Publicado por Tormento el 12 de Octubre de 2006

La cabra ChurriEn el cretácico superior quise ser militar. Ver a mi rudo padre llorando a moco tendido mientras desfilaba la cabra de la Legión el día del Pilar fue un impacto demasiado fuerte para una niña impresionable como yo. Como no pude entrar en el Tercio de Regulares (en aquella época prehistórica no admitían mujeres en el ejército ni como chusquero) elegí la otra opción, la de cabra loca, con gran disgusto de mi señor padre. A pesar de esta elección no perdí el porte marcial, el ademán impasible de una buena cabra de la Legión y, a mi manera, llevé una vida llena de disciplina castrense.

Me levanto hoy (tarde) y oigo el piripí piripí piripí de las marchas militares en la tele. Mientras me quito la legaña, me asalta un pensamiento aterrador para una cabra legionaria: ¿qué tendrá que ver la fiesta nacional de un país democrático y en paz con el ejército? ¿Por qué la única celebración es este documental del NO-DO ante el que mi padre lloraba mientras lo presidía exactamente en el mismo lugar que el rey el “Generalísimo Franco”?

En Francia, donde también hay desfile, hay otras bonitas tradiciones como visitar las casernas de bomberos de París en donde montan tremendas juergas alcoholicas -previo pago de entrada- en las que te colocan una escarapela en la pechera y un lingotazo en la mano.

En Estados Unidos hay picnics patrióticos y unos fuegos artificiales que, vistos desde lo alto de los rascacielos de Nueva York, te hacen llorar como con la maldita cabra. Tanto decir que los españoles somos de lo más salao y jueguista y tenemos una fiesta nacional de lo más sosa. Todo nuestro afán es enganchar un atasco tremebundo y salir huyendo ¿Será de la pobre cabra?

Filosofía.org | Día de la Fiesta Nacional


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