Las nuevas generaciones que se incorporan a las secciones de diseño de periódicos y revistas se piensan que encima de las mesas siempre han estado los ordenadores. No conciben que se pueda ajustar un texto o hacer la silueta de una fotografía sin la ayuda de QuarkXPress, Adobe InDesign o cualquier otro engendro informático con teclas.
Pues sí, hasta mediados de los 80, en el que empezaron a llegar los primeros ordenadores e impresoras, las máquinas de escribir eran las reinas de las redacciones y encima de la mesa de los confeccionadores no podían faltar los instrumentos tradicionales para dar forma diariamente a una hoja en blanco.
La llegada de las nuevas tecnologías ha producido efectos devastadores. Ahora, el arte final no existe, la tradicional “caja baja” ha sido sustituido por las minúsculas y a la bandera de salida se la denomina alineación a la izquierda. Tampoco la figura del corrector (persona humana con piernas) ha salido bien parada. Pequeños engendros con cerebro de silicio y menos canas les sustituyen.
Las reglas tradicionales se ven muy poco y los cuentahilos han desaparecido totalmente. Otro de los grandes damnificados ha sido el tipómetro, que de ser el rey del cotarro, ha pasado a lo más oscuro del cajón y ya sólo se usa para medir el ancho de la portada del cedé que te vas a imprimir para llevarte a casa.
Paseando por la web de mi amigo Gustavo, he encontrado un par de joyas para nostálgicos. Un tipómetro y un lineómetro de los de antes. Basta con imprimirlos en papel adecuado (acetato transparente) para poder utilizarlos.
Toda una tentación en estos tiempos de pixels, escalas horizontales y postscript…





22 de Febrero de 2007 a las 11:40
Yo aún conservo mis tipómetros y lineómetros de mi paso por El País… que nostalgia, si.
Por cierto ¿este Gustavo es el gustavo-de-publicidad-de-toda-la-vida? No creo… no lo veo yo con un blog…
22 de Febrero de 2007 a las 13:34
Yo reconozco que profesionalmente no he usado jamás un tipómetro. Nos lo enseñaron el primer día de clase de “Diseño y Edición en Periódicos” y ya nos anunciaban su próxima desaparición, aunque ese año nos obligaron a usarlo aún para según que cosas, el siguiente año ya era cosa del pasado…Recuerdo que el que nos hicimos lo tengo por ahí guardado, más por nostalgia que por utilidad…
22 de Febrero de 2007 a las 13:35
Gracias, Chiqui majete
PS. No, no soy el “Gustavo de publicidad de toda la vida”. Soy el Gustavo de maqueta de toda la vida” ;P
22 de Febrero de 2007 a las 16:27
Los tipómetros gozan de excelente salud en el mundo académico. Se nota, también en eso, lo poquito que nos preparan para la vida profesional.
22 de Febrero de 2007 a las 17:20
Tranquilo a los ordenadores les queda poco, serán reemplazado por megacyborgs y los siguientes los periodistas por nexus 6, es ley de vida
23 de Febrero de 2007 a las 1:50
Cierto, coincido con lo que dicen por aquí. En la facultad el tipómetro sigue muy presente. Debe ser que hay un lobby de fabricantes de tipómetros que ejerce presión sobre los profes para que lo usen. He oido que quieren poner un canon a los ordenadores, pero esto es off the record eh!
27 de Febrero de 2007 a las 16:30
Pues me parece un error enorme no utilizar el tipómetro, asi salen las cosas, pero como lo que importa es que salgan en fecha y normalmente a los cargos administrativos como un gerente les importa un higo los puntos de cicero o los puntos de pica, pues nada todos a los milímetros.
La medida tipográfica es el punto y la herramienta que los mide son los tipómetros, y si te importa algo tu profesión y quieres ser un buen profesional utiliza el tipómetro. Ahora esto de popularizar la autoedición y hacer ver que es cosa de mas arriba-mas abajo, mas grande-mas pequeño, mas azulito o mas amarillito, como oigo a mi alrededor, se parece tan solo en una parte a lo que ocurre con la medicina que mucha gente parece que tiene un fonendo colgado del cuello, la cosa es que los médicos estan colegiados y cualquiera no puede ejercer la medicina.
El caso es que los que te dicen “más grandecito, mas abajo, te falta una coma, etc.” son los que estan por encima tuyo y te tienen hasta las narices con un sueldo mísero, y al final estas tentado de pasar de todo, incluso del tipómetro y pasarte al bando de los milímetros.