A altas horas de la madrugada, dos jóvenes se dirigen en coche a la base militar donde está aparcado el “Air Force One“, el avión oficial del presidente de turno de los Estados Unidos. Al llegar allí, y tras esquivar múltiples controles campo a través y saltar enormes vallas de seguridad, logran esconderse junto al tren de aterrizaje del Boeing 747.
De la mochila saca un spray y en uno de los motores escriben algo así como “Still Free”. Ésa es la última imagen del vídeo.
El video sería la bomba si fuera cierto, pero es un “fake” (una falsedad) que además, les salió muy cara. Y no me refiero a represalias de las autoridades, sino a dinero contante y sonante.
La empresa que organizó este montaje alquiló en California un 747 de transporte de mercancías y pintó con los colores presidenciales sólo una de los dos lados del avión para grabar el video.
En palabras de Mark Ecko, autor de esta pantomima, “He querido hacer algo culturalmente significativo, crear un momento de verdadera cultura pop” (¿?)
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