Con quince o dieciseis años tenía un vício inconfesable… el póquer. Con la paga semanal (200 ó 300 pelas) solía bajarme esa misma tarde a casa de un amigo y entre los cuatro que nos juntábamos allí, pasábamos la tarde entre picas, corazones, diamantes y bolsas de ganchitos.
Allí, además de chicas, coches y fútbol, se hablaba de escaleras, tríos, dobles parejas y fulles. Al terminar la tarde me iba a casa sin un duro, día sí y día también, pero habiéndolo pasado muy bien. Afortunadamente para mi economía, el dueño de la casa se mudó a los pocos meses.
El otro día, aterricé por casualidad en la bitácora de un jugador de póquer profesional y me encuento con esta entrada que describía en detalle una mano que estaba jugando en un importantísimo torneo de Las Vegas:
“El CO ha hecho call y yo he completado con 89. La BB ha hecho check, con lo que hemos visto el flop tres jugadores con 16.500 en el bote. El flop ha venido K-T-7 y he ido all-in con las 24.500 fichas que me quedaban; el CO ha hecho call con QQ y ni el turn ni el river me han servido para ligar la escalera.”
¿Jugábamos nosotros realmente al póquer y no al cinquillo…? ¿hubiera ganado alguna vez si hubiese ligado un river o un flop…? Lástima, ya nunca lo sabré.





