Publicado por Tormento el 8 de Noviembre de 2006

BerlínAntes de mi etapa japonesa, tuve una etapa alemana en la que me aprendí de memoria todas las canciones de Hollaender, Kurt Weill y Bertold Brech y parte de las óperas que compusieron durante el apasionante y funesto periodo de entreguerras.

Una de mis favoritas, por cierto, es ésa de Hollaender que cantaba la Dietrich en El ángel azul con voz rota “Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt” (Estoy hecha de amor de la cabeza a los pies…). Recomiendo la versión de Ute Lemper  para veladas de alto contenido erótico-cabaretero-momento-república-de-Weimar. (Podéis oírla más abajo).

Todo este despliegue de erudición de repelente empollona viene a cuento de mi viaje relámpago a Berlín. “No bien” puse el pinrel en la T4 procedente de Colombia, me tuve que ir a Berlín. Uno de esos viajes que te envidian todos y que consiste en llegar a una ciudad tan vacía que parece sacada de “El tercer hombre”, verte Matrix Reloaded en alemán a las tres de la mañana porque no te duermes ni con recomendación, despertarte escorromoñada y desorientada, pisar la reunión, salir chutando y hacerte una anotación en el avión de vuelta.

Hace muchos años que no pisaba Berlín, una ciudad que fue como mi casa mientras intentaba aprender alemán compartiendo habitación con una japonesa que sólo hablaba japonés y alemán. ¡Todavía recuerdo una merienda con la japonesa en el Café Einstein! Ella hablaba alemán y yo intentaba recordar que verbo partible había usado para poner la parte correspondiente al final de la frase. Conocí el Berlín de los okupas que tiraban el muro, el que parecía que acababan de bombardear, el que tenía el solar más grande de Europa en el centro de una ciudad, el que organizaba fiestorros en antiguos bunkers nazis. Christo se dedicaba por aquel entonces a envolver el Reichstag en sus sedapones y yo me dedicaba a buscar mi verbo.

Volví a ver el engendro de cristal de Norman Foster y las obras de Postdamer Platz. Ahora sólo alcancé a ver el edificio Sony desde el taxi. ¿Mantendrá Berlín esa alma diferente o será ya de cartón piedra como el resto del universo mundo? Tendré que esperar al siguiente viaje para saberlo.

Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt. Ute Lemper
[audio:http://bitacora.chiquiworld.com/wp-content/varios/ute.mp3]


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