich, en cuanto al niño es pronto para saberlo, es igualita a la zampabollos de su hermana coja por culpa del Photoshop y el rey vendrá cuando le de la gana que para eso es muy campechano.
Con toda esta información ya tenemos para una semana entera de comentaristas reales: que si suda Felipe, que si está relajado el neonatólogo, que si las cuñadas se llevan de pena, que qué ilusión le ha hecho al público en el plató que se llame como la reina, tan cercana ella, que hay que ver que le pilla últimamente todo fuera como a Willy Fogg.
Que nadie se llame a engaño: a mi la monarquía – del juancarlismo no hablo- me parece una ranciez incompatible con la vida. Cualquier elemento innovador tipo princesa-periodista me parece insuficiente para dar colorcillo a una institución que muere por su propia esencia. Si esta institución se justifica por requerir toda una vida de estricta educación y sangre regia para el cargo, a ver como casa con que ahora se puede aprender con más de 30 años. Propongo que se sigan casando los rancios entre sí para ver si de una vez se nos cae la venda a los europeos y nos damos cuenta de lo insostenible que resulta tener jefes de estado sacados de la familia Von Trapp. Aunque los presidentes de República no sean menos rancios, el saber que les puedes botar cada cierto tiempo te da tranquilidad.
Ya lo aventuraba una amiga a cuento de la Letizia’s conection: “lo que me molesta no es que haya elegido a una plebeya, sino que no nos hubieran informado de que el cargo era por oposición. Si lo llego a saber me presento yo que soy más mona, hablo más idiomas y soy solterita, que tener ex-marido poeta, aparte de complicar el protocolo, es una horterada” -pido perdón el gremio de los poetas ex-maridos en su nombre-.
Yo que soy más bruta y con menos pretensiones (así me va) grité henchido el corazón Vive la Republique!
Publicado por Chiqui el 29 de Abril de 2007

Cuna convertible Suiko. 779 euros en Design 3000.
Publicado por Chiqui el 29 de Abril de 2007
Es mucho más difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual, todo el mundo opina. Josep Pla
Publicado por Chiqui el 28 de Abril de 2007
Publicado por Chiqui el 27 de Abril de 2007
Una nueva moda se ha instalado en todas las parrillas de las cadenas de televisión: las repeticiones. El caso más flagrante es el de Los Simpson: en 13 años se han emitido solamente 371 capítulos, pero se han programado en 6.300 ocasiones. Lo que hace que de media se haya emitido cada capítulo… ¡17 veces!
Casos extremos aparte, ya no se respeta ni el “prime time“. En Telecinco, por ejemplo, desde que Crónicas Marcianas desapareció de la parrilla, y tras varios programas frustrados, las repeticiones nocturnas de Los Serrano, Hospital Central, CSI, Aida, 7 vidas (que en paz descanse) o El comisario se prolongan casi hasta las dos de la mañana, emitiendo tres capítulos diferentes contando con el de estreno.
Cuatro o Antena 3 o La 1 tampoco son ajenas a esta moda. Series como House, Aquí no hay quien viva, Cuéntame o Anatomía de Grey repiten episodios mezclando temporadas anteriores. Una especie de “Día de la marmota” pero de andar por casa.
La Sexta, recién llegada, todavía no ha tenido tiempo de subirse al carro, aunque con Prison Break apunta maneras…
Caso aparte es el de los telediarios. A no ser de que por la tarde se produzca una noticia de calado, todos los telediarios nocturnos son una copia en un 80 ó 90% de los del mediodía. Supongo que piensan que quien no ve el informativo de la hora de la comida, ve el de la cena y viceversa y por eso no se preocupan ni siquiera en actualizar las noticias o darlas otro enfoque. Fusilan sin piedad hasta las entradillas de los presentadores.
Tal es el interés por esto de ahorrar costes que aprovechan hasta que la Fórmula 1 se celebra a horarios intempestivos para “reponerla” dos horas más tarde a una hora más comercial.
Ya sólo queda esperar a que aparezcan Chanquete y compañía…
Publicado por Chiqui el 26 de Abril de 2007

Clearasil. “Tan pronto como un punto negro aparezca, usa Clearasil”. Agencia Grey Worldwide Bruselas.
Vía | Toista Maata
Publicado por Chiqui el 25 de Abril de 2007
Sí, sí, el colegio. Y me refiero a ese sitio que entrabas cuando casi no tenías dientes y salías afeitándote la barba. El de la EGB, el BUP y el COU (todavía no existían la ESO o la LOGSE…), los pantalones cortos, los motes, las cinco evaluaciones con exámenes de recuperación o las notas informatizadas por COSPA que tenías que devolver firmadas. Ése en el que en cada clase había una pizarra verde enorme con borradores con asa de madera y tizas empaquetadas en un fino papel blanco con letras azules.
También el de las bandejas metálicas del comedor en donde te ponían los macarrones con tomate y el filete empanado con patatas, el de las ciencias naturales y los trabajos manuales, el de los partidos con portero-delantero, de los cromos, las canicas y las chapas en el recreo…
Sin olvidar al profesor que te tenía manía, al “enrollado”, al tutor que llamaba a tus padres, al compañero que se apellidaba igual que tú y estaba contigo año tras año.
Ese sitio al que tenías que llevar uniforme y la cartera de cuero a los hombros (que pesaba un quintal) con el estuche y los libros forrados de “aironfix” dentro, sin olvidar ponerte (los que los tenían) los relojes Casio con calculadora para los exámenes.
Además, allí recibías a la salida el beso y la merienda de tu madre delante de todos tus amigos o te montabas en la ruta camino a casa.
Por lo menos yo, ya no sé qué fue de él…
Publicado por Chiqui el 24 de Abril de 2007

Según dicen, la prensa escrita tiene fecha de caducidad. Así lo aseguran docenas de análisis, informes y sesudos estudios de mercado que revelan que de aquí a unos cuantos años las páginas de los diarios serán meras piezas de coleccionistas.
Supongo que estos mismos comentarios eran los que hacían los gurús de la época cuando a mitades del siglo pasado la televisión se empezó a universalizar y las imágenes llegaban hasta el mismo salón de casa teniendo tan solo que apretar un botón para disfrutar de ella.
Sin embargo, la fulgurante aparición de un nuevo competidor más rápido y más directo si cabe que los restantes no hace que los periódicos pierdan los valores añadidos que los ha caracterizado hasta ahora.
Si queríamos enterarnos cuanto antes de lo que pasaba, ya teníamos la radio o la tele. Y cuando una información, que ya todo el mundo conoce, sale publicada en papel al día siguiente, tiene que aportar algo que no hayamos encontrado en otros medios. La opinión, la reflexión, la pausa, el periodismo lento… todavía no son moneda corriente de lo virtual. Y ése el principal valor añadido del papel.
Y ocurre que empieza a producirse la misma simbiosis que se produce cotidianamente entre los diferentes medios masivos de comunicación. Se alimentan entre sí.
Diariamente, estamos viendo como la red se nutre de los contenidos de que salen por las obsoletas rotativas. Basta con echar un vistazo a las portadas de los agregadores de noticias más populares (Digg, Menéame, Fresqui…) para apreciar que un elevado tanto por ciento de las noticias publicadas provienen de las ediciones digitales de medios de comunicación tradicionales.
Por otra parte, los periódicos se aprovechan de lo que la red genera (y ya no sólo de sus malas noticias). El caso más reciente es el asunto denunciado por Manuel Almeida en su estupenda bitácora Mangas Verdes y recogido por todos los medios (eso sí, en la inmensa mayoría sin citar la procedencia).
Será el mercado publicitario el que ponga a cada uno en su sitio, y ahí ya no se habla de formatos o soportes, sino de marcas.
Por tanto, yo creo que la prensa se volverá a inventar, sí, pero no desaparecerá. O eso espero…

Publicado por Chiqui el 23 de Abril de 2007

Un ejemplo claro y conciso de los diferentes tipos de publicidad…

Vía | Advert-eyes
Publicado por Tormento el 22 de Abril de 2007
Yo en cuanto veo un trailer que me promete nave interespacial con señal del espacio profundo y muertos a tutiplén, allí que me plantó con mi caja de palomitas extragrande, de las de precio de hijuela-que-te-dejó-un-tío-de-Murcia. Así he conseguido, tras superar mi época Kurosawa en versión original subtitulado en húngaro, una culturilla de películas intergalácticas. No hay que olvidar que soy una niña Alien, cosa que nadie habrá dudado tras leer algunos de mis post más macarras.
A lo que íbamos. Todos hablan mucho y muy bien de “2001, una odisea del espacio“, a la que consideran referente de todo lo que sea una nave con ordenador central parlante, bien modelo cabrón, bien hermanita de los pobres, como el que sale en Sunshine. Por cierto, aprovecho para decir que 2001 -y mira que me gusta Kubrick- me parece un tostón.
En Sunshine hay también el elemento miedo a la nave fantasma, que me recuerda siempre al pasillo de la casa de mis abuelos, en el que te podía salir cualquier bicho asesino y mutilante del cuarto del teléfono de camino a la cocina que estaba al fondo. En Sunshine no hay bicho tipo el alien de Giger, pero sí señal de nave ajena con chinamiento total o parcial, pero siempre asesino. En esto tiene un cierto parecido a la, para mí, excelente película ”Horizonte final“, traducción libérrima de su título original “Event horizont” basado en una teoría sobre los agujeros negros que es el eje central de la película. Otro ejemplo de indisimulada ineptitud tituladora, esa que le pone a todas las películas pseudo-espaciales la palabra “final” o a las de loca sexo-peligrosa “fatal”.
Sunshine, como todas las citadas, son del modelo “metido pa dentro”, nada de batallas galácticas, ni de teletransportadores, ni de misters Spocks. Dirigida por Danny Boyle, el de Trainspotting, nos cuenta el final del viaje de un grupo de astronautas multiracial – algo que se lleva ahora mucho-, que en lugar de mandarles a reventar un asteroide, al estilo Armaggedon, se van a estallar el sol (¿qué será lo próximo?) que está el pobre que se apaga a toda mecha. Mucho de “aquí hemos venido a morir por la salvación de la tierra” y algo de reflexión argumental tipo “pulvis es et in pulverem reverteris” (polvo somos…) de miércoles de ceniza.
Y poco más puedo decir, que se me sentó al lado un señor de edad indefinida con gorra de beisbol y aspecto de haber vuelto de Raticulín, que leía los títulos de crédito y comentaba las escenas mientras se sacaba la dentadura postiza entre sorbo y sorbo de Coca-Cola. Así no hay manera. Invitaciones para los pre-estrenos ¡ya!