No hay viaje organizado, exótico y caro, que no tenga en su lista de actividades una visita a algún agreste poblado en el que ver a los nativos en su habitat natural. Este tipo de actividades me han parecido siempre una falta de respeto y me he negado a meterme en la casa de la gente como si fuera al zoológico a ver a los monos.
Imaginaros en que estado de desesperación me tenía que encontrar en Sudáfrica para contemplar con nerviosa espectación la visita al poblado Lesedi, que promete un salvaje contacto con varias tribus de zulús, esos aguerridos guerreros que se lo pusieron tan difícil a los ingleses.
Allá nos dirigimos con pinta de turistas de cámara al hombro y esperanzas embobadas para conocer la vida real de las tribus Basotho, Ndebee, Pedi, Xhosa y Zulú. El conductor, como muchos de la zona, se viste como Cocodrilo Dundee para darle más realismo a la apasionante aventura de montarnos en un coche, soltarnos en un parque temático de zulues amaestrados y cabreados que pasan las horas muertas jugando al póquer, y devolvernos a la atmósfera controlada de nuestros hoteles.
Nada más bajarnos del coche nos reciben con unos cánticos para esconderse debajo de la piedra más cercana, antes de pasar por una taquilla en la que no les cuadra el grupo de tres que somos. Para iniciarnos en el apasionante mundo zulú, hemos de esperar a que se monte el consiguiente grupo para que les compense la proyección del video con representación Scala-Meliá-Castilla, zulú con móvil GPRS cuentacuentos incluido.
A continuación, nadie nos evita el recorrido primero por el hotelito rural con tele “Thomson” y zulu sentado al lado del DVD para fotografiarse con él, y después por los distintos poblados construidos antes de ayer, con su parabólica y su felpudo de “welcome” en la entrada. Compartimos momentos estelares como el restriegue de mierda para sacar lustre al suelo, la molienda de maíz sacada de los Andes y las danzas variadas tipo tablao flamenco, en el que los japoneses arrítmicos éramos nosotros. Port Aventura sin duda está más conseguido.
No es que este tipo de actividades sean novedosas en el mundo rutas-tour, es que yo ya no estoy para estos trotes. También es cierto que, por una vez y sin que sirva de precedente, no me apetecía ser la más aguerrida del lugar y buscarme la vida en plan “El año que vivimos peligrosamente“.
Entre estas atracciones y el rubicón de pasar el control de los aeropuertos, parece que en el mundo de hoy o vas a ver monos o el mono lo acabas haciendo tú.





11 de Diciembre de 2006 a las 11:43
Chiquiworld….zuluworld….me preocupas,
11 de Diciembre de 2006 a las 15:41
Lo mismo me pasó a mi en el poblado de las mujeres jirafa en Tailandia. Lo mas autoctono que habia allí era una botella de Coca Cola que traia unas de las guias… La globalizacion ha llegado a todos los rincones del mundo
11 de Diciembre de 2006 a las 22:28
siempre te la acaban colando … por muy exótico que parezca el tour, siempre hay una paradita en unos grandes almacenes o un poblado de pega.
13 de Diciembre de 2006 a las 15:53
[...] Comentaba en Zuluworld, que los aeropuertos se están convirtiendo en un campo de batalla minado de normas cada vez más humillantes, y la cosa no mejora. Si eres apañadita, como una servidora, puedes meter todo lo que necesitas para una semana en una maleta de cabina. Pero esto, que sería virtud suficiente para enamorar a cualquier hombre, se convierte en un calvario cuando pasas el control de seguridad de los aeropuertos. La otra opción es confiar en la ruleta del sistema de equipajes de la T4 de Barajas y que la tuya no sea una de las dos maletas que se pierden de cada cinco que se facturan. [...]