FERNANDO GARCÍA MONGAY es periodista, escribe en Ciberpaís y Quo y dirige el Congreso Nacional de Periodismo Digital que se celebra en Huesca desde el año 2000.
Periodismo de lapicero
Internet, los ordenadores portátiles, las PDA, las cámaras fotográficas digitales, los teléfonos móviles y los teléfonos satélite son algunas de las herramientas que más han cambiado el trabajo de los periodistas en los últimos años. Hoy, un periodista con un equipo, que se puede comprar por alrededor de 3.000 euros y pesa menos de 3 kilogramos, puede enviar sus crónicas, fotografías y vídeos desde cualquier punto del planeta a su redacción en unos pocos minutos.
El maestro Kapuscinski, ha declarado sin ambages su aversión a móviles e Internet. El periodista polaco se queja de la falta de libertad de los corresponsales para trabajar con la llegada de Internet y los teléfonos móviles. “El desarrollo de las técnicas de comunicación –sobre todo la telefonía móvil y el correo electrónico- cambiaron radicalmente las relaciones entre los trabajadores de los medios y sus jefes. Antes el corresponsal de un diario, de una agencia de prensa o de una emisora disponía de una gran libertad y podía desarrollar su iniciativa personal: él buscaba la información, la seleccionaba y la elaboraba. Actualmente, y cada vez en mayor proporción, esos enviados se han convertido en simples peones, cuyos jefes mueven a través del mundo desde una central que puede estar en el otro extremo del planeta”, explica en el libro Los cinco sentidos del periodista.
La tecnología ha hecho que el planeta sea más pequeño. O, al menos, que todo parezca que está más cerca. Pero lo cierto es que aún hay límites que pueden pasar inadvertidos para quienes disfrutamos de las comodidades urbanas. Por ejemplo, para trabajar en el Polo Norte, el periodista del New York Times Andrew C. Revkin recomienda emplear warmers, unos calentadores de manos y pies cuyo efecto dura unas pocas horas, para evitar la congelación de baterías de cámaras de fotos y ordenadores. En la bolsa del periodista que trabaja en el Polo tampoco debe faltar la cinta aislante, que será de gran utilidad para arreglar los desperfectos eléctricos y, de paso, servirá para sujetar los warmers a la parte posterior de la cámara de fotos o al botón de encendido del portátil.
Decía Josep Pla que “el periodismo en el mundo siempre se ha hecho con lápiz”. Si se trata de trabajar bajo cero, la herramienta de escritura, que tanto valoraba Pla, sigue siendo muy útil. Revkin recomienda llevarlos al Polo Norte porque no hay que olvidar que si se practica el periodismo a 15 grados bajo cero, la tinta se congela y sólo funcionan los elementales lapiceros.




