Como ya comenté, Mishima y su manera de morir fueron mi primer acercamiento a Japón. Me lo ha recordado el artículo que he leído en En el limbo sobre una de sus obras, El rumor del oleaje.
Comprender qué motivó que Mishima se suicidara de una manera tan rimbombante (Kawabata, su maestro, también lo hizo, pero de manera más discreta) tiene mucho que ver con su carácter narcisista y con la tradición guerrera japonesa. El hecho de que se hubiera dedicado en su vida adulta a intentar ser un marinero mazas tiene todo que ver con su atracción por los hombres y la iconografía gay -como el San Sebastian que describe con tanto morbo en Confesiones de una Máscara y que recreó él mismo en una conocida foto- y con un deseo de hacer de su cuerpo enclenque la representación de un guerrero.
Por eso, por un deseo de superar la derrota de Japón y de revivir de manera folklórica la vida de los samuráis (y de paso, por lo que se cuenta, de ligar) montó un ejército de opereta al que entrenaba en lo alto de un teatro: el Tate-no-kai. Con éste se plantó en el cuartel de Ichigaya para desplegar una proclama, para despertar la conciencia de los japoneses, adormecida por la derrota y las condiciones de ésta. No tuvo eco. Hay una imagen de Mishima con las manos en la cadera y mirando a su alrededor, dándose cuenta de que no valía la pena seguir. Entró y se suicidó. Designó al que se comenta era su amante, Masakatsu Morita, como kaishaku-nin, el que ha de seccionar la cabeza tras el corte de T invertida en el abdomen que se practica el suicida al cometer seppuku. Es tal el dolor que la cabeza queda en posición patibularia. Una buena katana separa la cabeza del cuerpo de un solo corte. Pero Morita le descerrajó tres golpes en el cuello en lo que fue un estropicio de mala tarde de toros. El trabajo lo tuvo que terminar el kaishaku-nin de Morita, Furu Koga. A Mishima no le salió tan bien como en los ensayos que hizo en el relato Yukoku (Patriotismo) y el corto que realizó él mismo sobre este relato.
En el pensamiento político de Mishima duerme el Japón que se suicidó en Iwo Jima antes de rendir la plaza. Y, a pesar de la Wii, ese Japón pervive en el inconsciente colectivo de muchos japoneses. Como ellos, Mishima era profundamente occidental y radicalmente japonés. Estas tensiones, a veces, pasan factura.






14 de Enero de 2007 a las 0:58
Existe una biografía de Mishima en español. “Mishima o el placer de morir”, escrita por Juan Antonio Vallejo-Nájera y editada por Planeta.
Descubrí el personaje hace ya muchos años en un reportaje de Informe Semanal que supongo coincidiría con el aniversario de su muerte. Me llamó la atención en el reportaje unas imágenes que luego descubrí eran de la película dirigida por Paul Schrader.
14 de Enero de 2007 a las 11:59
Excelente, un buen puñado de información. Lo que no sabía es que Morita asestó tres golpes, imagino que la carnicería fue macabra.
14 de Enero de 2007 a las 13:53
Javier, la verdad es que la idea te la debo a tí. Según nos cuenta Vallejo-Nájera en su libro (el que citas, Lobo Estepario), entre los nervios de Morita (no cualquiera vale para hacer este trabajo y Morita tenía un entrenamiento de juguete y 23 años) y la mala posición en que cayó Mishima, debió de ser algo espantoso. Si te fijas en uno de los vídeos de YouTube que he puesto en el post, Mishima no era un gran luchador de Kendo. En el ejercicio inicial de colocarse la catana, desenvainarla, etc, guarda mal el equilibrio. Era más un esteta que un guerrero.
16 de Enero de 2007 a las 17:11
La biografía que me empujó a leer a Mishima está escrita por Marguerite Yourcenar y se llama “Mishima o la visión del vacío”.
Más allá de la lírica de algunas de sus novelas (no voy a criticar sus recetas de cocina por que no las he leído), lo que está claro es que Mishima era lo que en Europa llamaríamos un fascista, o un nazi, por eso de la superioridad de la raza japonesa.
Al menos tuvo el coraje de quitarse de enmedio, cosa que muchos románticos loan pero nunca ejecutan.
16 de Enero de 2007 a las 17:44
Conozco la obra de Yourcenar y sus traducciones al francés de Mishima. Creo que son muy interesantes.
Creo también que resulta incompleto analizar a Mishima desde una perspectiva occidental. De la lectura de su obra no tengo la sensación de que postulara la superioridad de la raza japonesa y el exterminio de las “no puras” sino el orgullo de ser japones que es diferente, sobre todo si se contempla en el contexto histórico posterior a la II Guerra Mundial y teniendo en consideración las dos bombas atómicas y las condiciones de la rendición.
Mirado desde aquí parece un facha, pero contemplado desde la mentalidad japonesa (que es bastante conservadora) era más un follonero exhibicionista y un agitador creador de conflictos, algo muy mal visto en la sociedad japonesa. Tal vez deberíamos considerar que Japón, aunque es una democracia, tiene la misma orientación política en el gobierno desde hace 40 años.
En otro orden de cosas: ya me pasarás sus recetas de cocina, que me has dejado con mucha curiosidad
17 de Enero de 2007 a las 9:24
Perdon por lo de las recetas, son críticas de cocina… Si es que con las prisas…
17 de Enero de 2007 a las 11:47
No tenía ni idea de esta faceta de Mishima. ¿Me podrías dar la referencia?
22 de Enero de 2007 a las 10:13
Lo siento Tormento, pero no me acuerdo. Lo leí en una revista, pero no sé si fue en EPS o en otro. En ese artículo mencionaban publicaciones de Mishima en revistas y/o diarios.
31 de Enero de 2007 a las 18:03
Es una pena que se presente a Mishima de esa forma tan folclorica, chocarrera, chismosa, marginal, sin otra aparente intención que la de provocar el escándalo y despacharse como sujeto ingenioso. No por quienes le conocen, a los que les da igual lo que se diga, sino por quienes no lo conocen. Pueden sentirse repelidos por tan extravagantes pinceladas y dejar de leer al mejor novelista del siglo XX. Quizá mejor, pues de esa forma se evita que esa mercancía ande manoseada en manos del vulgo, como la falsa moneda.