Archivos del 3 de Septiembre de 2006

Publicado por Tormento el 3 de Septiembre de 2006

Mister YangComo la tortuga centenaria recientemente fallecida (ésa que conoció a Darwin y a la reina Victoria de Inglaterra), Mister Yang te mira con ojos nublados y rotulador en ristre dispuesto a firmarte lo que le pongas por delante.

Mister Yang es la otra atracción turística de los Guerreros de Terracota de Xian, su descubridor. Cuenta la leyenda que te enchufan como cierta los guías turísticos, que Mister Yang como el Doctor Stockmann de la Ibseniania “Un enemigo del pueblo” hubo de enfrentarse a la superstición de sus conciudadanos que atribuían a los terracotas el carácter de fantasmas que no habían de ser molestados. Molestarles era signo de mal fario, sequía (habitual en esa zona, por otra parte) y desgracias variadas. Los siglos pasaron considerando esa tierra como un lugar maldito, hasta que el cacique del pueblo ordenó a unos cuantos (entre los que se encontraba Mister Yang) que hicieran un pozo en la tierra de los fantasmas. Todos huyeron menos nuestro Mister Yang, que los desenterró, los valoró y aguantó el tirón del desprecio de sus colegas de labranza, que le atribuyeron toda la mala suerte que cayó sobre de la zona desde entonces por haber molestado a los terracotas. Incluso el maestro del pueblo se negó a dar clase a los hijos de Mister Yang y tuvieron que huir a las montañas.

Hasta que llegó el príncipe-encantador que sacaría a Cenicienta-Yang de la pobreza y el mal de ojo. Él no es otro que Jacques Chirac. En su visita a las terracotas en los 70 pidió conocer a Mister Yang, al que tuvieron que ir a buscar al quinto pino. Las autoridades del Partido le dejaron claro a Mister Yang que sonriera, diera la mano y se abstuviera de contarle a Jacques sus desgracias ¿Cómo habría de poder el pobre si no hablaba francés?

Allí que fue Mister Yang a sonreir, a dar la mano y a no decir ni pío. Pero Jaques quiso que le firmara el libro conmemorativo de los terracotas y ¡ay! Mister Yang era analfabeto. ¡Qué bochorno! Así que el Partido le puso un profesor y le enseñó a firmar, añadiendo al pack de sonrisa, apretón de manos y mudez, el de la firma donde fuere menester. Y ahora que le ha cogido el tranquillo, las hace a ciclostil. Los turistas trajeron dinero a una tierra yerma, y Mister Yang pasó a ser un héroe local al que no dejan pagar en los bares. Por un módico precio uno se lleva su firma. Si vais a Xian allí le encontraréis, a la entrada de la sala de video, rodeadito de libros, con su cabeza de tortuga milenaria firma que te firmarás.

Y colorín, colorado…

 

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