España perdió, aunque salió de Estocolmo con la cabeza alta y dando imagen de equipo de nivel. Web de la Federación Española de Fútbol
Vía | Diarios de Fútbol
España perdió, aunque salió de Estocolmo con la cabeza alta y dando imagen de equipo de nivel. Web de la Federación Española de Fútbol
Vía | Diarios de Fútbol
Chinchetas geek
Vía | TecnoCHICA
Vasos de hielo
Vía | Mi mundo cuadrado
Máquina para pasar páginas
Vía | Xataka
La habitación del píxel
Vía | Ya está el listo que todo lo sabe
Calentador de pies
Vía | Coolest gadgets (en inglés)
Tres en raya tridimensional
Vía | Sí, lo sé
Mamaponcho
Vía | swissmiss (en inglés)
Duchas de cafeína
Vía | No puedo creer…
Rebobinador de DVD
Vía | Coolest gadgets (en inglés)
Secador de manos
Vía | Tuexperto
… O máquina de bolas, o simplemente, máquina, como las llamaba yo “cariñosamente”. Estos mamotretos de cuatro patas y colores chillones poblaban todos y cada uno de los bares de todas y cada una de las ciudades de España.
Por cinco pesetas jugabas una partida, y si metías una moneda de cinco duros, te daban seis partidas de cinco bolas cada una. Eso sin contar con las bolas extras, los especiales y las partidas que te pudieras hacer por puntos. A la que tenías un poco de destreza, te pasabas toda la tarde y sólo te habías gastado 10 ó 15 pesetas.
Siempre era lo mismo… los marcadores mecánicos, el sonido de las al chocar la bola con el cristal y los flippers, el cabreo de tu amigo cuando estabas cinco minutos con una bola y él tenía que estar esperando, las faltas (tilt) cuando te pasabas dándole meneos…
Los tiempos fueron cambiando, y el precio y las prestaciones fueron menguando, llegando a costar en la actualidad 1 euro (166 pesetas, no lo olvidemos) una partida de tres míseras bolas.
Hoy en día, estos armatostes de de hierro y madera que tantas horas de nuestra infancia y juventud llenaron, están arrinconadas en salas de juegos no aptas para menores, esperando su defunción definitiva. Descansen en paz…
Wikipedia | Pinball
Empresa de pinball | Arjonais pinball
La verdad es que hay que echarle muchas ganas para irse de vacaciones a Australia y albergarse en una cárcel… o viajar hasta Brasil para alojarte en un autobús donde además de desplazarte, duermas, te duches…
Aunque por el contrario, sí que pinta interesante poder dormir en un idílico faro de Oregón en medio de ninguna parte o darte un masaje en un spa sumergido en plenas islas Maldivas.
Pues bien, para poder elegir ésta clase de sitios u otros diferentes donde dormir mientras estamos de viaje, se puede recurrir a Unusual Hotels of the World, una web que recopila toda clase de alojamientos que se salen fuera de los clásicos hoteles tradicionales.
Hay de todos los tipos: en desiertos, en árboles, en antiguas catedrales, islas privadas… localizados en los cinco continentes y de todo tipo de precios, aunque la mayoría baratos, lo que se dice baratos, no son.
España aporta dos: unas cuevas reformadas en Guadix y un hotel situado en el Tibidabo con unas impresionantes vistas de Barcelona.
Web | Unusual Hotels of the World
¿Dónde puedo encontrar una agencia de noticias búlgara…?, ¿Y el nombre del primer ministro de Rwanda durante el genocidio étnico…? La respuesta está en el Libro Gordo de Petete periodístico y se llama PrimeraPlana.net.
Se trata de un listado de enlaces útiles para periodistas (o no), como lo define su creador, el periodista Luis Felipe Torrente. Desde mayo de 2000, ha recopilado cientos y cientos de vínculos a periódicos, agencias, diccionarios y todo aquello que puede ser de interés para periodistas o cualquier persona que quiera estar al tanto de lo que por el mundo acontece.
Estructurado en tres columnas de las clásicas, la abundancia de datos apabulla, y cómo no se vaya con prisa o buscando un dato en concreto, curiosear puede llevarnos un buen rato. Realmente útil, como lo demuestra que por allí han pasado más de dos millones de visitantes.
Por cierto, no os perdáis otra de las bitácoras de Luis Felipe: Prohibido fijar carteles.
Web | PrimeraPlana.net
Web | Prohibido fijar carteles

“One man tied”, recogecables. 12 dólares en Shopmondi. “Dead Fred”, portabolígrafos, a la venta próximamente en suck UK. Los dos combinan perfectamente con el Portacuchillos.
10048 era el código postal del World Trade Center. Ya no existe más que en las camisetas que se imprimieron con él y se vendieron como apoyo a las víctimas del atentado. Guardo aún la que compré en noviembre de 2001, cuando, con los billetes regalados y recién estrellado en Queens un avión en extrañas circunstancias, me apalanqué en casa de mi amigo Manolo en NYC. Quería ver con mis propios ojos cómo se enfrentaba la ciudad que nunca duerme a la tragedia del 11-S.
NYC es una ciudad llena de espiritu crítico y ácida ironía, muy alejada del patrioterismo y de la ñoñería a la que nos tiene acostumbrados la Fox. Por eso sorprende que un neoyorquino de pro como Oliver Stone, que se ha pasado la vida poniendo a escurrir el lado más carca de la sociedad americana, haya hecho un pastelón como World Trade Center.
Es simplemente infumable, una película llena de miedo a no ser políticamente correcto, que llega al sumum con un Jesucristo portando una botella de agua mineral como sacado de un viaje de ácido en “The Doors“. No tiene diálogos, no tiene tensión dramática, no explica lo que cuenta, no cuenta nada. Y ya es difícil con el material del que parte. La película está llena de arengas facilonas y hasta presenta a Bush como un líder mundial, no como el que leía paralizado un cuento infantil de cabras en la escuela Booker. No se salva ni el busto parlante de Nicolas Cage. Vosotros, que aún podéis, ahorraros los 6 euros con cincuenta.